DEMOCRACIA UNIPARTIDISTA.
Jorge Olivera Castillo.
Con
la toma de posesión de los 17 integrantes de la Comisión Nacional Electoral
echó a andar la maquinaria “democrática” del castrismo.
De
más está decir que se trata de un nuevo capítulo donde la legitimidad del
sistema llega a través del fraude y el miedo.
Se
sabe que en el proceso electivo no habrá problemas con el abstencionismo.
El
ambiente asegura una participación masiva. Los ciudadanos con edad para ejercer
el voto lo hacen aunque sea con una disimulada mueca de desprecio. Ausentarse
no es rentable. Nadie quiere caer en desgracia por actitudes que indiquen un
menoscabo de la conciencia revolucionaria.
Con
esos truenos, una apertura política en Cuba bajo la batuta del
general-presidente sigue siendo algo tan fantasioso como un cuento de los
hermanos Grimm.
Como
bien explica el Granma, para el venidero abril serán elegidos los delegados de
las asambleas municipales del Poder Popular, de donde saldrán sus presidentes y
vicepresidentes, los miembros de sus comisiones permanentes y de los Consejos
Populares que por un período de dos años
y medio ejercerán el gobierno.
Este
planteamiento habría que finalizarlo con una pregunta impostergable: ¿Cuáles
son los resultados en beneficio de la población de los funcionarios elegidos en
cada una de las circunscripciones?
De
veras que muy pocos más allá de las promesas incumplidas y de los aplazamientos
de las soluciones por las más burdas razones.
Año
tras año, la mediocridad y el clientelismo de la burocracia que se alterna en
los puestos políticos a nivel municipal y provincial acentúan o pasan por alto
los dramas existenciales de miles de familias en todo el país.
El
desempeño de los funcionarios del Poder Popular, tanto los que están o los que
alzarán con el triunfo en los comicios de la próxima primavera, raramente tienen
algo en común con la transparencia y la honestidad.
Al
dejar el cargo, casi todos han resuelto gran parte de sus necesidades a costa
del desvío de recursos y otras triquiñuelas que alimentan los molinos de la
anarquía.
La
verdadera contrarrevolución se agazapa en esas trincheras donde no falta la
patriotería y los simulados compromisos con la ideología vigente. Esos rejuegos que intentan presentar como un
ejercicio de democracia participativa apenas sirven para disimular el fracaso
del modelo.
Quien
salga electo en esas votaciones es lo de menos.
El
quid de la cuestión radica en que las cosas seguirán igual o peor para los
electores y mejor para los que consigan ser electos para “sacrificarse” por el
socialismo. Son las reglas del juego. Y es obvio que no van a cambiar por el
momento.
Está
claro que la nomenclatura no tiene intenciones de ir desmontando el muro del
unipartidismo. Su propósito es sellar las grietas y adornarlo con los
materiales disponibles.
No hay comentarios:
Publicar un comentario