PEOR EL REMEDIO QUE LA ENFERMEDAD
Jorge Olivera Castillo.
Miles de cucarachas salen de noche a buscar el sustento. Todas son diminutas y de movimientos rápidos. Trepan por las paredes, se introducen por cuanto orificio encuentran. La oscuridad les sirve de camuflaje en su guerra por la supervivencia y jamás regresan a sus madrigueras sin ningún botín.
En la zona hay abundantes fuentes de provisiones. Quizás por eso hayan decidido morar en ese local y multiplicarse de manera extraordinaria.
En el fondo se escucha el sonido de un débil chorro de agua que cae desde una tubería dentro del tanque de un inodoro. Es el único sitio que existe para acopiar el líquido. Aclaro que debe ser con una manguera que enlace los boquetes del tubo emisor con la entrada de los pomos o mediante maniobras más complicadas. Estos últimos deben ser preferiblemente pequeños debido a que la rotura del conducto del desagüe queda dentro del artefacto sanitario. Con 15 centímetros de ancho y menos de 40 de largo el margen de maniobra para obtener agua se reduce al mínimo.
Como alternativa existe un grifo fuera de los límites del local, donde hay que dirigirse para llenar los cubos para bañarse en uno de los tres compartimientos que hace varios meses atrás cumplían con todos los parámetros de este tipo de instalaciones.
Lo único que merece destacar es la pintura fresca del techo y las paredes que contrasta con las persianas desvencijadas y el resto de un mobiliario que parece sacado de un vertedero.
El piso se limpia ocasionalmente. La mugre es su compañía más duradera. Los olores que se entrecruzan dentro del perímetro son como puñetazos de Mike Tyson.
En la quietud de la madrugada adquieren una dimensión mayor, lo que conduce al insomnio y a salir a tomar el aire fresco en el largo balcón desde el cual mirar las estrellas y la luna, y si es posible, entablar una conversación con otra víctima.
¿Cuándo se solucionará el problema del agua?, ¿Porqué tantas cucarachas?, las respuestas ofrecen un final abierto a mil especulaciones y ninguna cerca de un razonamiento plausible.
Entre averías del sistema hidráulico que no se resuelven y la plaga de cucarachas de la especie Blattella Germanica, transcurre el tiempo en la sala de Neurocirugía del Hospital Calixto García, ubicado en las inmediaciones de la Universidad de La Habana.
La fuente de estas particularidades del sistema de salud cubano, salvo muy pocas excepciones, transcurren sin que haya espacio para pensar en mejoras que hagan más llevadera y segura la estancia hospitalaria tanto de pacientes como de sus acompañantes.
Entre tufos malsanos, quejidos de recién operados, insectos y temperaturas ambientales por encima de los 33 grados centígrados, las noches son comparables a una estancia en el infierno.
Lo asegura alguien que ha tenido que estar allí al lado del enfermo en permanente vigilia y observando el recorrido de las cucarachas para espantarlas a tiempo.
Con los despuntes del alba llega cierto alivio. Por supuesto que relativo. Las mejorías allí son tan ilusorias como tocar el cielo. Pura ficción, al menos bajo el patrocinio del socialismo real.
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