DOS
MILLONES, ¿Y QUÉ?
Jorge Olivera
Castillo.
No
aparecen los remedios para aliviar, y mucho menos curar, las múltiples
enfermedades que padece el socialismo de estirpe estalinista, que languidece en
Cuba lenta e inexorablemente, a sus casi 54 años de existencia.
Los
logros que se anuncian cada semana con el objetivo de desvirtuar el curso de la
decadencia guardan mayor parecido a los fuegos artificiales que a algún otro
efecto donde se perciban otros fulgores ajenos a las efímeras estéticas de la
pirotecnia.
El
fondo de las gavetas y los sitios más recónditos de la memoria siguen siendo
los nichos donde se pudren los razonamientos más sensatos para rescatar al país
de los tentáculos de la mediocridad y los nudos gordianos del estancamiento.
Las
perspectivas obligan a inclinar la balanza a favor del pesimismo. La clase
política que detenta el poder real se resiste a abandonar sus tesis,
comprobadamente ineficaces, para dejar atrás los fantasmas del fracaso, una
tropa que mortifica sin descanso a un sistema que simuló ser la réplica del
paraíso en la tierra.
En
sus postrimerías, y a efectos de una contabilidad sin manipulaciones, el
balance es favorable a la trompetilla como homenaje, o la desilusión en la
mejor definición del término, como posturas ante la omnipresencia de la las
ruinas materiales y morales desperdigadas por toda Isla.
Ahora
se presenta una nueva oportunidad para hacer creer que se avanza a buen paso
por los caminos de unos éxitos tan cuestionables como las monsergas de las
nigrománticas que en las inmediaciones del Capitolio Nacional cazan decenas de
incautos semana tras semana.
¿De
qué sirve enterarse que el pasado 27 de agosto se alcanzó la cifra de 2
millones de turistas que visitaron a Cuba en lo que va del 2012 y que esta actividad
aporta cada año a la economía nacional ingresos superiores a los 2 500 millones
dólares?
Esos
dineros chocan con la atrofia institucional y terminan difuminándose en
corruptelas y planes absurdos que perpetúan una visión distorsionada de las
urgentes necesidades para detener lo que puede culminar en una catástrofe de
proporciones que superen los estimados más
modestos.
No
es la primera vez que insisto en la pertinencia de desprenderse de conceptos
estereotipados que han demostrado su nulidad al amparar soluciones
especulativas, parciales, o que en el mejor de los casos tras un breve tiempo
de efectividad, culminan bajo el peso mastodóntico de un estado que rehúsa
compartir su hegemonía.
Esas
multimillonarias sumas provenientes del turismo, que en este caso ocupan el
segundo lugar, tras la venta de servicios profesionales al exterior (6 000
millones anuales), pasarán inadvertidas entre una población condenada a
enfrentar la imparable decadencia de los servicios, la inflación, el
desabastecimiento, los bajos salarios y toda una gama de factores que compulsan
a la alienación en sus diversas variables.
Sobre
el tablero de las reformas, que se implementan o se discuten, tienen que estar
importantes temas políticos y sociales, y valga decirlo sin condescendencias,
que no desde un punto de vista marginal.
Aparte
de profundizar en los cambios económicos, es pertinente la legitimación de los
derechos ciudadanos ante un gobierno que no da tregua en sus políticas de
acoso, prohibiciones y encarcelamientos por razones no tan solo de naturaleza
política.
Sin
aumentar los niveles de inversión extranjera, modernizar los mecanismos de
distribución, descentralizar una serie de actividades que pertenecen al ámbito de
las libertades individuales (viajar al exterior sin la venia de los
funcionarios de inmigración, criticar al gobierno, fundar una agrupación al
margen de instituciones oficiales, entre otras), serán ilusorias las
oportunidades de interrumpir la sucesión de fiascos, con la excepción de los mecanismos represivos que conservan su
eficacia, gracias a las generosas asignaciones financieras recibidas cada año.
Que
se eleve el número de visitantes foráneos no quiere decir que el nivel de vida
de los cubanos tendrá un ascenso notable a partir de las recaudaciones por este
concepto.
Ni
triplicándose hay garantías de que esto suceda. Mientras tanto, la burocracia y
la élite de poder añaden dígitos a sus fortunas.
La
corrupción marcha viento en popa y a toda vela sin que aún alcance niveles que
amenacen con derrumbar la arquitectura ideológica del partido-gobierno.
Para
que la situación no se salga de control, de vez en vez, se procede a puntuales
medidas ejemplarizantes contra funcionarios de nivel bajo y medio.
La
cúpula y sus más cercanos colaboradores siguen en pleno disfrute de lo mejor
del capitalismo dentro de un sistema no apto para calificativos decentes.
Esos
dineros que se evaporan del tesoro nacional ya tiene sus destinos
predeterminados. No solamente se puede pensar en las cajas fuertes. Hay otros
sitios más seguros alrededor de este mundo tan complejo.
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