INCREÍBLE, PERO CIERTO.
Jorge Olivera Castillo. Sindical Press.
Nada o casi nada se puede esperar del Consejo de Derechos Humanos de la ONU respecto a la situación que prevalece dentro de Cuba.
La reciente recogida de firmas por parte personas que integran diversas agrupaciones de la sociedad civil alternativa, con el objetivo de reclamar al gobierno la ratificación de los pactos de derechos civiles y políticos, así como también los económicos, sociales y culturales, parece haber sido otro esfuerzo condenado al fracaso.
Para avalar tal opinión, basta fijarse en una noticia publicada el día 22 de junio, en el periódico Granma, el órgano oficial del partido comunista.
El régimen que debía recibir críticas y condenas por su largo historial de violaciones a los derechos humanos, ha sido beneficiado con sendos elogios por constituir un ejemplo de “buenas prácticas en materia de libertad de reunión y asociación pacíficas”, según el informe presentado por el Relator que atiende esa materia en la referida institución.
Es increíble que todavía no existan los mecanismos adecuados para fiscalizar de una manera competente las realidades que se suscitan en cada país, respecto a las arbitrariedades y censuras que afectan el ejercicio de una parte o de todos los derechos a disfrutar de forma equitativa e incluyente.
Frente a este inmerecido aval, habría que pensar no tan solo en la ineptitud de los encargados en las evaluaciones periódicas de los países miembros del Consejo, sino en posibles simpatías y acuerdos tras bambalinas que terminan facilitando las tropelías de un despotismo, en este caso de un gobierno que supedita el usufructo de las libertades fundamentales a los estrictos códigos del partido comunista.
Es imposible dar crédito a unas opiniones a colocar en las antípodas de un contexto, donde se puede ir a la cárcel por reunirse dentro de un domicilio a intercambiar puntos de vista sobre el legado de Mahatma Ghandi y Martin Luther King, por solo mencionar dos realidades que conforman apenas un segmento del universo represivo.
Decenas de asociaciones independientes, aguardan, no ya por una legalización, sino por tan siquiera una respuesta de los funcionarios del Ministerio de Justicia, donde se formulen las causas de lo que constituye una negación de facto.
Los solicitantes quedan en un limbo jurídico, al no haber un dictamen formal. Al insistir en que se cumplan los procedimientos vigentes para estos trámites, se corre el riesgo de integrar las listas negras de la policía política.
El ataque de una turba formada con el personal de los centros de trabajos aledaños, se incluye entre las probables consecuencias, ante las demandas de una explicación por el humillante alargamiento de los plazos para obtener alguna comunicación concreta.
Esas embestidas, regularmente practicadas en todo el país, llevan el disfraz retórico de “reacciones del pueblo enardecido”. De esta forma los agentes del Ministerio del Interior intentan desvincularse de una operación que nada tiene de espontánea.
El uso de personal civil para esos actos, es algo común dentro de una espiral de violencia selectiva con vistas a mantener la sociedad bajo control.
Volviendo al tema, la diferencia entre la anterior Comisión y el actual Consejo de Derechos Humanos, parecen no ir más allá de un cambio parcial en el nombre.
Con este veredicto sobre Cuba, se confirma un proceder cuestionable.
Tras conocer las loas del Relator, el delegado del gobierno de la Isla en el cónclave, Juan Antonio Quintanilla, puso en perspectiva los “avances” en cuanto a libertad de reunión.
En la nota aparecida en el Granma apuntó que “en nuestro país existen amplias libertades para el ejercicio de este derecho, lo cual se ejemplifica en la existencia de más de 2 200 organizaciones no gubernamentales en las más diversas esferas”.
El funcionario sin quererlo se contradice. Una sola pregunta basta para poner en entredicho sus alegaciones: ¿Por qué la reticencia de Cuba a ratificar los Pactos Internacionales de Derechos Humanos?
Razones tienen para no comprometerse a acatar disposiciones que obligarían a desmontar un sistema diseñado para funcionar a partir de la censura y la intolerancia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario