miércoles, 12 de diciembre de 2012

MÚSICA



                                      REGGAETONEROS EN EL COLIMADOR.
                                                                           Jorge Olivera Castillo.
La vulgaridad en los textos musicales que ahora pretenden eliminar a golpe de decretos, no es un asunto que atañe solamente al mundo del pentagrama. El problema apunta a ser uno de los fenómenos sociológicos más complejos y extendidos entre la población cubana.
Para entender el problema en su contexto, es preciso detenerse en la paulatina degradación del lenguaje donde hoy son comunes las expresiones soeces y obscenas en esquinas, bares, cines, escuelas y hogares.
La decencia y el recato devienen en posturas excepcionales. Lo que impera en niños, jóvenes y adultos es el hablar a gritos con términos impronunciables.
A modo de síntesis se puede afirmar que estamos ante la estandarización del mal gusto y la chabacanería.
Al escuchar la ordinaria fraseología en muchas de las canciones, principalmente en el reggaetón, se perciben los reflejos de la descomposición social.
Los que bailan al compás de esos textos, hacen el coro y agitan sus cuerpos como poseídos por el mismísimo demonio, son de forma casi exclusiva, los cubanos nacidos en los años 80 y 90 del siglo pasado.
Esta empatía entre miles de jóvenes y las piezas musicales atestadas de ataques contra la mujer, insinuaciones sexuales explícitas y estímulos para el uso violencia física contra el prójimo, refleja la orfandad de patrones éticos y morales. Algo que ha echado raíces y que no será fácil erradicar, sean cuales sean las medidas a poner en práctica.
No se puede perder de vista que ya existe un mercado de notables proporciones. Tras la censura, vendrá el auge del mercado negro donde el trasiego de textos prohibidos, de antigua o reciente factura, será un hecho incuestionable.
Modelar el gusto, cuando la atrofia psicosocial ya llegó a sus puntos más altos, es perder el tiempo. Además, los elementos que reproducen la enajenación se mantienen incólumes: salarios de miseria, falta de empleo, crisis habitacional, sostenida inflación, obligatoriedad a participar en la economía subterránea como medio de supervivencia y necesidad de simular devoción por el sistema de partido único, por solo mencionar algunos.
Vivir en los márgenes de la sociedad, se ha convertido en un estatus de mayorías y eso tiene sus costos. El alcohol, las drogas y menearse a ritmo de reggaetón son parte de los paliativos contra la desesperanza y el tedio.
 El Instituto Cubano de la Música (ICM), ha anunciado que despojará del aval (licencia para ejercer la profesión) a los intérpretes de temas musicales vulgares y que también sancionará a quienes permitan su difusión pública.
No descarto la aparición de extremistas que extiendan los límites de las prohibiciones y dejen de transmitirse canciones sospechosas de no cumplir con los parámetros establecidos.
En un país marcado por la censura, no es raro que ocurran este tipo de cosas. Siempre habrá cobertura para que se vulneren los derechos individuales del ciudadano.
Al no existir protección ante los excesos del gobierno, cualquier compositor o intérprete puede caer en desgracia por componer una canción políticamente incorrecta.
Junto a la autocensura, de seguro que en menor escala que en épocas pretéritas de nuestra “dictadura del proletariado”, se desarrollará la astucia para burlar los controles, sobre todo por parte de la gente dispuesta a vender los reggaetones censurados, al mejor postor.



 
  
             
     

