¿DOBLE TRAICIÓN?
Jorge Olivera Castillo.
A juzgar por el tono de sus intervenciones, parece que el ex agente encubierto Manuel David Orrio del Rosario busca, en lo posible, cierta redención en un futuro que se acerca inexorablemente y donde la llamada revolución cubana, de la cual todavía se considera un celoso guardián, será un tareco más en el basurero de la historia.
Sus enfoques resultan contradictorios. Es imposible llegar a otras conclusiones, a partir de la lectura de sus opiniones sobre diferentes asuntos internos, que sin lugar a dudas, antagonizan con medulares políticas del gobierno que él juró defender a capa y espada.
En síntesis sería como morder la mano del amo que le dio automóvil, condecoraciones y trabajo, entre otras dádivas, por su labor en las filas de la Contrainteligencia desde 1992 hasta el 2003.
El nivel de varios de los cuestionamientos colgados en el internet y que forman parte de una extensa entrevista realizada por el periodista Orestes Martí, no se queda en la superficie.
Orrio hurga hasta el hueso, lo que patentiza, bien otra traición, esta vez al régimen que lo acogió como uno de los suyos o simplemente saca a la palestra pública, conflictos dentro de la cúpula de poder, entre conservadores y digamos liberales, aunque este último término resulte un tanto exagerado para el contexto.
Salvo contadas referencias a la “contrarrevolución”, palabra acuñada por el gobierno para calificar a sus adversarios políticos, el ex agente hilvana un discurso que de cierto modo recuerda su trabajo de periodista independiente como parte del plan de infiltración que culminó con un espectacular destape en abril de 2003.
Con indubitables argumentos, el ex agente destroza mitos y pone en ridículo, acciones aprobadas al más alto nivel. Varios de sus dardos van dirigidos a la inconstitucionalidad de muchas leyes vigentes.
Por ejemplo, la persistente negativa del gobierno a la ratificación de los Pactos de las Naciones Unidas relacionados con los Derechos Civiles y Políticos, así como los Económicos, Sociales y Culturales, es cuestionada sin medias tintas.
Ni hablar de los aspectos económicos. En este sentido las evidencias mostradas desdibujan un desastre, que por sus dimensiones, obliga a la duda respecto al alcance de soluciones duraderas a corto y mediano plazo.
Como metodología para el análisis de los diversos tópicos, valga apuntar que en su mayoría ajenos a valoraciones favorables, Orrio se vale de herramientas tomadas del marxismo, lo que refuerza el carácter fraudulento de un sistema que nunca tomó en serio al filósofo alemán.
De acuerdo a la evolución de los acontecimientos, sus teorías fueron un comodín para echar los cimientos de una dictadura que transitó velozmente hacia el totalitarismo.
Es una verdad de Perogrullo que el socialismo que se articuló en Cuba bajo la falaz premisa del poder del pueblo, no será absuelto por el juicio de la historia.
Aun recuerdo a Manuel David Orrio, el agente Miguel, como testigo de la fiscalía en el juicio en que se me acusó de mercenario, junto a otros tres colegas del periodismo independiente, el 4 de abril de 2003.
El pánico se reflejaba en su rostro. No obstante se explayó en acusaciones que influyeron en las severas condenas.
Debido, en parte, a su colaboración fui condenado a 18 años de privación de libertad y enviado a la distante prisión de Guantánamo, situada a más de 900 kilómetros de mi lugar de residencia, en La Habana.
A pesar de que la sanción se mantiene vigente, me dispuse a retomar el trabajo por el cual fui encarcelado, tan pronto se me concedió una Licencia Extrapenal por motivos de Salud, el 6 de diciembre de 2004, tras cumplir 20 meses y 18 días.
Solo pretendo seguir expresando mi verdad como ciudadano y continuar el proceso para olvidar los agravios de Orrio. Algo difícil de conseguir.
Las heridas del alma no son lesiones leves. Son tajos profundos y dolorosos que no se cierran con cualquier sutura.
Al margen de los lamentables episodios que pueblan la historia de estos 53 años bajo la égida del partido comunista, le deseo al otrora ayudante de mis verdugos, la recuperación de sus dolencias asociadas a la Poliomielitis que padece desde la infancia.
Espero que la carta-denuncia dirigida recientemente al Ministro de Salud Pública, ante la negativa de importar un medicamento para aliviar las secuelas de su enfermedad, haya sido debidamente acogida.
Nunca pensé que el condecorado “héroe”, sufriera este tipo de humillación. ¿No le estarán cobrando sus agudas críticas?
El peligro de quedar en el limbo, quizás esté más cerca de lo previsto. Triste final para un ex agente.