LAS ATINADAS CRÍTICAS DE LECH WALESA.
Jorge Olivera Castillo.
El ex presidente polaco ha dicho recientemente lo que por mucho tiempo se viene comentando en algunos círculos de la sociedad civil alternativa sin que aflore a la palestra pública a causa de los temores de ser tildado de chivato o agente encubierto de la policía política.
Walesa, en entrevista con Televisión Martí no ha tenido reparos en expresar sus críticas al trabajo de la oposición cubana en un período que sin dudas habría que considerar como el epílogo del castrismo.
El ex líder del Sindicato Solidaridad que desplazó al general Jaruzelski del poder en 1990, para instaurar una democracia en Polonia tras décadas de tutelaje soviético, puso en perspectiva errores del movimiento contestatario que han impedido avances de gran calado en el terreno político.
La tónica de su intervención revela, más allá de las preocupaciones por los fallidos planes integradores y otros sucesos que frenan el desarrollo de estrategias fundamentadas sobre bases objetivas, un recelo de que las cosas vayan a cambiar a favor del sentido común, en especial la no repetición de deslices que retrasan o mantienen estancada la marcha hacia la consolidación de un proyecto político cohesionado, en un futuro cada día más cercano.
Las apuestas por el sectarismo o la egolatría, se podrían citar como dos fenómenos, no los únicos, que sumados al hostigamiento, las golpizas y todo el arsenal a disposición de los agentes y colaboradores de policía política, obran como catalizadores de un escenario opositor que apenas sobrepasa la categoría de lo meramente testimonial. El porciento de cubanos que militan en agrupaciones prodemocráticas, no obstante haber crecido respecto a décadas anteriores, no consigue reunir las características indispensables para erigirse en un referente político de peso.
La inundación de proyectos por el cambio no es sinónimo de que las cosas estén marchando por los carriles apropiados.
En política real, no son suficientes las buenas intenciones. Se necesita de basamentos teóricos sustentables a partir de un análisis del contexto sin que los excesos de subjetivismos coadyuven a un paulatino o súbito desvanecimiento de los fines propuestos.
Es necesario que se imponga una reflexión profunda sobre el papel a desempeñar en un escenario muy poco favorable al empleo de tácticas de presión como por ejemplo la lucha pacífica en las calles.
Si las posibilidades de alcanzar una masa crítica en este tipo de enfrentamientos, es casi nula, debido al control de los agentes de la Contrainteligencia y el miedo generalizado de la población, es menester la búsqueda de alternativas más efectivas en aras de evitar el malgasto de energías, tiempo y recursos.
No es justo menospreciar el capital simbólico de cada sacrificio frente a fuerzas monumentalmente superiores, pero la realidad objetiva marca las pautas por encima de pasiones y empeños quijotescos.
Quizás me lleve una o varias reprimendas de algunos colegas por exponer mis puntos de vista en torno a estos asuntos tan sensibles.
Lo hago porque me preocupa que tantos años de total dedicación, de sufrimientos, de verticalidad moral ante las embestidas del poder totalitario, se pierdan por una lamentable sucesión de desenfoques.
Sin pensarlo dos veces me uno a las preocupaciones de Lech Walesa en relación a la problemática abordada en la entrevista que concedió a la periodista Vannesa Ruiz de Televisión Martí.
Es hora de alinearse y de abandonar posturas que contribuyen a ampliar las divisiones.
La puerilidad argumental en no pocas disensiones, da pie al desconcierto y a la pesadumbre. Es hora de abandonar esos lastres.
El momento demanda redoblar la responsabilidad, la circunspección y la perspicacia, ante los complejos eventos que se avecinan
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