ALLAN GROSS


                                               MUERTE A PLAZOS.
                                                                    Jorge Olivera Castillo.
Las últimas fotografía de Allan Gross, me recuerdan a los internados en Auschwitz, el tristemente célebre campo de concentración que Hitler ordenó construir en Polonia, poco después de anexar este país al imperio alemán.
La instantánea que trae a mi memoria ese oscuro pasaje de la historia fue tomada este mismo año, en los predios del Hospital Finlay, donde el subcontratista norteamericano purga su condena de 15 años por traer equipos de comunicación para la pequeña comunidad judía asentada en Cuba.
Su deplorable imagen, no concuerda con los partes oficiales. Una simple observación echa por tierra las versiones edulcoradas sobre la salud del reo.
El contraste en lo que se afirma y la realidad que sobresale en las fotografías, refuerza la tesis sobre una intención de tintes macabros desde el mismo momento en que Gross fue detenido en La Habana, el 3 de diciembre de 2009.
No es un secreto que la causa de mayor relevancia que motivó el arresto y la fuerte sanción carcelaria, se basó en una calculada estrategia para presionar a la administración Obama en cuanto a la liberación de los 5 espías cubanos qu nguen sanciones en cárceles estadounidenses, desde 1998.
Los voceros del régimen cubano no se esconden en plantear el intercambio de prisioneros como única salida a un tema que ha congelado las posibilidades de avanzar en una recomposición de las relaciones entre ambos países, tal y como lo ha planteado el inquilino de la Casa Blanca.
La reticencia a aceptar la propuesta, explica los sucesivos aplazamientos para un desenlace del problema.
Razones sobran para entender la postura norteamericana. Allan Gross no es un espía. Las cuatro o cinco veces que entró a la Isla lo hizo sin nombres falsos, ni instrumentos para obtener información sensible, algo que difiere de las evidencias presentadas en el juicio a los cinco agentes de la Inteligencia cubana.
Respecto a la grotesca trama, no parece haber una solución a corto plazo salvo que la salud de Gross se quebrante más de lo que se supone esté y haya peligro de muerte.
La apuesta de sus captores es conservarlo tras las rejas el mayor tiempo posible con el fin de agotar la resistencia de Obama a acceder al canje.
Su imagen indica lo peor, si permanece dentro del cerco tendido por el destino. Es inútil exagerar ante su huesuda apariencia, el rostro marcado por el agotamiento y una mirada que permite el acceso a un alma asediada por las sombras de la incertidumbre.
Prefiero equiparar a Allan Gross con Viktor Frankl, el psiquiatra austriaco que sobrevivió a los tormentos padecidos en Auschwitz, y no con alguno de los más de dos millones de seres humanos que perdieron la vida en aquel infierno terrenal.
Salvando las distancias entre Adolfo Hitler y Raúl Castro, entre el famoso campo de concentración nazi y la celda donde sobrevive un hombre de 63 años que aparenta 80, es preciso no olvidar que la probabilidad de morir en una cárcel cubana, de sufrimiento, enfermedad mal atendida o por secuelas de una paliza, son altas.
Esperemos que se desate el nudo gordiano. De prolongarse esa posibilidad, el rehén estadounidense puede que no regrese vivo a su hogar.
De veras no sé cómo logra sostenerse en pie después de haber perdido tanto peso corporal.
Es hora de que retorne a su país. La tardanza puede ser fatal.

   


      

 

SOCIEDAD


MENOS CUBANOS, ¿MÁS VIVIENDAS?
                                                                           Jorge Olivera Castillo.
Es obvio que los cubanos residentes dentro de la Isla sean menos en comparación a las cifras de hace una década, de acuerdo a las conclusiones del Censo de Población y Viviendas, realizado en el segundo semestre del año en curso.
Si bien los informes oficiales revelan que las causas del decrecimiento se basan, única y exclusivamente, en los deprimidos índices de natalidad; es preciso subrayar el fenómeno de la emigración como otro factor a tener en cuenta para aproximarse a un conocimiento más objetivo del problema.
Según el director nacional del Censo, en declaraciones al periódico Granma, fue 1977 el último año en que las mujeres cubanas dieron a luz dos hijos como promedio.
El panorama interno es favorable a que se mantengan estos patrones. Es muy difícil que las parejas se decidan a procrear ante los desafíos de la inseguridad laboral, los bajos salarios y las dificultades para adquirir o rentar una vivienda, entre otros asuntos no menos engorrosos y enraizados en el tejido social.
La omisión de las estadísticas en torno a las personas que han abandonado el país definitivamente, desde 1959 hasta la fecha, refleja la tendencia a encubrir un problema con serias repercusiones socioeconómicas y culturales.
Más de 2 millones de nacionales se han asentado en otras latitudes desde la instauración del socialismo real en Cuba, realidad que invita a mirar el futuro con cierto pesimismo.
¿Qué nos depara, a mediano y largo plazo, la delicada combinación de la baja natalidad,  el envejecimiento, las salidas definitivas y los números rojos de la improductividad y la ineficiencia?
Si continúan postergándose las reformas de gran calado, donde no podrían faltar las de carácter político, es indiscutible la permanencia y profundización de las anomalías aquí descritas
La inamovilidad o en su defecto, la implementación de un programa de transformaciones, solo dirigidas a algunos sectores de la economía, y caracterizadas por el exceso de normativas junto a otros entorpecimientos no menos absurdos, solo sirven para postergar el inicio de las soluciones a la profunda crisis estructural.
Con un retraso de más de 20 años, la apertura integral y sostenida, es hoy una necesidad inaplazable.
Esa moratoria tiene sus costos. No hay que ser un experto para cerciorarse que la deuda a pagar por la irresponsabilidad de la dirigencia durante tanto tiempo, es impagable.
El desastre demográfico es solo un elemento a observar en el camino a la involución.
Como dato curioso, en relación al Censo, se especifica el aumento de casi 400 000 viviendas respecto al año 2002.
 Primeramente, sería interesante conocer el estado de esos inmuebles. Es posible que muchos tugurios, sin las mínimas condiciones de habitabilidad, hayan sido contabilizados en los informes.
Con los sistemáticos incumplimientos en el sector de la construcción y los derrumbes parciales y totales que ocurren cada semana, sobre todo en la capital, es difícil creer en esas mejoras.
Cuba, bajo el mandato del partido comunista es un ejemplo a no imitar. La aureola de virtud que suelen exhibir los mandamases criollos es parte de la utilería con que han engañado a medio mundo.
Los frutos de su torpeza y sus caprichos son cada vez más visibles.

