miércoles, 26 de septiembre de 2012

ESTAFAS.


                                          LADRONES SIN ROSTRO.
                                                                   Jorge Olivera Castillo.
Hay nuevos estafadores en Cuba. Lo corrobora el testimonio de Mónica Quintero Lao que todavía no se explica el modus operandi a través del cual fue despojada de sus 6 pesos convertibles (alrededor de 8 dólares). Suma que representa los honorarios a recibir en 8 de los 24 días de trabajo. El promedio salarial en la Isla se estima en unos 18 pesos convertibles al mes. Menos de un 1 dólar diario.  
El autor de la fechoría es inmune al castigo. Opera con total arbitrariedad. Es muy posible que la denunciante no sea la única que haya sufrido daños a su economía de parte de quien se apodera de los dineros ajenos con total impunidad.
Al menos no hay detalles de alguna medida para detener lo que podría ser solo un eslabón de una larga cadena de delitos.
Las gestiones realizadas en busca de compensación han resultado inútiles. Pese a la falta de respuestas Mónica insiste en recuperar lo que, por derecho propio, le pertenece.
De acuerdo a lo que relata en la edición del semanario Trabajadores, del día 10 de septiembre, el culpable es nada y nada menos que el cajero automático situado en los bajos del Banco de Crédito y Comercio (BANDEC), ubicado en la ciudad de Moa en la provincia de Holguín, a unos 700 kilómetros al este de la capital.
La estafa se consumó el pasado 23 de Junio en horas del mediodía. Tras cumplir con todos los procedimientos para extraer el efectivo del artefacto, nada salió de la rendija, no obstante las indicaciones de que podía obtener el dinero sin problemas.
La consulta de saldo mostró la rebaja en la cuenta y sin embargo Mónica se fue con las manos vacías. Lo más dramático de este caso, que debe tener un buen número de réplicas en diversas partes del territorio nacional, es que la atribulada ha caído en el llamado “peloteo”. Primeramente, al solicitar dirigirse a las oficinas bancarias, el custodio le comunicó que no había funcionarios para atenderla.
Después de esto, sobrevino lo de siempre. La terrible combinación de ineptitudes e indiferencia de una burocracia que se place en darle vueltas al asunto sin ánimos de encontrar soluciones.
Según la afectada, ni las visitas, ni las llamadas telefónicas a la institución han servido para encontrar respuestas a lo que sirve para poner en perspectiva la incompetencia del sistema en enmendar cuestiones a resolverse en pocos minutos.
A más de dos meses de ocurrido, el caso sigue abierto a decenas de interrogantes y cuestionamientos sobre un hecho que quizás no sea casual.
Las artimañas usadas para saquear al prójimo, son en Cuba un asunto donde participan millones de ciudadanos.
Es el modus vivendi que se ha consolidado justamente en el centro y la periferia de un socialismo que hace tiempo huele a podrido.
En pocas palabras, es como el grito del marino que anuncia a voz en cuello en medio de la tormenta, ¡Sálvese quien pueda!, o bien  la tácita aceptación de la máxima de que el fin justifica los medios.
Robarse unos a otros es parte de una cultura impuesta por las circunstancias. Algo que vino con el socialismo para quedarse y esparcirse como la hierba en un bosque tropical. En esa espera por tiempos mejores continuamos a merced de este intercambio de trampas. ¿Recuperará Mónica sus 6 pesos convertibles? 
Depende de la voluntad y de su resistencia en el enfrentamiento con una burocracia tenaz y sádica.
No es fácil lidiar con tanta mediocridad, negligencias y fullerías.

  
   




  

      

 

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