jueves, 23 de agosto de 2012

Burocracia.

                                          
                                            LOS ZAPATOS DE RAINIER
                                                                       Jorge Olivera Castillo.
Nada de Adidas, Nike o Reebok  y muchos menos un par de Oxford de piel de cocodrilo obsequiados por algún turista, de alcurnia, que eligió algunos de los cayos del litoral norte cubano para pasar sus vacaciones.
Por fin Reinier Zulueta calza el par de botas que le permite reintegrarse a sus labores como ayudante en la Empresa de Construcción y Reparación de la Industria del Níquel (ECRIN), con sede en la provincia de Holguín, situada a 700 kilómetros al este de la capital.
Este trabajador fue separado temporalmente de su trabajo por carecer de los zapatos apropiados para llevar a cabo sus responsabilidades.
El caso, que apareció en el semanario Trabajadores en su edición del 20 de agosto, indica la reiteración de eventos que pudiesen considerarse afines a algunas de las escenas de los mejores comediantes del mundo, pero el realismo de los hechos modifica esa percepción. Sin pensarlo dos veces el asunto tiene más de tragedia que de comicidad.
Al conocer que el atribulado, no recibía un módulo de botas desde el 4 de abril del 2011, es presumible que tuvo que arreglárselas por sus propios medios para mantenerse en su puesto hasta el 6 de junio del 2012; día en que fue cesanteado hasta tanto no calzara sus pies de acuerdo a las normas establecidas.
¿Insistiría en laborar descalzo o en chancletas?  .Es legítimo pensar en ambas alternativas ante uno de los obstáculos que la burocracia fabrica en serie y sin pausas a lo largo y ancho del país.
No se sabe si por casualidad, por gestiones de la especialista que se encarga de tramitar estos asuntos, o por demandas, seguramente airadas del afectado, la solución llegó el 26 de junio, 20 días después del dictamen que lo apartó de su centro de trabajo.
De publicarse todas las incongruencias que ocurren en centenares de instituciones (todas estatales), no bastarían todas las páginas de los tres diarios de alcance nacional.
Las expectativas en torno a estas problemáticas, no favorecen soluciones rápidas y duraderas.
El ambiente es factible para que sigan desarrollándose los disparates que hace muchísimo tiempo traspasaron lo circunstancial para convertirse en un patrón con apenas excepciones.
Es indiscutible que las tribulaciones de Rainier, no ocuparían los primeros lugares si alguien decidiera organizar estos acontecimientos atendiendo a los niveles de absurdo.
El suceso es solo una piedrecilla en medio de un derrumbe que sus promotores (el gobierno) no tienen voluntad ni talento para remediarlo.
Aunque desde las tribunas se prediquen las mismas promesas, que adelantan un futuro de gloria, las ruinas tienen voz propia y relevos asegurados.
El fracaso del socialismo no necesita anuncios. La prensa oficial ofrece algunas evidencias de estas realidades inmunes a las dudas con el fin de minimizar las críticas debido a las tradicionales coberturas triunfalistas.  
Antes de concluir, algo me preocupa: ¿Cuántos meses le durarán los zapatos a Rainier?
¿Podrá permanecer en su empleo en lo que queda del 2012? 
Debería ir proyectando otras soluciones de emergencia.
       
          


    


 

represión.