                                                 

política, Raúl Castro.


                                                      
                                         LAS PRIORIDADES DE RAÚL CASTRO.
                                                                        Jorge Olivera Castillo.
Con más de 400 detenciones por motivos políticos, ocurridas en el pasado mes de noviembre, el régimen reafirma su perfil represivo.
Las señales que podrían indicar un cambio en las perspectivas, respecto a la forma de abordar el tema de los derechos fundamentales de los ciudadanos, siguen ausentes de un contexto cada más crispado y abierto a acciones de máxima brutalidad por parte de agentes y colaboradores de la policía política, sin que exista los recursos legales para tramitar una demanda con posibilidades de que prospere.
 En Cuba, el Ministerio del Interior cuenta por prerrogativas extra constitucionales, algo que garantiza la impunidad en la consumación de golpizas, detenciones arbitrarias, actos de repudio y condenas a prisión, estas últimas como es de esperar, sin las correspondientes garantías procesales.
Ser atacado, verbal o físicamente, por personas afines al partido comunista es una probabilidad que crece en la medida que aumenta la discreción o las órdenes explícitas para acometer estos actos, siempre mostrados como gestos espontáneos del pueblo frentes a las actitudes “contrarrevolucionarias”.
Alarma saber la exposición a recibir algún tipo de represalias, al amparo de la noche o por medio de un presunto accidente, mientras se camina por la vía pública.
Ningún agravio se puede descartar en un escenario donde impera la ley del más fuerte, en este caso, el Estado y el gobierno, representados por el partido único.
La vieja mentalidad prevalece, por encima de la necesidad histórica de desbloquear el sistema que ha enraizado el parasitismo social, la intolerancia, el voluntarismo, la improductividad y las corruptelas,  a un nivel tal que su reducción tardaría varias décadas.
Raúl Castro no será el abanderado de una reforma que ponga a un lado las obsoletas directrices del socialismo real.
Se puede asegurar que es, y seguirá siendo, el fiel guardián de una ideología que se extinguirá en la medida que la vejez impida el ejercicio de las funciones intelectuales del núcleo principal de la nomenclatura o la muerte imponga su inapelable veredicto.
En su fase final, el régimen intenta mostrar cierta cordura en el ámbito económico, posiciones a menudo sobreestimadas y carentes de muchos requisitos para pronósticos favorables.
Los espacios cedidos para el ejercicio de empleos no estatales, la mediatizada reforma migratoria y las ponderadas permisividades en el entorno cultural, responden a una estrategia de sobrevivencia de las élites y no a una nueva visión fuera de los cánones políticos vigentes desde la década del 60 del siglo XX.






Si por un lado los indicadores productivos se mantienen deprimidos, realidad que pone en entredicho la veracidad de los discursos oficiales en lo tocante a un paulatino despertar de la industria y el comercio nacionales, por otro se destacan las estadísticas de personas que ha sido objeto de la ira gubernamental por no callar sus discrepancias.
Según la ilegal Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN), el número de cubanos procesados y detenidos temporalmente supera los 5000 en lo que va de 2012. El año anterior hubo 4 123 personas en la lista.
Si a esto sumamos las agresiones físicas o verbales que semanalmente ocurren a lo largo y ancho de la geografía insular, es poco lo que hay que agregar para cerciorarse de que los principales fundamentos de la dictadura se conservan intactos.

              
  
  



  




