viernes, 10 de abril de 2015

política


                  OPOSICIÓN LEAL, ¿A QUÉ Y A QUIÉN?
                                               Jorge Olivera Castillo.
Es sin dudas la alternativa que cobra auge en los márgenes del atrincheramiento político del partido comunista.
Más allá de las teorizaciones sobre una nueva perspectiva dentro del marco institucional vigente que facilite, a mediano plazo, el ejercicio de algunos derechos sociales, cívicos y políticos hoy criminalizados, o sujetos a estrictas limitaciones, se vislumbra una apuesta por articular una especie de modelo más tolerante en términos relativos.
Podría interpretarse como una de las premisas del post castrismo, que incluye la connivencia con ciertos sectores del capital transnacional sin abandonar del todo la arquitectura autoritaria.
El nacionalismo, el avance en la descentralización económica y la exclusión de la oposición tradicional, por carecer de una proyección patriótica y en defensa de la soberanía nacional, según rezan algunos de los planteamientos del proyecto de marras, que por cierto ha obtenido no pocas credenciales en la escena internacional, son otros de los postulados sobre los cuales vale la pena meditar y convencerse del peligro de una monopolización que obnubile las posibilidades de otras alternativas.
Fundamentado en un lenguaje conciliador y de indudable solidez intelectual, el discurso de la llamada oposición leal, llega a persuadir y a crear una especie de encantamiento, fundamentalmente, en personalidades e instituciones de prestigio, allende los mares, interesados en la problemática cubana.

De no haber una revisión a fondo de las tácticas y estrategias de las agrupaciones que se enfrenan, desde hace más de tres décadas y a cara descubierta, al poder hegemónico del partido único y sus entidades afines, se corre el riesgo de quedar, dicho en buen cubano, “colgados de la brocha”. Es decir abandonados a su suerte o en una especie de limbo donde se les escuchará por pura cortesía, sin que de estos diálogos se deriven en apoyos reales o necesarias legitimaciones.
Así de sencilla es la realidad que puede sobrevenir en medio de los recurrentes conflictos personales, llevados a la palestra pública sin una pizca de moderación y respeto mutuo, propuestas sin un mínimo de credibilidad o imposibles de concretar en plazos razonables, amén de la reiteración de argumentaciones que lejos de atraer prosélitos motivan el rechazo, abierto o disimulado, en los respectivos auditorios.
Está ampliamente comprobado que un llamado a tomar las calles con la intención de reivindicar libertades o exigir la renuncia de Raúl Castro, no pasa de ser un acto heroico sin resultados de envergadura.
La abrumadora diferencia de fuerzas y medios en beneficio de la dictadura, debería ser motivo para llevar a la práctica nuevas ideas más apegadas a las circunstancias, más creativas y menos identificadas con caprichos, personalismos y todo lo que ha afectado la unidad en un mismo propósito: la democratización del país.
Es elemental, hoy más que nunca, la profesionalización del discurso de la oposición tradicional, pues la oposición leal no es cualquier cosa.
 Urge una reflexión sin medias tintas sobre cada uno de los errores que desafortunadamente se repiten.
El tiempo disponible demanda rectificaciones inmediatas. Pasar por alto esta sugerencia sería cederle más terreno a quienes pretenden borrar tantos años de sacrificios en aras de refundar la nación con una dosis mayor de racionalidad.
Sería bueno conocer a fondo ¿a qué y a quién? son leales los integrantes de eso que ciertas personas identifican como el germen de un bipartidismo que sirva como tapadera democrática.
Desde el punto de vista personal, siempre tendré mis dudas sobre coterráneos que no han tenido reparos en hacerse eco de las diatribas gubernamentales contra la sociedad civil independiente y los opositores pacíficos.
Eso suena a oportunismo barato.
oliverajorge75@yahoo.com               
 
        


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