                                           LA VIDA DE NOSOTROS.
                                                                     Jorge Olivera Castillo.
Por estos días he evocado, más de una vez, el nombre del guionista y director cinematográfico alemán, Florian Henckel von Donnersmarck.
Una desafortunada concurrencia de causas me han arrojado a los interiores de un mundo que él supo recrear en el celuloide con una mezcla de talento y buen tino a la hora de elegir el tema, los actores y sobre todo hilvanar un discurso dramatúrgico que cala en lo más profundo de los sentimientos.
Fue en el 2006 que este notable representante del Séptimo Arte, nacido en la ciudad de Colonia en 1973, le regaló al mundo el inolvidable filme, La vida de los otros.
Quizás su obra más conocida y que se alza como referente de inestimable valor para conocer parte de las arbitrariedades y bajezas cometidas por los servicios de la Contrainteligencia en la desaparecida República Democrática Alemana (RDA) con el fin de quebrar la voluntad de los disidentes reales o potenciales.
Basta consumir los 144 minutos de fotogramas, para convencerse de la capacidad destructiva de esos regímenes en que el corpus ideológico de un partido se convierte en dogma a obedecer sin cuestionamientos. Ni hablar de la impunidad y la corrupción moral dentro de un organismo que se erige en el poder real, capaz de llevar a cabo cualquier acción con tal de evitar el crecimiento de las acciones contestatarias.  
A cada infracción le corresponde una variedad de castigos que incluyen la muerte, si es que así lo determinan los “dioses” que han salido de las entrañas del marxismo-leninismo para prevalecer en la historia y en el tiempo.
Para los alemanes es un recuerdo amargo aquella existencia plagada de suspicacias y desvelos ante la posibilidad de ser huésped de un calabozo, por semanas o meses, a la espera de ser condenado por supuestos delitos contra la seguridad del estado.
Gracias a los imperativos del destino, las generaciones post Muro de Berlín entraron a esos infiernos a través de las anécdotas que rompen los límites entre la realidad y la ficción, tal y como lo hizo este cineasta, que será recordado por recrear, desde el arte y sin panfleto, una suma de hechos que exponen con lujo de detalles algunas de las zonas más abominables de la conducta humana, cuando desaparecen los blindajes cívicos, el pluralismo político y libertad económica.  
Sobre el tema aquí tratado debo hablar en primera persona.
Aparte de las afinidades en el proceder de los verdugos germanos, excelentemente representados en el filme, y quienes los imitan  dentro de la Isla, es preciso exponer ante la opinión pública el recrudecimiento de esos métodos en Cuba que transgreden de manera sistemática y flagrante la integridad física y espiritual del miles de personas.
No sé porqué la policía política ha decidido estrechar el chequeo contra quien suscribe estas líneas y mi colega Víctor Domínguez, también escritor y periodista independiente.
Desde hace aproximadamente 15 días, varios agentes vienen acosando a algunos de mis familiares, visitándolos en sus casas e indagando sobre detalles de mi vida, aparte de hacerles alusiones humillantes con el objetivo de manchar mi reputación.
Tales medidas se extienden a amistades cercanas, así como al personal que labora en entidades de la gastronomía estatal que regularmente visitamos Víctor y yo, donde conversamos sobre futuros planes relacionados con las actividades del Club de Escritores que ambos dirigimos e intercambiamos sobre temas literarios, sin dejar fuera otros asuntos de interés común.
¿Se atreverán a envenenarnos con alguna sustancia tóxica mezclada con los alimentos que consumimos en estos locales?, ¿Cuántas fotografías nos habrán tomado para editar uno de esos bodrios audiovisuales que transmiten por la televisión que buscan anular el prestigio de las personas que se oponen o critican el sistema?
¿Nos echarán de esos sitios por ser, según el argot establecido, connotados contrarrevolucionarios?
Ningún desenlace de esta ofensiva persecutoria debe ser descartado. Los escrúpulos no son parámetros a tener en cuenta por personas que no escatiman recursos ni metodologías para eliminar o marginar a sus adversarios.
El trabajo sucio está en proceso. El mundo se enterará de los pormenores de otro de los productos que salen de los talleres del odio. La más eficiente de las instituciones del post- totalitarismo cubano.
Parafraseando el titulo de la genial película de Florian Henckel von Donnersmarck, continúan en peligro La vida de nosotros.
La de los miles de cubanos que abogamos por una Cuba diferente, sin partido único y con derechos plenos para todos.

viernes, 10 de agosto de 2012

POSTERGACIONES.

                                       POSTERGACIONES, ¿HASTA CUÁNDO?
                                                                     Jorge Olivera Castillo.
La economía de Cuba continuará a ras del suelo. Nada de despegues espectaculares y mucho menos elevaciones que dejen atrás los terrenos baldíos de la improductividad.
Raúl Castro nuevamente se ha encargado de avalar la permanencia del desastre.
Apenas hay espacios para el optimismo respecto a una toma de conciencia de la élite política sobre la necesidad de sustituir la retórica y la chapucería por otras dinámicas que le impriman legitimidad y consistencia a un programa de verdaderos cambios estructurales.
En su discurso del 26 de julio, en la ciudad de Guantánamo, el presidente cubano fue enfático al sentenciar que no habrá aumentos de salarios mientras los índices de productividad se mantengan deprimidos, algo que se ajusta a la lógica elemental y para lo cual no parece haber solución a corto plazo.
Es evidente que tras las tibias restructuraciones del modelo socialista, que se llevan a cabo desde hace algunos años, se esconde la vieja mentalidad de una burocracia que todavía conserva su predominio en todos y cada uno de los asuntos de interés nacional.
Por otro lado, existe un antagonismo de difícil superación entre una ideología que quiere preservar sus esencias estalinistas a la vez que se empeña en entreabrirle la puerta al capitalismo.
Al final, los movimientos hacia adelante, solo son parte de un ilusionismo que finalmente deriva en mayores cuotas de desilusión.
¿Qué tipo de avance puede haber ante la simultaneidad de poner un pie en el acelerador y otro en el freno?
Es imposible creerse que la vieja guardia del partido comunista abjure de los fundamentos que han defendido a lo largo de sus provectas vidas.
Las aperturas seguirán siendo mínimas y escrupulosamente seleccionadas de acuerdo a los intereses del pequeño círculo de personas que controlan al país con mano de hierro.
Por tanto, no sería juicioso hacerle mucho caso a los cantos de sirena que acompañan a las transformaciones que tienen lugar en ciertas áreas de la economía.
Nada de eso constituirá un pivote hacia notables mejorías en los ámbitos que competen al ciudadano, sea cual sea sus posición dentro de la escala social.
Dentro de la hoja de ruta pasa salir de los entuertos socioeconómicos, no hay espacios para más remiendos que solo sirven para cubrir los fracasos de forma temporal.
Entre las prioridades para revertir la peligrosa marcha rumbo al abismo, es preciso mencionar la eliminación de decenas de leyes y actitudes absurdas que perpetúan la mediocridad, el miedo y la apatía.
En este aspecto valdría la pena señalar la irracional determinación de  ponerle coto a las ganancias obtenidas por esfuerzos personales, en el caso de los trabajadores por cuenta propia, por medio de decretos, leoninas tasas tributarias, engorrosos trámites burocráticos y el acoso de funcionarios estatales. Esto termina proporcionando mayor cobertura a la corrupción y al descontento, entre otros fenómenos que contribuyen a acelerar el declive de un sistema al borde de una implosión.
La ratificación de los Pactos de Derechos Civiles y Políticos, así como los concernientes a los Económicos, Sociales y Culturales serían pasos a celebrar como un auténtico punto de partida hacia una forma de gobierno más coherente y flexible. 
El reemplazo de la confrontación maliciosa y el dogmatismo por una cultura de tolerancia y sensatez, conviene a todos los cubanos.
Salvar el país de la catástrofe, debería ser el denominador común para gobernantes y gobernados.
¿Cederán los mandamases?   .No parece que tal decisión esté dentro de los límites de sus preferencias.
oliverajorge75@yahoo.com             
     
 
     
  
  

PÓLVORA Y PLOMO


                                                  PÓLVORA Y PLOMO.
                                                                           Jorge Olivera Castillo
El riesgo de morir baleado en La Habana se traduce en una preocupación real para muchas personas. Los peligros aumentan en las barriadas pobres, donde la marginalidad se conjuga con otros factores desencadenantes, tales como el excesivo consumo de alcohol, la distorsión de las creencias de origen Abakuá por parte de las nuevas generaciones, en el hecho de rendirle culto a la violencia en sus facetas más brutales; y el crecimiento del tráfico de estupefacientes.
Muchas de las controversias que terminan en refriegas mortales, están asociadas al control del negocio de las drogas. Usurpaciones de áreas, dineros no pagados en tiempo y forma entre las bandas, son solo un par de motivos para que  las tensiones escalen hasta un nivel que ensombrece la relativa tranquilidad ciudadana.
Las puñaladas y los tiroteos no cesan de escenificarse en los municipios Habana Vieja, Centro Habana, Guanabacoa, Cerro y San Miguel del Padrón, por solo citar algunas localidades capitalinas con una alta incidencia delictiva.
El sábado 28 de Julio a las 6 de la tarde, los pistoletazos sellaron la calma en la intersección de las calles de Damas y San Isidro y sus alrededores.
Vecinos del lugar, perteneciente al barrio de Belén, en La Habana Vieja, aseguran que fue algo terrible.
“Yo no me explico, cómo fue que no hubo más muertos. Los tiros silbaban como en las películas policíacas”, contaba una mujer que pudo cobijarse a tiempo dentro de su habitación con puerta a la calle.
“Mi hija y yo nos metimos debajo de la cama. Ella todavía está nerviosa. No es para menos”, añadió.
Otras personas que residen en esa cuadra, describieron con similares versiones un hecho que tuvo como protagonistas a varios hombres.
“Uno murió de un balazo en el pecho y otro quedó muy grave”, afirmó un joven que pudo ver la escena desde la persiana del apartamento donde reside.
“Tenía miedo, pero la curiosidad por ver aquello, era mayor. Un familiar de uno de los implicados me informó sobre el único fallecimiento y el estado crítico del otro”.
Una fuente cercana a la policía que pidió el anonimato, se hizo eco de la preocupación que existe dentro de la institución a causa del aumento de estos incidentes y el número de armas de fuego en poder de los delincuentes.
Al observar en su conjunto la realidad socioeconómica del país, es lógico que proliferen este tipo de eventos que marcan pautas en un declive con amplias posibilidades de generar problemas más complejos.
Es viable pensar en el caos. El potencial para que se materialicen revueltas incontrolables crece en la medida del agotamiento de un discurso político incapaz de generar esperanzas en una población descreída y apática.
La marginalidad actual tiene sus causales en el fomento de ideas a las que les pusieron el membrete de socialistas, pero que en esencia eran puro barniz.
La podredumbre emerge por todos lados con muy pocos remedios para controlar esos flujos que ayudan a promover las dudas y el pesimismo en torno a la factibilidad de que el partido comunista pueda revertir sus fracasos.
Andar La Habana, no es el simple título de un programa conducido por el historiador Eusebio Leal, donde saca a relucir la historia colonial de la ciudad desde una perspectiva ajena a valoraciones imparciales que pongan al desnudo los graves diagnósticos en materia arquitectónica, servicios sociales básicos, entre una vasta suma de desastres.         
Al enmarcar la frase en la actualidad, esta se convierte en una irónica invitación a pasear por edificios ruinosos, charcos de aguas inmundas, baches inmemoriales, sin olvidar los pistoletazos y las cuchilladas que se han establecido como medios, cada vez más habituales, para dirimir cualquier desavenencia.
Esa Habana que no aparece en las exposiciones de Leal ni en las voces de los guías turísticos, se revela como un vivo retrato de la Cuba real. Un país en retroceso, aunque la propaganda se esmere en desdibujar un país modelo.
Se comenta que todos los pistoleros que participaron en la refriega de la Habana Vieja, ya están bajo arresto. Eso no es suficiente.
Otros deben estar acicalando sus armas para usarlas en el momento preciso. No hay dudas de que el descontrol es general.
El creciente número de personas en posesión de armas de pequeño calibre, invita a pensar que los almacenes militares no están a salvo de la habilidad de los mercaderes de la economía subterránea.
¿De dónde salen esas armas?  .Desafortunadamente nunca se explican los pormenores de estos casos en la prensa oficial.
Hay que recurrir a la imaginación o tener  la suerte de encontrarse con fuentes fidedignas que estén dispuestas a ofrecer informaciones, a cambio de ocultar su identidad, sobre estas peligrosas compraventas.


     
              
    
      

OJO POR OJO


                                                    
                                                           OJO POR OJO.
                                                                            Jorge Olivera Castillo.
El afán por destruir y amargarle la vida al prójimo, más allá de conducta pasajeras, es hoy en Cuba algo que se practica masivamente sin distinciones de edad y sexo.
 No solo voy a referirme al hecho de arruinarles la tranquilidad a los vecinos con altavoces que semejan andanadas de grueso calibre en forma de reggaetón, salsa o baladas, casi siempre arrojadas al éter sin acicalamientos sonoros. Lo importante es el alcance de la onda expansiva de decenas de canciones programadas para torturar a la mayor cantidad de personas posible.
Para colmo de males hay veces que la impugnación al escándalo es otro escándalo similar, también a golpe de estridencias musicales. Cuando suceden estas luchas a nivel de cuadra, el infierno resulta ser una ridícula analogía.
Aunque se llame la atención en los medios de prensa sobre el asunto y existan leyes para multar a los transgresores, estos ejemplos de incivilidad se multiplican.
Procurar soluciones personales a través de la persuasión, es una vía segura para enfrentar groserías y agresiones físicas de parte de los infractores.
La proliferación de actitudes como las aquí descritas, se insertan dentro del proceso involutivo generalizado, en que los parámetros de educación formal exhiben una caída en picada muy difícil de restablecer en la medida que se sigan prolongando los plazos para la iniciación de los respectivos cambios estructurales.
Hace pocos días leía en el periódico Juventud Rebelde la alerta de un ciudadano llamado Vladimir residente en la localidad de Remedios, ubicada en el centro del país, en relación al “canibalismo” de que es objeto el estadio de béisbol.
De nada sirvió el remozamiento de la instalación, ocurrido en el 2010. Según el autor de la denuncia publicada en la sección Acuse de Recibo, han sido robados varios metros de cerca, bloques, entre otros elementos constructivos.
Lo penoso de la situación es que esto ocurre en cualquier sitio de la geografía cubana, sin exceptuar ningún área. Hasta las entidades que brindan servicio al turismo internacional se encuentran a merced del saqueo, aunque a menor escala, en comparación con lo que ocurre en el resto de empresas, fábricas, escuelas, hospitales y espacios al aire libre.     
Las campañas de concientización para que se cuiden y respeten las propiedades del estado, es decir más del 90 %, caen en oídos sordos.
Con total seguridad es factible afirmar que existe una cultura del despojo. Lo que se repara hoy, es destruido mañana. Pudiera parecer una interpretación tendenciosa, pero la realidad fundamenta las opiniones más sombrías.
Es raro observar una escuela sin los ventanales destruidos, despintada y el piso mugriento. Las mismas coordenadas sirven para la red hospitalaria que incluye camas destartaladas, lámparas sin bombillas e inodoros también despojados de parte de sus piezas.
En el edificio donde vivo, apenas quedan barandas en la escalera y a la puerta le han arrancado la cerradura en tres oportunidades.
Ni los bancos de concreto en los parques, se salvan de la destrucción. Sustituir la madera por el cemento con el fin de evitar la rotura o el despojo, no ha tenido los resultados previstos.
Tales incidencias continúan produciéndose en toda la Isla. Parece una catarsis colectiva. Una manera de desquitarse los golpes que reparte meticulosamente el socialismo real.
En cualquier momento, la anarquía puede romper los diques y desbordarse con la furia de un tsunami. El desastre está en ciernes.
Aquí seguimos como equilibristas en el alero, por culpa de una claque de tarambanas encaramados en la cima del poder.
 Abajo, sombras y concavidades. El abismo.  


    

      
        


lunes, 6 de agosto de 2012

postergaciones


                                       POSTERGACIONES, ¿HASTA CUÁNDO?
                                                                     Jorge Olivera Castillo. Sindical Press.
La economía de Cuba continuará a ras del suelo. Nada de despegues espectaculares y mucho menos elevaciones que dejen atrás los terrenos baldíos de la improductividad.
Raúl Castro nuevamente se ha encargado de avalar la permanencia del desastre.
Apenas hay espacios para el optimismo respecto a una toma de conciencia de la élite política sobre la necesidad de sustituir la retórica y la chapucería por otras dinámicas que le impriman legitimidad y consistencia a un programa de verdaderos cambios estructurales.
En su discurso del 26 de julio, en la ciudad de Guantánamo, el presidente cubano fue enfático al sentenciar que no habrá aumentos de salarios mientras los índices de productividad se mantengan deprimidos, algo que se ajusta a la lógica elemental y para lo cual no parece haber solución a corto plazo.
Es evidente que tras las tibias restructuraciones del modelo socialista, que se llevan a cabo desde hace algunos años, se esconde la vieja mentalidad de una burocracia que todavía conserva su predominio en todos y cada uno de los asuntos de interés nacional.
Por otro lado, existe un antagonismo de difícil superación entre una ideología que quiere preservar sus esencias estalinistas a la vez que se empeña en entreabrirle la puerta al capitalismo.
Al final, los movimientos hacia adelante, solo son parte de un ilusionismo que finalmente deriva en mayores cuotas de desilusión.
¿Qué tipo de avance puede haber ante la simultaneidad de poner un pie en el acelerador y otro en el freno?
Es imposible creerse que la vieja guardia del partido comunista abjure de los fundamentos que han defendido a lo largo de sus provectas vidas.
Las aperturas seguirán siendo mínimas y escrupulosamente seleccionadas de acuerdo a los intereses del pequeño círculo de personas que controlan al país con mano de hierro.
Por tanto, no sería juicioso hacerle mucho caso a los cantos de sirena que acompañan a las transformaciones que tienen lugar en ciertas áreas de la economía.
Nada de eso constituirá un pivote hacia notables mejorías en los ámbitos que competen al ciudadano, sea cual sea sus posición dentro de la escala social.
Dentro de la hoja de ruta pasa salir de los entuertos socioeconómicos, no hay espacios para más remiendos que solo sirven para cubrir los fracasos de forma temporal.
Entre las prioridades para revertir la peligrosa marcha rumbo al abismo, es preciso mencionar la eliminación de decenas de leyes y actitudes absurdas que perpetúan la mediocridad, el miedo y la apatía.
En este aspecto valdría la pena señalar la irracional determinación de  ponerle coto a las ganancias obtenidas por esfuerzos personales, en el caso de los trabajadores por cuenta propia, por medio de decretos, leoninas tasas tributarias, engorrosos trámites burocráticos y el acoso de funcionarios estatales. Esto termina proporcionando mayor cobertura a la corrupción y al descontento, entre otros fenómenos que contribuyen a acelerar el declive de un sistema al borde de una implosión.
La ratificación de los Pactos de Derechos Civiles y Políticos, así como los concernientes a los Económicos, Sociales y Culturales serían pasos a celebrar como un auténtico punto de partida hacia una forma de gobierno más coherente y flexible. 
El reemplazo de la confrontación maliciosa y el dogmatismo por una cultura de tolerancia y sensatez, conviene a todos los cubanos.
Salvar el país de la catástrofe, debería ser el denominador común para gobernantes y gobernados.
¿Cederán los mandamases?   .No parece que tal decisión esté dentro de los límites de sus preferencias.
oliverajorge75@yahoo.com