martes, 9 de octubre de 2012

POLITICA


                                             DESENLACE  BIOLÓGICO.
                                                                           Jorge Olivera Castillo.
La experiencia invita a no confiar en las voces, ahora de Mitt Romney y Paul Ryan, respecto al compromiso de usar todas las herramientas políticas y económicas para que a Cuba llegue la democracia.
Los candidatos republicanos a la presidencia y vicepresidencia respectivamente, refuerzan su discurso contra la dictadura cubana, en aras de satisfacer a un sector de cubanoamericanos que parece conformarse con frases determinantes y promesas que casi siempre terminan en opacos destellos al cotejar los resultados con lo planteado inicialmente.
Volver a restringir los contactos familiares y el envío de  remesas, a la manera que lo hizo el presidente George W. Bush, no aportaría mucho a la causa de la libertad. La nomenclatura y sus huestes siempre contarán con los recursos necesarios para llevar adelante sus planes represivos. Por otro lado, las posibilidades de que ocurra un levantamiento popular a causa de las penurias y el cúmulo de insatisfacciones, siguen siendo dudosas.
Pese a que el régimen no cuente con un verdadero apoyo entre la población, sí puede disponer de un altísimo nivel de apatía, doble moral y mucho miedo, realidades que le proporcionan la cobertura necesaria para conseguir sus propósitos.
En los 8 años de la administración Bush (2000-2008), no hubo novedades, al menos que trascendieran los límites de las regulares acusaciones, demandas de apertura democrática y algunas medidas tangenciales, como las anteriormente mencionadas, que definitivamente reforzaron el papel de plaza sitiada que tanto necesitan los “gorilas” de La Habana.
En estos forcejeos verbales, el régimen de partido único, pudo sacar cierta ventaja en el plano diplomático y político. Al amplificarse la agresividad, más teórica que real, esto se tradujo en renovadas simpatías y silencios cómplices, de buena parte de la comunidad internacional.
Un ejemplo de la escasa funcionalidad de parte de las políticas puestas en práctica por los círculos de poder estadounidense frente al castrismo, son las votaciones casi unánimes contra un embargo que ha quedado como una pieza simbólica en el diferendo bilateral.
Si bien a estas alturas es imposible levantarlo de manera incondicional sin obtener nada de la otra parte, es pertinente no olvidar que su eficacia dista de ser satisfactoria.
Es algo, que hasta el momento, les conviene a los mandamases criollos.
Para que esa estrategia surtiese algún efecto de envergadura, tendrían que producirse otros eventos políticos, tanto internos como a nivel regional y mundial, que condujeran a un real aislamiento, tal y como sucedió con el apartheid en Sudáfrica.
Ese paquete de circunstancias puede que nunca lleguen a confluir. Son demasiados los detalles y las precisiones, algo que la historia no garantiza.
China, Rusia, Brasil y Venezuela son cuatro puntales, en mayor o menor medida, que contribuyen al sostenimiento de la dictadura insular.
Esto, desde el punto de vista geopolítico, indica que no habrá variaciones sustanciales en los próximos años.
En cuanto a la capacidad de influencia de los actores internacionales que buscan la reinserción de Cuba en la familia democrática mundial, hay que decir que es muy limitada.
Entre las mayores cuotas de atención dedicadas a otros asuntos internacionales, mucho más complicados que la problemática cubana, y la relativización de una actividad represiva donde no hay números impactantes de bajas mortales ni procedimientos de brutalidad masivos que logren conmover a la opinión pública internacional, el régimen va ganando tiempo.
Observando en perspectiva la postura de Estados Unidos frente a lo que ocurre en Cuba, es preciso señalar, al margen de los desaciertos, la importancia de una posición de principios que apuesta por el apoyo irrestricto a los opositores e integrantes de la sociedad civil alternativa.
Si no existiese este soporte moral y humanitario, peor hubiese sido el destino de quienes persisten en abogar, dentro de las fronteras nacionales, por un Estado de Derecho a un elevado costo físico y psicológico.
Pienso que ni republicanos ni demócratas están en disposición de cambiar sustancialmente sus respectivas agendas en lo tocante a Cuba. Salvo algunos matices, las cosas continuarán más o menos igual.
Particularmente creo, y perdonen los lectores mi pesimismo, que el desenlace no llegará mientras el liderazgo que inauguró este engendro, hace ya más de medio siglo, tenga la suficiente vitalidad para defender su disparatada filosofía.
La biología es su enemigo mortal, no un embargo con más poros que un queso Roquefort.
 



  
 
               

  
     

                                                             

miércoles, 26 de septiembre de 2012

CORRUPCIÓN



                                         SOCIALISMO Y CORRUPCIÓN.
                                                                            Jorge Olivera Castillo.
El presidente chino Hu Jintao volvió a dar la voz de alarma en las celebraciones del 90 aniversario del Partido Comunista de China (PCCH), sobre el avance de la corrupción a todos los niveles de la sociedad y el gobierno.
Eso fue hace un año, pero el problema no se detiene. Ahora, próximos a inaugurar el XVIII Congreso de la entidad partidista, el asunto vuelve a la palestra como algo imposible de atenuar con las medidas impuestas, incluida la pena de muerte para los altos funcionarios que incurran en delitos de esta naturaleza.
Llama la atención que el relajamiento de la disciplina partidista es un hecho fuera de cualquier duda.
Una vez más queda demostrado que las unánimes poses de fidelidad ideológica tan propias del unipartidismo, son construcciones ficticias que ceden el paso a realidades que nada tienen que ver con la ética y el decoro.
En Cuba proliferan hechos de similar factura. Las corruptelas se extienden  desde los estratos más pobres de la sociedad hasta los más encumbrados. En esta ola de daños no solamente económicos, sino también sociológicos, también se cuentan funcionarios de alto rango tanto del partido como del gobierno.
Dentro de este cóctel de transgresiones, habría que añadir a una parte sustancial de la oficialidad castrense.
A medida que el socialismo le abre las puertas al capital con la intención de salir del estancamiento, se desarticula el andamiaje retórico sobre el cual se asienta un modelo improductivo y basado en leyes comprobadamente utópicas.
Este es uno de los motivos para entender la alargada pausa del presidente cubano Raúl Castro a las medidas aperturistas que no creo lleguen a alcanzar la dimensión que la nomenclatura china ha permitido desde que comenzaron las transformaciones económicas en las postrimerías de la década del 70 del siglo pasado.
Las tentaciones de enriquecerse a toda costa, sin importar los procedimientos, cobran una dinámica que termina evaporando las reservas de honradez. Este último término es hoy en Cuba una especie de reliquia cada vez más omitida de un contexto en el que predomina la ilegalidad como herramienta para el lucro o la supervivencia.
El cohecho, el tráfico de influencias, los desvíos de recursos del estado y el descontrol administrativo son fenómenos que abarcan todo el territorio nacional y que se practican a diario.






