viernes, 29 de agosto de 2014

DERECHOS HUMANOS.

                                 Cuba a la deriva.
                                                           Jorge Olivera Castillo.
La detención de opositores crece en espiral, el nivel de vida continúa en picada y el número de cubanos que optan por escaparse del socialismo, rumbo a los cayos de la Florida, es cada vez mayor.
Son detalles sobresalientes de la actualidad que el régimen insiste en ocultar a toda costa.
La prensa oficial evita esos asuntos. Nuevamente muestra sus fisuras en el orden profesional. Su rol se limita a defender a la élite de gobierno.
Esperar un cambio de perspectivas en este sentido es perder el tiempo. Los éxitos, la mayoría hechos a la medida de las circunstancias, seguirán teniendo prioridad en todos los medios de comunicación.
El terror y los fracasos del modelo vuelven a quedar al margen. Se sufren en carne propia o se conocen a través de rumores, nunca llegan a las páginas del Granma o Juventud Rebelde y mucho menos al noticiario de la televisión.
¿Cuántos cubanos se enteraron de las decenas de arrestos ocurridos el domingo 24 de agosto en la ciudad de Santiago de Cuba, a raíz del tercer aniversario de la organización opositora Unión Patriótica de Cuba (UNPACU)?
¿Y de los 36 balseros rescatados en el Caribe hondureño?
¿Y de la reiteración del cantautor español Joaquín Sabina, en la ciudad de Santiago de Chile, de sus cuestionamientos al sistema político que rige en Cuba hace más de 50 años?
El país que exhiben en las vitrinas los mercaderes de la mentira es una falsedad. Quieren vender la revolución con un baño de oro, pero por más que lo intenten, el óxido y las abolladuras salen a relucir.
No hay que esforzarse mucho para reconocer que el viaje por el camino opuesto al prestigio y la decencia es irreversible.




Basta fijarse en el legado de ruinas morales y materiales para convencerse de que el socialismo fue, y desafortunadamente todavía es, una amarga experiencia, una desgracia para quienes han tenido que padecerlo en silencio por el miedo, aplaudiendo por instinto de conservación o enfrentándose a pesar de las consecuencias.
Entre los escombros, no faltan las notas triunfalistas y el elogio para quienes ostentan el poder absoluto y por tanto tienen la responsabilidad absoluta del desastre nacional.
Esas sombras que opacan el presente y amenazan con ser más densas en el futuro, son las que deben hacer acto de presencia en los órganos de difusión masiva.
Es hora de adecentar el país. Para eso es preciso entrar en otra dimensión. Dejar atrás toda la parafernalia ideológica creada por un grupo de pícaros que llegaron con vestiduras de ángeles.
Sabina, un izquierdista de pura cepa apuesta, una vez más, por alejarse del castrismo. Es un apostata convencido. Otro que se dio cuenta de la estafa y que no va dar marcha atrás a su postura.
En cualquier momento publican una diatriba, contra el músico y poeta, en la página cultural del Granma.
Entre las cosas que dijo al Nuevo Herald desde la capital chilena, vale resaltar  la que asegura que en sus visitas a Cuba fue tratado como un turista privilegiado y no como un cubano que sufriera y soportara la dictadura. Por otro lado, dijo que ama mucho a Cuba, pero que lamentablemente la Isla se parece mucho a un desastre histórico.
Se salva que es extranjero y famoso. Suficiente para evitar la cárcel, el acoso permanente o un acto de repudio.



       

     


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