Fariseísmo
a la carta.
Jorge
Olivera Castillo.
El
reverendo cubano Raúl Suárez ha puesto sus cartas sobre la mesa.
Ha
dicho que Dios estaba presente en los aquelarres que protagonizaron los
representantes del gobierno de la Isla, él incluido, en las actividades del
Foro Paralelo previo a la Cumbre de las Américas, celebrada recientemente en
Panamá.
Entre
el despliegue solariego que incluyó groserías, gestos obscenos, golpizas y
gritos patrioteros, estaba el espíritu del Señor, según afirma el pastor
bautista devenido en emisario de Satán.
¿Qué
otro calificativo merece un religioso que se congratula de participar en actos
tan bochornosos?
¿Qué
doctrina religiosa defiende tras haberse convertido en un activo miembro de las
turbas encabezadas por el ex-ministro de cultura, Abel Prieto, con el fin de
anular por la fuerza bruta a quienes fueron a exponer puntos de vista sin
compromisos a priori con ningún gobierno?
Con
su actitud, Raúl Suárez vuelve a descalificarse. No es la primera vez que
muestra, con patético orgullo, sus afectos a la ideología gubernamental.
En
las declaraciones ofrecidas al sitio oficial La Jiribilla, el susodicho, dicho
en buen cubano. “le puso la tapa al pomo”.
No
pudo contener su amor por el régimen que aplica sin vacilaciones el garrote.
Con
sus palabras bendijo las conductas incivilizadas que se han hecho rutinarias
dentro de las fronteras insulares contra la oposición pacífica y la sociedad
civil independiente.
Es,
aunque lo niegue, un falso servidor de Dios. Alguien que utiliza el evangelio
para justificar las peores causas.
Los
puntos de vista expresados en el portal digital oficialista, quedan como
evidencias de sus rastreras adhesiones.
Está
bien que no estuviera de acuerdo con las ideas de los representantes de la Isla
que no comulgan con el dogma del partido único, pero enrolarse en las pandillas
que, incluso, pregonaban el linchamiento, es un insulto a las Sagradas
Escrituras.
En
vez de ser promotor del diálogo como herramienta en la solución de conflictos,
Suárez apuesta por la violencia en todas sus formas.
Si
algo no admite controversias es que los demonios estuvieron de fiesta en
Panamá. El supuesto seguidor de Cristo, contribuyó a abrirles las puertas para
que entraran por legiones.
Su
lenguaje lo delata como un fiel soldado del modelo político cuya génesis es el
ateísmo.
La
religión que profesa es un velo para matizar el odio que siente hacia
coterráneos que buscan refundar la nación sobre bases incluyentes y racionales.
Es
una pena enterarse de la afinidad de este pastor con el salvajismo que hubo en
la capital istmeña por parte de los cromañones de la “única y legítima sociedad
civil cubana”.
Él
se empeña en decir que vio a Dios en el centro de las barahúndas.
Las
imágenes que transmitieron por la televisión cubana de los incidentes
certifican que el Ángel de las Tinieblas estaba allí vestido de gala y riendo a
mandíbula batiente.
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