Al igual que en China, los castigos utilizados para ponerle coto a la situación no son suficientes. Los casos continúan reproduciéndose sin que se vislumbren soluciones.
Si le es tan complicado al gobierno de la Isla atenuar el número de incidencias relacionadas con estos delitos, es obvio que lo pensarán más de una vez para ampliar la cobertura de las reformas económicas.
Un reajuste de las leyes de inversión extranjera con el propósito de viabilizar la entrada al país de empresas de varios países, es impensable por el momento.
Los pasos en este sentido serán discretos. El temor a que se prolonguen los tentáculos de la corrupción, impedirá progresos de envergadura.
Es casi seguro que la irrupción de grandes cantidades de capital pondría en aprietos a los jerarcas del partido y el gobierno.
Todo el aparato político-ideológico quedaría expuesto a un mayor desprestigio. Los comunistas convencidos o los que aparentan serlo, son piezas fáciles ante las seducciones de los dineros del enemigo, tal y como lo califican en Cuba.
China es un ejemplo de lo difícil que resulta acabar con algo que puede fácilmente convertirse en una plaga.
La élite verdeolivo sabe que ni fusilando podría detener un curso de acción que tiene su propia dinámica y la suficiente capacidad de adaptarse a las circunstancias sin perder su eficacia.
¿Se acabará la moratoria en cuanto a la pena de muerte frente a los imparables índices de corrupción? Nunca se sabe.
Lo cierto es que las medidas punitivas que se practican hoy  no incluyen a todos los corruptos.
Hay un sector intocable que desde hace tiempo vive a expensas de acciones de dudosa moralidad.  ¿El origen de sus fortunas?
Ese tipo de preguntas no llegan a los oídos de una nomenclatura demasiado ocupada en contar las nuevas mesadas que llegan a sus manos, casi siempre sin el debido respaldo legal y por supuesto sin darle un centavo al fisco.
oliverajorge75@yahoo.com              
  



    

ESTAFAS.


