SOLO MIGAJAS.
Jorge Olivera Castillo.
Los cubanos que esperan algo trascendente de la demorada reforma migratoria, sufrirán el peor de los desengaños.
Las señales apuntan a unos cambios parciales, aún sin fecha de estreno y caracterizados por un secretismo que avala el mosaico de dudas, rumores, burlas entre la mayor parte de la población.
Solo una exigua minoría se esfuerza por mantener viva alguna esperanza en que el gobierno reduzca ostensiblemente las prohibiciones para poder entrar y salir del país sin tantas trabas.
A juzgar por la lentitud en convertir tales transformaciones en ley, es poco el margen para pensar que la dirigencia esté dispuesta a la aceptación de derechos que antagonizan con su filosofía.
Aparte de las ganancias que el gobierno obtiene por el cobro de los trámites de viajes desde y hacia Cuba, el eje fundamental de las actuales leyes migratorias se sustenta en el control social tan necesario en su diseño político-ideológico.
Eliminar las prerrogativas que permiten otorgar o denegar el permiso de salida bajo cláusulas que muy pocos conocen, sería como quitarle las clavijas a un edificio en peligro de derrumbe. Y está claro que la élite de poder, no tiene intenciones suicidas.
Si acaso retoques en la fachada que ofrezcan algún respiro a los atribulados y cuotas de legitimidad a quienes apuestan a continuar haciendo malabares en vez de poner los pies sobre la tierra.
Existen dos zonas de peligro por donde la dictadura evitará incursionar a toda costa o en el mejor de los casos, si no le queda otro remedio, se circunscribirá a un tránsito por la periferia: Internet y Emigración.
Las esperadas aperturas en ambos sectores puede que pasen inadvertidas para una población que desea una liberalización integral e irreversible, pero que seguramente tendrá que conformarse con migajas.
Por tal motivo, la morosidad en poner en práctica lo que finalmente consideren oportuno, puede que se extienda por un tiempo que nadie puede prever.
Por el momento, la creación y reciclamiento de expectativas persiste entre los cánones de una política que en esencia es inmune a los cambios reales.
Un mar de especulaciones continúa creciendo en todo el país a causa del choque entre las promesas oficiales, los interminables plazos para que la Asamblea Nacional del Poder Popular acabe de pronunciarse sobre el tema y la incertidumbre de los destinatarios.
Algunos comentarios, que circulan a lo largo y ancho de la Isla, estiman que el precio del pasaporte sobrepasará con creces los 100 pesos convertibles. Actualmente el costo por este documento es de 55 pesos convertibles, alrededor de 70 dólares. Valga apuntar que el salario promedio en Cuba, de acuerdo a estadísticas recientes, es de unos 20 dólares mensuales.
Otras opiniones amplían las alarmas en torno a lo que califican como algo parecido a un saqueo a punta de pistola. Según los rumores, la elevación de precios afectará diversas áreas del proceso, aunque afirman que habrá reducciones de algunas tarifas. A modo de ilustración es preciso señalar que para un viaje a Estados Unidos, temporal o definitivo, es obligatorio desembolsar más de 700 dólares en el pago de las tarifas establecidas por el Ministerio de Inmigración y Extranjería.
“No me hago muchas ilusiones. Ellos no van desmontar un organismo que crearon con fines muy bien delineados. Algo similar padecieron los ciudadanos de los países del campo socialista. Es decir que esto forma parte de la raíz de un sistema que funciona a partir de códigos carcelarios. Al menos yo sé que mis posibilidades de viajar seguirán siendo limitadas”.
Así reflexionaba un neurocirujano, al preguntarle sobre la idea de visitar a un hermano residente en Miami.
“Las regulaciones para los profesionales seguirán vigentes. De eso estoy seguro. No van a arriesgarse a que una apertura se les convierta en una crisis”, agregó.
En medio de este cruce de pronósticos y desasosiegos están los escépticos que preguntan:
¿Y tú crees que la dinastía esté en disposición de implementar los cambios en la medida de los requerimientos actuales?
La incredulidad se ha convertido en un método de defensa personal frente a los embustes del gobierno. Razones sobran para no bajar la guardia.
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