viernes, 10 de agosto de 2012

PÓLVORA Y PLOMO


                                                  PÓLVORA Y PLOMO.
                                                                           Jorge Olivera Castillo
El riesgo de morir baleado en La Habana se traduce en una preocupación real para muchas personas. Los peligros aumentan en las barriadas pobres, donde la marginalidad se conjuga con otros factores desencadenantes, tales como el excesivo consumo de alcohol, la distorsión de las creencias de origen Abakuá por parte de las nuevas generaciones, en el hecho de rendirle culto a la violencia en sus facetas más brutales; y el crecimiento del tráfico de estupefacientes.
Muchas de las controversias que terminan en refriegas mortales, están asociadas al control del negocio de las drogas. Usurpaciones de áreas, dineros no pagados en tiempo y forma entre las bandas, son solo un par de motivos para que  las tensiones escalen hasta un nivel que ensombrece la relativa tranquilidad ciudadana.
Las puñaladas y los tiroteos no cesan de escenificarse en los municipios Habana Vieja, Centro Habana, Guanabacoa, Cerro y San Miguel del Padrón, por solo citar algunas localidades capitalinas con una alta incidencia delictiva.
El sábado 28 de Julio a las 6 de la tarde, los pistoletazos sellaron la calma en la intersección de las calles de Damas y San Isidro y sus alrededores.
Vecinos del lugar, perteneciente al barrio de Belén, en La Habana Vieja, aseguran que fue algo terrible.
“Yo no me explico, cómo fue que no hubo más muertos. Los tiros silbaban como en las películas policíacas”, contaba una mujer que pudo cobijarse a tiempo dentro de su habitación con puerta a la calle.
“Mi hija y yo nos metimos debajo de la cama. Ella todavía está nerviosa. No es para menos”, añadió.
Otras personas que residen en esa cuadra, describieron con similares versiones un hecho que tuvo como protagonistas a varios hombres.
“Uno murió de un balazo en el pecho y otro quedó muy grave”, afirmó un joven que pudo ver la escena desde la persiana del apartamento donde reside.
“Tenía miedo, pero la curiosidad por ver aquello, era mayor. Un familiar de uno de los implicados me informó sobre el único fallecimiento y el estado crítico del otro”.
Una fuente cercana a la policía que pidió el anonimato, se hizo eco de la preocupación que existe dentro de la institución a causa del aumento de estos incidentes y el número de armas de fuego en poder de los delincuentes.
Al observar en su conjunto la realidad socioeconómica del país, es lógico que proliferen este tipo de eventos que marcan pautas en un declive con amplias posibilidades de generar problemas más complejos.
Es viable pensar en el caos. El potencial para que se materialicen revueltas incontrolables crece en la medida del agotamiento de un discurso político incapaz de generar esperanzas en una población descreída y apática.
La marginalidad actual tiene sus causales en el fomento de ideas a las que les pusieron el membrete de socialistas, pero que en esencia eran puro barniz.
La podredumbre emerge por todos lados con muy pocos remedios para controlar esos flujos que ayudan a promover las dudas y el pesimismo en torno a la factibilidad de que el partido comunista pueda revertir sus fracasos.
Andar La Habana, no es el simple título de un programa conducido por el historiador Eusebio Leal, donde saca a relucir la historia colonial de la ciudad desde una perspectiva ajena a valoraciones imparciales que pongan al desnudo los graves diagnósticos en materia arquitectónica, servicios sociales básicos, entre una vasta suma de desastres.         
Al enmarcar la frase en la actualidad, esta se convierte en una irónica invitación a pasear por edificios ruinosos, charcos de aguas inmundas, baches inmemoriales, sin olvidar los pistoletazos y las cuchilladas que se han establecido como medios, cada vez más habituales, para dirimir cualquier desavenencia.
Esa Habana que no aparece en las exposiciones de Leal ni en las voces de los guías turísticos, se revela como un vivo retrato de la Cuba real. Un país en retroceso, aunque la propaganda se esmere en desdibujar un país modelo.
Se comenta que todos los pistoleros que participaron en la refriega de la Habana Vieja, ya están bajo arresto. Eso no es suficiente.
Otros deben estar acicalando sus armas para usarlas en el momento preciso. No hay dudas de que el descontrol es general.
El creciente número de personas en posesión de armas de pequeño calibre, invita a pensar que los almacenes militares no están a salvo de la habilidad de los mercaderes de la economía subterránea.
¿De dónde salen esas armas?  .Desafortunadamente nunca se explican los pormenores de estos casos en la prensa oficial.
Hay que recurrir a la imaginación o tener  la suerte de encontrarse con fuentes fidedignas que estén dispuestas a ofrecer informaciones, a cambio de ocultar su identidad, sobre estas peligrosas compraventas.


     
              
    
      

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