MENOS
CUBANOS, ¿MÁS VIVIENDAS?
Jorge Olivera Castillo.
Es
obvio que los cubanos residentes dentro de la Isla sean menos en comparación a
las cifras de hace una década, de acuerdo a las conclusiones del Censo de
Población y Viviendas, realizado en el segundo semestre del año en curso.
Si
bien los informes oficiales revelan que las causas del decrecimiento se basan,
única y exclusivamente, en los deprimidos índices de natalidad; es preciso
subrayar el fenómeno de la emigración como otro factor a tener en cuenta para
aproximarse a un conocimiento más objetivo del problema.
Según
el director nacional del Censo, en declaraciones al periódico Granma, fue 1977
el último año en que las mujeres cubanas dieron a luz dos hijos como promedio.
El
panorama interno es favorable a que se mantengan estos patrones. Es muy difícil
que las parejas se decidan a procrear ante los desafíos de la inseguridad
laboral, los bajos salarios y las dificultades para adquirir o rentar una
vivienda, entre otros asuntos no menos engorrosos y enraizados en el tejido
social.
La
omisión de las estadísticas en torno a las personas que han abandonado el país
definitivamente, desde 1959 hasta la fecha, refleja la tendencia a encubrir un
problema con serias repercusiones socioeconómicas y culturales.
Más
de 2 millones de nacionales se han asentado en otras latitudes desde la
instauración del socialismo real en Cuba, realidad que invita a mirar el futuro
con cierto pesimismo.
¿Qué
nos depara, a mediano y largo plazo, la delicada combinación de la baja
natalidad, el envejecimiento, las
salidas definitivas y los números rojos de la improductividad y la ineficiencia?
Si
continúan postergándose las reformas de gran calado, donde no podrían faltar
las de carácter político, es indiscutible la permanencia y profundización de
las anomalías aquí descritas
La
inamovilidad o en su defecto, la implementación de un programa de
transformaciones, solo dirigidas a algunos sectores de la economía, y
caracterizadas por el exceso de normativas junto a otros entorpecimientos no
menos absurdos, solo sirven para postergar el inicio de las soluciones a la
profunda crisis estructural.
Con
un retraso de más de 20 años, la apertura integral y sostenida, es hoy una
necesidad inaplazable.
Esa
moratoria tiene sus costos. No hay que ser un experto para cerciorarse que la
deuda a pagar por la irresponsabilidad de la dirigencia durante tanto tiempo,
es impagable.
El desastre demográfico es solo un elemento a
observar en el camino a la involución.
Como dato curioso, en relación al Censo, se
especifica el aumento de casi 400 000 viviendas respecto al año 2002.
Primeramente, sería interesante conocer el estado de
esos inmuebles. Es posible que muchos tugurios, sin las mínimas condiciones de
habitabilidad, hayan sido contabilizados en los informes.
Con los sistemáticos incumplimientos en el sector de
la construcción y los derrumbes parciales y totales que ocurren cada semana,
sobre todo en la capital, es difícil creer en esas mejoras.
Cuba, bajo el mandato del partido comunista es un
ejemplo a no imitar. La aureola de virtud que suelen exhibir los mandamases
criollos es parte de la utilería con que han engañado a medio mundo.
Los frutos de su torpeza y sus caprichos son cada
vez más visibles.
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