LA VIDA DE NOSOTROS.
Jorge Olivera Castillo.
Por
estos días he evocado, más de una vez, el nombre del guionista y director
cinematográfico alemán, Florian Henckel von Donnersmarck.
Una
desafortunada concurrencia de causas me han arrojado a los interiores de un
mundo que él supo recrear en el celuloide con una mezcla de talento y buen tino
a la hora de elegir el tema, los actores y sobre todo hilvanar un discurso
dramatúrgico que cala en lo más profundo de los sentimientos.
Fue
en el 2006 que este notable representante del Séptimo Arte, nacido en la ciudad
de Colonia en 1973, le regaló al mundo el inolvidable filme, La vida de los
otros.
Quizás
su obra más conocida y que se alza como referente de inestimable valor para
conocer parte de las arbitrariedades y bajezas cometidas por los servicios de
la Contrainteligencia en la desaparecida República Democrática Alemana (RDA)
con el fin de quebrar la voluntad de los disidentes reales o potenciales.
Basta
consumir los 144 minutos de fotogramas, para convencerse de la capacidad
destructiva de esos regímenes en que el corpus ideológico de un partido se
convierte en dogma a obedecer sin cuestionamientos. Ni hablar de la impunidad y
la corrupción moral dentro de un organismo que se erige en el poder real, capaz
de llevar a cabo cualquier acción con tal de evitar el crecimiento de las
acciones contestatarias.
A
cada infracción le corresponde una variedad de castigos que incluyen la muerte,
si es que así lo determinan los “dioses” que han salido de las entrañas del
marxismo-leninismo para prevalecer en la historia y en el tiempo.
Para
los alemanes es un recuerdo amargo aquella existencia plagada de suspicacias y
desvelos ante la posibilidad de ser huésped de un calabozo, por semanas o meses,
a la espera de ser condenado por supuestos delitos contra la seguridad del
estado.
Gracias
a los imperativos del destino, las generaciones post Muro de Berlín entraron a
esos infiernos a través de las anécdotas que rompen los límites entre la
realidad y la ficción, tal y como lo hizo este cineasta, que será recordado por
recrear, desde el arte y sin panfleto, una suma de hechos que exponen con lujo
de detalles algunas de las zonas más abominables de la conducta humana, cuando
desaparecen los blindajes cívicos, el pluralismo político y libertad económica.
Sobre
el tema aquí tratado debo hablar en primera persona.
Aparte
de las afinidades en el proceder de los verdugos germanos, excelentemente
representados en el filme, y quienes los imitan
dentro de la Isla, es preciso exponer ante la opinión pública el
recrudecimiento de esos métodos en Cuba que transgreden de manera sistemática y
flagrante la integridad física y espiritual del miles de personas.
No
sé porqué la policía política ha decidido estrechar el chequeo contra quien
suscribe estas líneas y mi colega Víctor Domínguez, también escritor y
periodista independiente.
Desde
hace aproximadamente 15 días, varios agentes vienen acosando a algunos de mis
familiares, visitándolos en sus casas e indagando sobre detalles de mi vida,
aparte de hacerles alusiones humillantes con el objetivo de manchar mi
reputación.
Tales
medidas se extienden a amistades cercanas, así como al personal que labora en
entidades de la gastronomía estatal que regularmente visitamos Víctor y yo,
donde conversamos sobre futuros planes relacionados con las actividades del
Club de Escritores que ambos dirigimos e intercambiamos sobre temas literarios,
sin dejar fuera otros asuntos de interés común.
¿Se
atreverán a envenenarnos con alguna sustancia tóxica mezclada con los alimentos
que consumimos en estos locales?, ¿Cuántas fotografías nos habrán tomado para
editar uno de esos bodrios audiovisuales que transmiten por la televisión que
buscan anular el prestigio de las personas que se oponen o critican el sistema?
¿Nos
echarán de esos sitios por ser, según el argot establecido, connotados
contrarrevolucionarios?
Ningún
desenlace de esta ofensiva persecutoria debe ser descartado. Los escrúpulos no
son parámetros a tener en cuenta por personas que no escatiman recursos ni
metodologías para eliminar o marginar a sus adversarios.
El
trabajo sucio está en proceso. El mundo se enterará de los pormenores de otro
de los productos que salen de los talleres del odio. La más eficiente de las
instituciones del post- totalitarismo cubano.
Parafraseando
el titulo de la genial película de Florian Henckel von Donnersmarck, continúan
en peligro La vida de nosotros.
La
de los miles de cubanos que abogamos por una Cuba diferente, sin partido único
y con derechos plenos para todos.
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