                                          LADRONES SIN ROSTRO.
                                                                   Jorge Olivera Castillo.
Hay nuevos estafadores en Cuba. Lo corrobora el testimonio de Mónica Quintero Lao que todavía no se explica el modus operandi a través del cual fue despojada de sus 6 pesos convertibles (alrededor de 8 dólares). Suma que representa los honorarios a recibir en 8 de los 24 días de trabajo. El promedio salarial en la Isla se estima en unos 18 pesos convertibles al mes. Menos de un 1 dólar diario.  
El autor de la fechoría es inmune al castigo. Opera con total arbitrariedad. Es muy posible que la denunciante no sea la única que haya sufrido daños a su economía de parte de quien se apodera de los dineros ajenos con total impunidad.
Al menos no hay detalles de alguna medida para detener lo que podría ser solo un eslabón de una larga cadena de delitos.
Las gestiones realizadas en busca de compensación han resultado inútiles. Pese a la falta de respuestas Mónica insiste en recuperar lo que, por derecho propio, le pertenece.
De acuerdo a lo que relata en la edición del semanario Trabajadores, del día 10 de septiembre, el culpable es nada y nada menos que el cajero automático situado en los bajos del Banco de Crédito y Comercio (BANDEC), ubicado en la ciudad de Moa en la provincia de Holguín, a unos 700 kilómetros al este de la capital.
La estafa se consumó el pasado 23 de Junio en horas del mediodía. Tras cumplir con todos los procedimientos para extraer el efectivo del artefacto, nada salió de la rendija, no obstante las indicaciones de que podía obtener el dinero sin problemas.
La consulta de saldo mostró la rebaja en la cuenta y sin embargo Mónica se fue con las manos vacías. Lo más dramático de este caso, que debe tener un buen número de réplicas en diversas partes del territorio nacional, es que la atribulada ha caído en el llamado “peloteo”. Primeramente, al solicitar dirigirse a las oficinas bancarias, el custodio le comunicó que no había funcionarios para atenderla.
Después de esto, sobrevino lo de siempre. La terrible combinación de ineptitudes e indiferencia de una burocracia que se place en darle vueltas al asunto sin ánimos de encontrar soluciones.
Según la afectada, ni las visitas, ni las llamadas telefónicas a la institución han servido para encontrar respuestas a lo que sirve para poner en perspectiva la incompetencia del sistema en enmendar cuestiones a resolverse en pocos minutos.
A más de dos meses de ocurrido, el caso sigue abierto a decenas de interrogantes y cuestionamientos sobre un hecho que quizás no sea casual.
Las artimañas usadas para saquear al prójimo, son en Cuba un asunto donde participan millones de ciudadanos.
Es el modus vivendi que se ha consolidado justamente en el centro y la periferia de un socialismo que hace tiempo huele a podrido.
En pocas palabras, es como el grito del marino que anuncia a voz en cuello en medio de la tormenta, ¡Sálvese quien pueda!, o bien  la tácita aceptación de la máxima de que el fin justifica los medios.
Robarse unos a otros es parte de una cultura impuesta por las circunstancias. Algo que vino con el socialismo para quedarse y esparcirse como la hierba en un bosque tropical. En esa espera por tiempos mejores continuamos a merced de este intercambio de trampas. ¿Recuperará Mónica sus 6 pesos convertibles? 
Depende de la voluntad y de su resistencia en el enfrentamiento con una burocracia tenaz y sádica.
No es fácil lidiar con tanta mediocridad, negligencias y fullerías.

  
   




  

      

 


                                           LA VIDA DE NOSOTROS.
                                                                     Jorge Olivera Castillo.
Por estos días he evocado, más de una vez, el nombre del guionista y director cinematográfico alemán, Florian Henckel von Donnersmarck.
Una desafortunada concurrencia de causas me han arrojado a los interiores de un mundo que él supo recrear en el celuloide con una mezcla de talento y buen tino a la hora de elegir el tema, los actores y sobre todo hilvanar un discurso dramatúrgico que cala en lo más profundo de los sentimientos.
Fue en el 2006 que este notable representante del Séptimo Arte, nacido en la ciudad de Colonia en 1973, le regaló al mundo el inolvidable filme, La vida de los otros.
Quizás su obra más conocida y que se alza como referente de inestimable valor para conocer parte de las arbitrariedades y bajezas cometidas por los servicios de la Contrainteligencia en la desaparecida República Democrática Alemana (RDA) con el fin de quebrar la voluntad de los disidentes reales o potenciales.
Basta consumir los 144 minutos de fotogramas, para convencerse de la capacidad destructiva de esos regímenes en que el corpus ideológico de un partido se convierte en dogma a obedecer sin cuestionamientos. Ni hablar de la impunidad y la corrupción moral dentro de un organismo que se erige en el poder real, capaz de llevar a cabo cualquier acción con tal de evitar el crecimiento de las acciones contestatarias.  
A cada infracción le corresponde una variedad de castigos que incluyen la muerte, si es que así lo determinan los “dioses” que han salido de las entrañas del marxismo-leninismo para prevalecer en la historia y en el tiempo.
Para los alemanes es un recuerdo amargo aquella existencia plagada de suspicacias y desvelos ante la posibilidad de ser huésped de un calabozo, por semanas o meses, a la espera de ser condenado por supuestos delitos contra la seguridad del estado.
Gracias a los imperativos del destino, las generaciones post Muro de Berlín entraron a esos infiernos a través de las anécdotas que rompen los límites entre la realidad y la ficción, tal y como lo hizo este cineasta, que será recordado por recrear, desde el arte y sin panfleto, una suma de hechos que exponen con lujo de detalles algunas de las zonas más abominables de la conducta humana, cuando desaparecen los blindajes cívicos, el pluralismo político y libertad económica.  
Sobre el tema aquí tratado debo hablar en primera persona.
Aparte de las afinidades en el proceder de los verdugos germanos, excelentemente representados en el filme, y quienes los imitan  dentro de la Isla, es preciso exponer ante la opinión pública el recrudecimiento de esos métodos en Cuba que transgreden de manera sistemática y flagrante la integridad física y espiritual del miles de personas.
No sé porqué la policía política ha decidido estrechar el chequeo contra quien suscribe estas líneas y mi colega Víctor Domínguez, también escritor y periodista independiente.
Desde hace aproximadamente 15 días, varios agentes vienen acosando a algunos de mis familiares, visitándolos en sus casas e indagando sobre detalles de mi vida, aparte de hacerles alusiones humillantes con el objetivo de manchar mi reputación.
Tales medidas se extienden a amistades cercanas, así como al personal que labora en entidades de la gastronomía estatal que regularmente visitamos Víctor y yo, donde conversamos sobre futuros planes relacionados con las actividades del Club de Escritores que ambos dirigimos e intercambiamos sobre temas literarios, sin dejar fuera otros asuntos de interés común.
¿Se atreverán a envenenarnos con alguna sustancia tóxica mezclada con los alimentos que consumimos en estos locales?, ¿Cuántas fotografías nos habrán tomado para editar uno de esos bodrios audiovisuales que transmiten por la televisión que buscan anular el prestigio de las personas que se oponen o critican el sistema?
¿Nos echarán de esos sitios por ser, según el argot establecido, connotados contrarrevolucionarios?
Ningún desenlace de esta ofensiva persecutoria debe ser descartado. Los escrúpulos no son parámetros a tener en cuenta por personas que no escatiman recursos ni metodologías para eliminar o marginar a sus adversarios.
El trabajo sucio está en proceso. El mundo se enterará de los pormenores de otro de los productos que salen de los talleres del odio. La más eficiente de las instituciones del post- totalitarismo cubano.
Parafraseando el titulo de la genial película de Florian Henckel von Donnersmarck, continúan en peligro La vida de nosotros.
La de los miles de cubanos que abogamos por una Cuba diferente, sin partido único y con derechos plenos para todos.

