POSTERGACIONES, ¿HASTA CUÁNDO?
Jorge Olivera Castillo. Sindical Press.
La economía de Cuba continuará a ras del suelo. Nada de despegues espectaculares y mucho menos elevaciones que dejen atrás los terrenos baldíos de la improductividad.
Raúl Castro nuevamente se ha encargado de avalar la permanencia del desastre.
Apenas hay espacios para el optimismo respecto a una toma de conciencia de la élite política sobre la necesidad de sustituir la retórica y la chapucería por otras dinámicas que le impriman legitimidad y consistencia a un programa de verdaderos cambios estructurales.
En su discurso del 26 de julio, en la ciudad de Guantánamo, el presidente cubano fue enfático al sentenciar que no habrá aumentos de salarios mientras los índices de productividad se mantengan deprimidos, algo que se ajusta a la lógica elemental y para lo cual no parece haber solución a corto plazo.
Es evidente que tras las tibias restructuraciones del modelo socialista, que se llevan a cabo desde hace algunos años, se esconde la vieja mentalidad de una burocracia que todavía conserva su predominio en todos y cada uno de los asuntos de interés nacional.
Por otro lado, existe un antagonismo de difícil superación entre una ideología que quiere preservar sus esencias estalinistas a la vez que se empeña en entreabrirle la puerta al capitalismo.
Al final, los movimientos hacia adelante, solo son parte de un ilusionismo que finalmente deriva en mayores cuotas de desilusión.
¿Qué tipo de avance puede haber ante la simultaneidad de poner un pie en el acelerador y otro en el freno?
Es imposible creerse que la vieja guardia del partido comunista abjure de los fundamentos que han defendido a lo largo de sus provectas vidas.
Las aperturas seguirán siendo mínimas y escrupulosamente seleccionadas de acuerdo a los intereses del pequeño círculo de personas que controlan al país con mano de hierro.
Por tanto, no sería juicioso hacerle mucho caso a los cantos de sirena que acompañan a las transformaciones que tienen lugar en ciertas áreas de la economía.
Nada de eso constituirá un pivote hacia notables mejorías en los ámbitos que competen al ciudadano, sea cual sea sus posición dentro de la escala social.
Dentro de la hoja de ruta pasa salir de los entuertos socioeconómicos, no hay espacios para más remiendos que solo sirven para cubrir los fracasos de forma temporal.
Entre las prioridades para revertir la peligrosa marcha rumbo al abismo, es preciso mencionar la eliminación de decenas de leyes y actitudes absurdas que perpetúan la mediocridad, el miedo y la apatía.
En este aspecto valdría la pena señalar la irracional determinación de ponerle coto a las ganancias obtenidas por esfuerzos personales, en el caso de los trabajadores por cuenta propia, por medio de decretos, leoninas tasas tributarias, engorrosos trámites burocráticos y el acoso de funcionarios estatales. Esto termina proporcionando mayor cobertura a la corrupción y al descontento, entre otros fenómenos que contribuyen a acelerar el declive de un sistema al borde de una implosión.
La ratificación de los Pactos de Derechos Civiles y Políticos, así como los concernientes a los Económicos, Sociales y Culturales serían pasos a celebrar como un auténtico punto de partida hacia una forma de gobierno más coherente y flexible.
El reemplazo de la confrontación maliciosa y el dogmatismo por una cultura de tolerancia y sensatez, conviene a todos los cubanos.
Salvar el país de la catástrofe, debería ser el denominador común para gobernantes y gobernados.
¿Cederán los mandamases? .No parece que tal decisión esté dentro de los límites de sus preferencias.
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