¿Postcastrismo con casinos?
Jorge Olivera Castillo.
En
su mente, el empresario estadounidense Steven Dudash, ha transformado a La
Habana en un remedo de Las Vegas
Sus
ideas sobre la reconversión de la capital cubana en un emporio de los juegos de
azar, fueron plasmadas recientemente en la revista Forbes.
Los
agrietados muros del embargo y las ojerizas del general-presidente frente a
cualquier intento de acelerar el ritmo de los cambios económicos, son
obstáculos que impiden la materialización del proyecto en plazos razonables.
De
todas formas es una posibilidad no descartable en los escenarios que se irían
construyendo a partir de la jubilación o muerte biológica de las principales
figuras del poder.
El
cubano de a pie se asoma a esos mundos con inusitada frecuencia.
Antes
o después de las marchas de reafirmación revolucionaria y las reuniones de
rendición de cuentas presidida por el delegado de la circunscripción, se ocupa
de dictarle los números de la lotería al apuntador.
En
casi todos los barrios capitalinos hay bancos y gente dispuesta a probar suerte
en un juego que es ilegal, pero por motivos inexplicables, tolerado.
Los
dígitos ganadores se conocen a través de Telemundo y Univisión, las dos televisoras
hispanas más importantes de Estados Unidos, cuya recepción en la Isla también
es ilícita.
Sin
embargo sobran distribuidores y clientes dispuestos a pagar por una señal que
incluye cuatro canales.
Así
que el proletariado que la revolución educó en los principios del
marxismo-leninismo no llegaría desprovisto de habilidades a un entorno similar
al de la llamada Ciudad del Pecado.
El
entrenamiento recibido durante más de medio siglo tal vez no sea suficiente,
pero su utilidad para salir airoso frente a las máquinas tragaperras, el bingo,
la quiniela y la ruleta, se da por descontado.
Para
cerrar con broche de oro el proyecto que da vueltas en las neuronas del señor
Dudash, están disponibles miles de prostitutas que por el momento deben
conformarse con pagos simbólicos o en especie, de eventuales clientes foráneos
o nacionales que aprovechan los desbalances del mercado. Demasiada oferta, pese
a las prohibiciones legales existentes.
De
aquí a que el propósito del presidente de la compañía con sede en Chicago, IHT
Wealth Management, trasponga los límites de la quimera y comience a
estructurarse en algún punto de la geografía de la urbe capitalina, la
disponibilidad de ninfas criollas dispuestas a vender al mejor postor sus
servicios, tiende a superar los estimados más conservadores.
Aunque
se carece de datos fiables sobre las mujeres y hombres que han hecho de tales
prácticas un modo de vida, es fácil colegir que se trata de un fenómeno
sociológico de gran envergadura.
Nadie
que viva en Cuba y con un mínimo de sentido común podría objetar que la
disponibilidad para vender placeres carnales va cuesta arriba.
En
el diseño esbozado a grandes rasgos por Dudash en Forbes ya están los
potenciales apostadores y varias legiones de “chicas alegres”, dispuestos a trabajar
con todo el empeño del mundo.
Solo
falta que caigan las talanqueras del embargo y que el heredero de Raúl Castro
dé su consentimiento con un sí rotundo o haciéndose el disimulado.
Al
menos para la segunda condición hay que esperar hasta el 2018. Año en que el
general de ejército abandonará la presidencia.
¿Se
arrogaría Raúl Castro el derecho al veto detrás del trono?
Es
posible que sí.
Frente
a tales conjeturas estaría bien moderar las expectativas de que La Habana
llegue a estrenarse como la segunda Capital del Entretenimiento Mundial, antes
que concluya el 2020.