jueves, 13 de septiembre de 2012

SALUD PÚBLICA

PEOR EL REMEDIO QUE LA ENFERMEDAD
                                                                Jorge Olivera Castillo.

Miles de cucarachas salen de noche a buscar el sustento. Todas son diminutas y de movimientos rápidos. Trepan por las paredes, se introducen por cuanto orificio encuentran. La oscuridad les sirve de camuflaje en su guerra por la supervivencia y  jamás regresan a sus madrigueras sin ningún botín.
En la zona hay abundantes fuentes de provisiones. Quizás por eso hayan decidido morar en ese local y multiplicarse de manera extraordinaria.
En el fondo se escucha el sonido de un débil chorro de agua que cae desde una tubería dentro del tanque de un inodoro. Es el único sitio que existe para acopiar el líquido. Aclaro que debe ser con una manguera que enlace los boquetes del tubo emisor con la entrada de los pomos o mediante maniobras más complicadas. Estos últimos deben ser preferiblemente pequeños debido a que la rotura del conducto del desagüe  queda dentro del artefacto sanitario. Con 15 centímetros de ancho y menos de 40 de largo el margen de maniobra para obtener agua se reduce al mínimo.
Como alternativa existe un grifo fuera de los límites del local, donde hay que dirigirse para llenar los cubos para bañarse en uno de los tres compartimientos que hace varios meses atrás cumplían con todos los parámetros de este tipo de instalaciones.
Lo único que merece destacar es la pintura fresca del techo y las paredes que contrasta con las persianas desvencijadas y el resto de un mobiliario que parece sacado de un vertedero.
El piso se limpia ocasionalmente. La mugre es su compañía más duradera. Los olores que se entrecruzan dentro del perímetro son como puñetazos de Mike Tyson.
En la quietud de la madrugada adquieren una dimensión mayor, lo que conduce al insomnio y a salir a tomar el aire fresco en el largo balcón desde el cual mirar las estrellas y la luna, y si es posible, entablar una conversación con otra víctima.
¿Cuándo se solucionará el problema del agua?, ¿Porqué tantas cucarachas?, las respuestas ofrecen un final abierto a mil especulaciones y ninguna cerca de un razonamiento plausible.
Entre averías del sistema hidráulico que no se resuelven y la plaga de cucarachas de la especie Blattella Germanica, transcurre el tiempo en la sala de Neurocirugía del Hospital Calixto García, ubicado en las inmediaciones de la Universidad de La Habana.
La fuente de estas particularidades del sistema de salud cubano, salvo muy  pocas excepciones, transcurren sin que haya espacio para pensar en mejoras que hagan más llevadera y segura la estancia hospitalaria tanto de pacientes como de sus acompañantes.
Entre tufos malsanos, quejidos de recién operados, insectos y temperaturas ambientales por encima de los 33 grados centígrados, las noches son comparables a una estancia en el infierno.
Lo asegura alguien que ha tenido que estar allí al lado del enfermo en permanente vigilia y observando el recorrido de las cucarachas para espantarlas a tiempo.
Con los despuntes del alba llega cierto alivio. Por supuesto que relativo. Las mejorías allí son tan ilusorias como tocar el cielo. Pura ficción, al menos bajo el patrocinio del socialismo real.
   
