Sangre
y desastre.
Jorge Olivera Castillo.
¿Por
qué desde el policlínico del municipio Nueva Paz, en la provincia Mayabeque, se
trasladaron recientemente muestras de sangre en un transporte público y no en
un vehículo hermetizado como corresponde?
El
opositor Joaquín Palomino Berra, fuente de la información, teme que con tal proceder se haya puesto en riesgo la
vida de cientos de personas.
Aparte
de favorecer posibles contaminaciones que van de la hepatitis hasta el VIH, la
sangre podría haberse descompuesto debido a los 60 kilómetros de distancia
entre la entidad y los laboratorios provinciales. Trayecto a recorrer bajo
temperaturas por encima de los 33 grados centígrados.
Según
Palomino, “la directora del centro aseguró que se trataba de muestras inocuas,
pero eso no justifica una operación que viola las normas establecidas”.
Con
los niveles de descontrol e indolencia presentes en todo el país, cabe la
posibilidad de que la sangre escondiera algún germen patógeno.
Las
dudas no son gratuitas. En la actualidad, son pocos los hospitales y
policlínicos que cumplen con los requisitos para mantenerse abiertos al
público.
Mugre,
falta de insumos, deterioro arquitectónico, baños convertidos en réplicas del
infierno y personal de dudosa calificación son el denominador común.
Si
en más del 80% de las instituciones de salud capitalinas la situación va de mal
a peor, ¿cómo será en la periferia?
El
hecho de que el policlínico de Nueva Paz sea un eslabón más en la cadena de
desatinos, no es para asombrarse.
Los
episodios que tienen lugar, a diario, en cuerpos de guardias, laboratorios,
salones quirúrgicos y salas de ingreso,
bordean la ficción.
Duele
decir que muchos pacientes mueren debido a las infracciones de médicos y
enfermeros y no por el padecimiento por el cual fueron internados o recibieron
algún tipo de atención.
Por
ejemplo, en Cuba es perfectamente posible que un ingreso por gripe evolucione a
una neumonía letal no por predisposiciones físicas del paciente sino por el
entorno nauseabundo y la dejadez del personal.
Las
preocupaciones de Palomino están
justificadas. El traslado pudo generar una tragedia.
La
pureza o nocividad de las muestras no es el tema central del problema.
Al
menos no ha habido noticias de vertimientos de sangre que provocaron una
calamidad sanitaria, aunque los cubanos sabemos que este tipo de evento pasaría
inadvertido en los medios oficiales.
El
quid de la cuestión es la irresponsabilidad de quienes autorizaron el envío.
¿No
había combustible para el vehículo idóneo?, ¿existe ese tipo de transporte en
la localidad?, ¿o es normal que las muestras viajen en ómnibus a expensas de
derrames, fermentaciones y a riesgo de convertirse en un banquete para las
moscas y otros vectores?
Independientemente
de la respuesta, el evento sirve para tomarle el pulso al derrumbe de un
paradigma. La salud pública en Cuba es un desastre.
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