miércoles, 26 de septiembre de 2012

CORRUPCIÓN



                                         SOCIALISMO Y CORRUPCIÓN.
                                                                            Jorge Olivera Castillo.
El presidente chino Hu Jintao volvió a dar la voz de alarma en las celebraciones del 90 aniversario del Partido Comunista de China (PCCH), sobre el avance de la corrupción a todos los niveles de la sociedad y el gobierno.
Eso fue hace un año, pero el problema no se detiene. Ahora, próximos a inaugurar el XVIII Congreso de la entidad partidista, el asunto vuelve a la palestra como algo imposible de atenuar con las medidas impuestas, incluida la pena de muerte para los altos funcionarios que incurran en delitos de esta naturaleza.
Llama la atención que el relajamiento de la disciplina partidista es un hecho fuera de cualquier duda.
Una vez más queda demostrado que las unánimes poses de fidelidad ideológica tan propias del unipartidismo, son construcciones ficticias que ceden el paso a realidades que nada tienen que ver con la ética y el decoro.
En Cuba proliferan hechos de similar factura. Las corruptelas se extienden  desde los estratos más pobres de la sociedad hasta los más encumbrados. En esta ola de daños no solamente económicos, sino también sociológicos, también se cuentan funcionarios de alto rango tanto del partido como del gobierno.
Dentro de este cóctel de transgresiones, habría que añadir a una parte sustancial de la oficialidad castrense.
A medida que el socialismo le abre las puertas al capital con la intención de salir del estancamiento, se desarticula el andamiaje retórico sobre el cual se asienta un modelo improductivo y basado en leyes comprobadamente utópicas.
Este es uno de los motivos para entender la alargada pausa del presidente cubano Raúl Castro a las medidas aperturistas que no creo lleguen a alcanzar la dimensión que la nomenclatura china ha permitido desde que comenzaron las transformaciones económicas en las postrimerías de la década del 70 del siglo pasado.
Las tentaciones de enriquecerse a toda costa, sin importar los procedimientos, cobran una dinámica que termina evaporando las reservas de honradez. Este último término es hoy en Cuba una especie de reliquia cada vez más omitida de un contexto en el que predomina la ilegalidad como herramienta para el lucro o la supervivencia.
El cohecho, el tráfico de influencias, los desvíos de recursos del estado y el descontrol administrativo son fenómenos que abarcan todo el territorio nacional y que se practican a diario.






Al igual que en China, los castigos utilizados para ponerle coto a la situación no son suficientes. Los casos continúan reproduciéndose sin que se vislumbren soluciones.
Si le es tan complicado al gobierno de la Isla atenuar el número de incidencias relacionadas con estos delitos, es obvio que lo pensarán más de una vez para ampliar la cobertura de las reformas económicas.
Un reajuste de las leyes de inversión extranjera con el propósito de viabilizar la entrada al país de empresas de varios países, es impensable por el momento.
Los pasos en este sentido serán discretos. El temor a que se prolonguen los tentáculos de la corrupción, impedirá progresos de envergadura.
Es casi seguro que la irrupción de grandes cantidades de capital pondría en aprietos a los jerarcas del partido y el gobierno.
Todo el aparato político-ideológico quedaría expuesto a un mayor desprestigio. Los comunistas convencidos o los que aparentan serlo, son piezas fáciles ante las seducciones de los dineros del enemigo, tal y como lo califican en Cuba.
China es un ejemplo de lo difícil que resulta acabar con algo que puede fácilmente convertirse en una plaga.
La élite verdeolivo sabe que ni fusilando podría detener un curso de acción que tiene su propia dinámica y la suficiente capacidad de adaptarse a las circunstancias sin perder su eficacia.
¿Se acabará la moratoria en cuanto a la pena de muerte frente a los imparables índices de corrupción? Nunca se sabe.
Lo cierto es que las medidas punitivas que se practican hoy  no incluyen a todos los corruptos.
Hay un sector intocable que desde hace tiempo vive a expensas de acciones de dudosa moralidad.  ¿El origen de sus fortunas?
Ese tipo de preguntas no llegan a los oídos de una nomenclatura demasiado ocupada en contar las nuevas mesadas que llegan a sus manos, casi siempre sin el debido respaldo legal y por supuesto sin darle un centavo al fisco.
oliverajorge75@yahoo.com              
  



    

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