miércoles, 26 de septiembre de 2012



                                           LA VIDA DE NOSOTROS.
                                                                     Jorge Olivera Castillo.
Por estos días he evocado, más de una vez, el nombre del guionista y director cinematográfico alemán, Florian Henckel von Donnersmarck.
Una desafortunada concurrencia de causas me han arrojado a los interiores de un mundo que él supo recrear en el celuloide con una mezcla de talento y buen tino a la hora de elegir el tema, los actores y sobre todo hilvanar un discurso dramatúrgico que cala en lo más profundo de los sentimientos.
Fue en el 2006 que este notable representante del Séptimo Arte, nacido en la ciudad de Colonia en 1973, le regaló al mundo el inolvidable filme, La vida de los otros.
Quizás su obra más conocida y que se alza como referente de inestimable valor para conocer parte de las arbitrariedades y bajezas cometidas por los servicios de la Contrainteligencia en la desaparecida República Democrática Alemana (RDA) con el fin de quebrar la voluntad de los disidentes reales o potenciales.
Basta consumir los 144 minutos de fotogramas, para convencerse de la capacidad destructiva de esos regímenes en que el corpus ideológico de un partido se convierte en dogma a obedecer sin cuestionamientos. Ni hablar de la impunidad y la corrupción moral dentro de un organismo que se erige en el poder real, capaz de llevar a cabo cualquier acción con tal de evitar el crecimiento de las acciones contestatarias.  
A cada infracción le corresponde una variedad de castigos que incluyen la muerte, si es que así lo determinan los “dioses” que han salido de las entrañas del marxismo-leninismo para prevalecer en la historia y en el tiempo.
Para los alemanes es un recuerdo amargo aquella existencia plagada de suspicacias y desvelos ante la posibilidad de ser huésped de un calabozo, por semanas o meses, a la espera de ser condenado por supuestos delitos contra la seguridad del estado.
Gracias a los imperativos del destino, las generaciones post Muro de Berlín entraron a esos infiernos a través de las anécdotas que rompen los límites entre la realidad y la ficción, tal y como lo hizo este cineasta, que será recordado por recrear, desde el arte y sin panfleto, una suma de hechos que exponen con lujo de detalles algunas de las zonas más abominables de la conducta humana, cuando desaparecen los blindajes cívicos, el pluralismo político y libertad económica.  
Sobre el tema aquí tratado debo hablar en primera persona.
Aparte de las afinidades en el proceder de los verdugos germanos, excelentemente representados en el filme, y quienes los imitan  dentro de la Isla, es preciso exponer ante la opinión pública el recrudecimiento de esos métodos en Cuba que transgreden de manera sistemática y flagrante la integridad física y espiritual del miles de personas.
No sé porqué la policía política ha decidido estrechar el chequeo contra quien suscribe estas líneas y mi colega Víctor Domínguez, también escritor y periodista independiente.
Desde hace aproximadamente 15 días, varios agentes vienen acosando a algunos de mis familiares, visitándolos en sus casas e indagando sobre detalles de mi vida, aparte de hacerles alusiones humillantes con el objetivo de manchar mi reputación.
Tales medidas se extienden a amistades cercanas, así como al personal que labora en entidades de la gastronomía estatal que regularmente visitamos Víctor y yo, donde conversamos sobre futuros planes relacionados con las actividades del Club de Escritores que ambos dirigimos e intercambiamos sobre temas literarios, sin dejar fuera otros asuntos de interés común.
¿Se atreverán a envenenarnos con alguna sustancia tóxica mezclada con los alimentos que consumimos en estos locales?, ¿Cuántas fotografías nos habrán tomado para editar uno de esos bodrios audiovisuales que transmiten por la televisión que buscan anular el prestigio de las personas que se oponen o critican el sistema?
¿Nos echarán de esos sitios por ser, según el argot establecido, connotados contrarrevolucionarios?
Ningún desenlace de esta ofensiva persecutoria debe ser descartado. Los escrúpulos no son parámetros a tener en cuenta por personas que no escatiman recursos ni metodologías para eliminar o marginar a sus adversarios.
El trabajo sucio está en proceso. El mundo se enterará de los pormenores de otro de los productos que salen de los talleres del odio. La más eficiente de las instituciones del post- totalitarismo cubano.
Parafraseando el titulo de la genial película de Florian Henckel von Donnersmarck, continúan en peligro La vida de nosotros.
La de los miles de cubanos que abogamos por una Cuba diferente, sin partido único y con derechos plenos para todos.

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