LOS ZAPATOS DE RAINIER
Jorge Olivera Castillo.
Nada de Adidas, Nike o Reebok y muchos menos un par de Oxford de piel de cocodrilo obsequiados por algún turista, de alcurnia, que eligió algunos de los cayos del litoral norte cubano para pasar sus vacaciones.
Por fin Reinier Zulueta calza el par de botas que le permite reintegrarse a sus labores como ayudante en la Empresa de Construcción y Reparación de la Industria del Níquel (ECRIN), con sede en la provincia de Holguín, situada a 700 kilómetros al este de la capital.
Este trabajador fue separado temporalmente de su trabajo por carecer de los zapatos apropiados para llevar a cabo sus responsabilidades.
El caso, que apareció en el semanario Trabajadores en su edición del 20 de agosto, indica la reiteración de eventos que pudiesen considerarse afines a algunas de las escenas de los mejores comediantes del mundo, pero el realismo de los hechos modifica esa percepción. Sin pensarlo dos veces el asunto tiene más de tragedia que de comicidad.
Al conocer que el atribulado, no recibía un módulo de botas desde el 4 de abril del 2011, es presumible que tuvo que arreglárselas por sus propios medios para mantenerse en su puesto hasta el 6 de junio del 2012; día en que fue cesanteado hasta tanto no calzara sus pies de acuerdo a las normas establecidas.
¿Insistiría en laborar descalzo o en chancletas? .Es legítimo pensar en ambas alternativas ante uno de los obstáculos que la burocracia fabrica en serie y sin pausas a lo largo y ancho del país.
No se sabe si por casualidad, por gestiones de la especialista que se encarga de tramitar estos asuntos, o por demandas, seguramente airadas del afectado, la solución llegó el 26 de junio, 20 días después del dictamen que lo apartó de su centro de trabajo.
De publicarse todas las incongruencias que ocurren en centenares de instituciones (todas estatales), no bastarían todas las páginas de los tres diarios de alcance nacional.
Las expectativas en torno a estas problemáticas, no favorecen soluciones rápidas y duraderas.
El ambiente es factible para que sigan desarrollándose los disparates que hace muchísimo tiempo traspasaron lo circunstancial para convertirse en un patrón con apenas excepciones.
Es indiscutible que las tribulaciones de Rainier, no ocuparían los primeros lugares si alguien decidiera organizar estos acontecimientos atendiendo a los niveles de absurdo.
El suceso es solo una piedrecilla en medio de un derrumbe que sus promotores (el gobierno) no tienen voluntad ni talento para remediarlo.
Aunque desde las tribunas se prediquen las mismas promesas, que adelantan un futuro de gloria, las ruinas tienen voz propia y relevos asegurados.
El fracaso del socialismo no necesita anuncios. La prensa oficial ofrece algunas evidencias de estas realidades inmunes a las dudas con el fin de minimizar las críticas debido a las tradicionales coberturas triunfalistas.
Antes de concluir, algo me preocupa: ¿Cuántos meses le durarán los zapatos a Rainier?
¿Podrá permanecer en su empleo en lo que queda del 2012?
Debería ir proyectando otras soluciones de emergencia.