LADRONES SIN ROSTRO.
Jorge Olivera Castillo.
Hay
nuevos estafadores en Cuba. Lo corrobora el testimonio de Mónica Quintero Lao
que todavía no se explica el modus operandi a través del cual fue despojada de
sus 6 pesos convertibles (alrededor de 8 dólares). Suma que representa los
honorarios a recibir en 8 de los 24 días de trabajo. El promedio salarial en la
Isla se estima en unos 18 pesos convertibles al mes. Menos de un 1 dólar
diario.
El
autor de la fechoría es inmune al castigo. Opera con total arbitrariedad. Es
muy posible que la denunciante no sea la única que haya sufrido daños a su
economía de parte de quien se apodera de los dineros ajenos con total
impunidad.
Al
menos no hay detalles de alguna medida para detener lo que podría ser solo un
eslabón de una larga cadena de delitos.
Las
gestiones realizadas en busca de compensación han resultado inútiles. Pese a la
falta de respuestas Mónica insiste en recuperar lo que, por derecho propio, le
pertenece.
De
acuerdo a lo que relata en la edición del semanario Trabajadores, del día 10 de
septiembre, el culpable es nada y nada menos que el cajero automático situado
en los bajos del Banco de Crédito y Comercio (BANDEC), ubicado en la ciudad de
Moa en la provincia de Holguín, a unos 700 kilómetros al este de la capital.
La
estafa se consumó el pasado 23 de Junio en horas del mediodía. Tras cumplir con
todos los procedimientos para extraer el efectivo del artefacto, nada salió de
la rendija, no obstante las indicaciones de que podía obtener el dinero sin
problemas.
La
consulta de saldo mostró la rebaja en la cuenta y sin embargo Mónica se fue con
las manos vacías. Lo más dramático de este caso, que debe tener un buen número
de réplicas en diversas partes del territorio nacional, es que la atribulada ha
caído en el llamado “peloteo”. Primeramente, al solicitar dirigirse a las
oficinas bancarias, el custodio le comunicó que no había funcionarios para
atenderla.
Después
de esto, sobrevino lo de siempre. La terrible combinación de ineptitudes e
indiferencia de una burocracia que se place en darle vueltas al asunto sin
ánimos de encontrar soluciones.
Según
la afectada, ni las visitas, ni las llamadas telefónicas a la institución han
servido para encontrar respuestas a lo que sirve para poner en perspectiva la
incompetencia del sistema en enmendar cuestiones a resolverse en pocos minutos.
A
más de dos meses de ocurrido, el caso sigue abierto a decenas de interrogantes
y cuestionamientos sobre un hecho que quizás no sea casual.
Las
artimañas usadas para saquear al prójimo, son en Cuba un asunto donde
participan millones de ciudadanos.
Es
el modus vivendi que se ha consolidado justamente en el centro y la periferia
de un socialismo que hace tiempo huele a podrido.
En
pocas palabras, es como el grito del marino que anuncia a voz en cuello en
medio de la tormenta, ¡Sálvese quien pueda!, o bien la tácita aceptación de la máxima de que el
fin justifica los medios.
Robarse
unos a otros es parte de una cultura impuesta por las circunstancias. Algo que
vino con el socialismo para quedarse y esparcirse como la hierba en un bosque
tropical. En esa espera por tiempos mejores continuamos a merced de este intercambio
de trampas. ¿Recuperará Mónica sus 6 pesos convertibles?
Depende
de la voluntad y de su resistencia en el enfrentamiento con una burocracia
tenaz y sádica.
No
es fácil lidiar con tanta mediocridad, negligencias y fullerías.
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