  


   
 

         
 

jueves, 6 de septiembre de 2012

TURISMO



                                           DOS MILLONES, ¿Y QUÉ?
                                                                                 Jorge Olivera Castillo.
No aparecen los remedios para aliviar, y mucho menos curar, las múltiples enfermedades que padece el socialismo de estirpe estalinista, que languidece en Cuba lenta e inexorablemente, a sus casi 54 años de existencia.
Los logros que se anuncian cada semana con el objetivo de desvirtuar el curso de la decadencia guardan mayor parecido a los fuegos artificiales que a algún otro efecto donde se perciban otros fulgores ajenos a las efímeras estéticas de la pirotecnia.
El fondo de las gavetas y los sitios más recónditos de la memoria siguen siendo los nichos donde se pudren los razonamientos más sensatos para rescatar al país de los tentáculos de la mediocridad y los nudos gordianos del estancamiento.
Las perspectivas obligan a inclinar la balanza a favor del pesimismo. La clase política que detenta el poder real se resiste a abandonar sus tesis, comprobadamente ineficaces, para dejar atrás los fantasmas del fracaso, una tropa que mortifica sin descanso a un sistema que simuló ser la réplica del paraíso en la tierra.
En sus postrimerías, y a efectos de una contabilidad sin manipulaciones, el balance es favorable a la trompetilla como homenaje, o la desilusión en la mejor definición del término, como posturas ante la omnipresencia de la las ruinas materiales y morales desperdigadas por toda Isla.
Ahora se presenta una nueva oportunidad para hacer creer que se avanza a buen paso por los caminos de unos éxitos tan cuestionables como las monsergas de las nigrománticas que en las inmediaciones del Capitolio Nacional cazan decenas de incautos semana tras semana. 
¿De qué sirve enterarse que el pasado 27 de agosto se alcanzó la cifra de 2 millones de turistas que visitaron a Cuba en lo que va del 2012 y que esta actividad aporta cada año a la economía nacional ingresos superiores a los 2 500 millones dólares?
Esos dineros chocan con la atrofia institucional y terminan difuminándose en corruptelas y planes absurdos que perpetúan una visión distorsionada de las urgentes necesidades para detener lo que puede culminar en una catástrofe de proporciones que  superen los estimados más modestos.
No es la primera vez que insisto en la pertinencia de desprenderse de conceptos estereotipados que han demostrado su nulidad al amparar soluciones especulativas, parciales, o que en el mejor de los casos tras un breve tiempo de efectividad, culminan bajo el peso mastodóntico de un estado que rehúsa compartir su hegemonía.    
Esas multimillonarias sumas provenientes del turismo, que en este caso ocupan el segundo lugar, tras la venta de servicios profesionales al exterior (6 000 millones anuales), pasarán inadvertidas entre una población condenada a enfrentar la imparable decadencia de los servicios, la inflación, el desabastecimiento, los bajos salarios y toda una gama de factores que compulsan a la alienación en sus diversas variables.
Sobre el tablero de las reformas, que se implementan o se discuten, tienen que estar importantes temas políticos y sociales, y valga decirlo sin condescendencias, que no desde un punto de vista marginal.
Aparte de profundizar en los cambios económicos, es pertinente la legitimación de los derechos ciudadanos ante un gobierno que no da tregua en sus políticas de acoso, prohibiciones y encarcelamientos por razones no tan solo de naturaleza política.
Sin aumentar los niveles de inversión extranjera, modernizar los mecanismos de distribución, descentralizar una serie de actividades que pertenecen al ámbito de las libertades individuales (viajar al exterior sin la venia de los funcionarios de inmigración, criticar al gobierno, fundar una agrupación al margen de instituciones oficiales, entre otras), serán ilusorias las oportunidades de interrumpir la sucesión de fiascos, con la excepción  de los mecanismos represivos que conservan su eficacia, gracias a las generosas asignaciones financieras recibidas cada año.
Que se eleve el número de visitantes foráneos no quiere decir que el nivel de vida de los cubanos tendrá un ascenso notable a partir de las recaudaciones por este concepto.
Ni triplicándose hay garantías de que esto suceda. Mientras tanto, la burocracia y la élite de poder añaden dígitos a sus fortunas.
La corrupción marcha viento en popa y a toda vela sin que aún alcance niveles que amenacen con derrumbar la arquitectura ideológica del partido-gobierno.
Para que la situación no se salga de control, de vez en vez, se procede a puntuales medidas ejemplarizantes contra funcionarios de nivel bajo y medio.
La cúpula y sus más cercanos colaboradores siguen en pleno disfrute de lo mejor del capitalismo dentro de un sistema no apto para calificativos decentes.
Esos dineros que se evaporan del tesoro nacional ya tiene sus destinos predeterminados. No solamente se puede pensar en las cajas fuertes. Hay otros sitios más seguros alrededor de este mundo tan complejo.