miércoles, 20 de febrero de 2013

inmigración


                                          PERMISOS Y DENEGACIONES.
                                                                          Jorge Olivera Castillo.
Ya retumban los primeros portazos en el perímetro de las nuevas regulaciones migratorias.
La selectividad, que precede a la humillación, está a la orden del día. No hay dudas de que el permiso de salida sigue vigente. De Cuba salen las personas que decidan los jerarcas del Ministerio del Interior.
Lo que algunos presumieron sería un paso trascendental en el lento desmontaje del sistema comunista, deben estar convencidos de que el asunto no deja de ser otra maniobra enfilada a garantizar la supervivencia del sistema por medio de la puntual generación de falsas expectativas.
La lista negra en la base de datos de las computadoras que operan y supervisan los oficiales y subalternos del Departamento de Inmigración, debe ocupar unos cuantos gigabytes.
Miles de ciudadanos quizás ni sospechen, que sus nombres figuran en la nómina de los proscritos. Es decir que sus anhelos de viajar más allá de las fronteras nacionales se mantienen en su estado primigenio. Solo a través de un arduo ejercicio mental abordarán un vuelo Habana-Madrid u otros itinerarios que se amontonan en sus neuronas desde hace décadas.   
A poco más de un mes de entrar en vigor la referida ley, ya existen tres denegaciones al parecer irrevocables.
Entre los privados del derecho a entrar y salir del país se encuentran Ángel Moya Acosta, José Daniel Ferrer García y Gisela Delgado Sablón.
Los dos primeros por no haber extinguido su larga sanción carcelaria, certificada por un tribunal durante el mes de abril de 2003, como parte del proceso internacionalmente conocido como la Primavera Negra.
En el caso de Gisela que dirige el Proyecto de Bibliotecas Independientes y es la esposa de Héctor Palacios Ruiz, un veterano opositor también sancionado en aquella farsa judicial que afectó a 75 líderes contestatarios, la denegación se produce por pertenecer a una agrupación “contrarrevolucionaria”.
Es oportuno aclarar que aunque ninguno de los 16 condenados en los juicios sumarios de 2003 se encuentra tras las rejas, me refiero a los que optamos por quedarnos en Cuba, la condena no ha expirado. Los precarios límites de la libertad penden de una Licencia Extrapenal que no anula el dictamen de la fiscalía. O sea que el régimen puede ordenar un retorno a la prisión sin tener que recurrir a un nuevo juicio.
No obstante existe la posibilidad de obtener un permiso especial para beneficiarse de un viaje al exterior, tal como ocurrió en el pasado con Héctor Palacios y Gisela Delgado, que pudieron viajar fuera del país con fines médicos, específicamente para el tratamiento de las afectaciones físicas de Palacios, agravadas por las duras condiciones del cautiverio.
Sin embargo en medio de las funestas señales, la bloguera disidente Yoani Sánchez recibió el consentimiento de las autoridades para realizar, según ha manifestado públicamente, un largo periplo, que incluye a Estados Unidos, además de  varias naciones latinoamericanas y de Europa.
Asimismo, Eliécer Ávila, otro joven bloguero que rompió con el régimen poco después de concluir sus estudios en la elitista Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), ya se encuentra en Suecia.
Espero que no bajen del avión a Yoani, tal y como le ocurrió al disidente Carlos Menéndez, hace algunos años, mientras se disponía a viajar temporalmente a Estados Unidos.
Una lectura de tales procedimientos inclina a pensar en la potenciación de la rivalidad  y la suspicacia entre las filas de los grupos prodemocráticos.
¿Por qué unos sí y otros no?
La pregunta da pie a muchas conjeturas. No es nada fácil descubrir la verdad de lo que acontece en relación al tema.
Precisamente ese es el propósito. Como diríamos en buen cubano: enredar más la pita.
   


 

     
                        
                             LAS ATINADAS CRÍTICAS DE LECH WALESA.
                                                                         Jorge Olivera Castillo.
El ex presidente polaco ha dicho recientemente  lo que por mucho tiempo se viene comentando en algunos círculos de la sociedad civil alternativa sin que aflore a la palestra pública a causa de los temores de ser tildado de chivato o agente encubierto de la policía política.
Walesa, en entrevista con Televisión Martí no ha tenido reparos en expresar sus críticas  al trabajo de la oposición cubana en un período que sin dudas habría que considerar como el epílogo del castrismo.
El ex líder del Sindicato Solidaridad que desplazó al general Jaruzelski del poder en 1990, para instaurar una democracia en Polonia tras décadas de tutelaje soviético, puso en perspectiva errores del movimiento contestatario que han impedido avances de gran calado en el terreno político.
La tónica de su intervención revela, más allá de las preocupaciones por los fallidos planes integradores y otros sucesos que frenan el desarrollo de estrategias fundamentadas sobre bases objetivas, un recelo de que las cosas vayan a cambiar a favor del sentido común, en especial la no repetición de deslices que retrasan o mantienen estancada la marcha hacia la consolidación de un proyecto político cohesionado, en un futuro cada día más cercano.
Las apuestas por el sectarismo o la egolatría, se podrían citar como dos fenómenos, no los únicos, que sumados al hostigamiento, las golpizas y todo el arsenal a disposición de los agentes y colaboradores de policía política, obran como catalizadores de un escenario opositor que apenas sobrepasa la categoría de lo meramente testimonial. El porciento de cubanos que militan en agrupaciones prodemocráticas, no obstante haber crecido respecto a décadas anteriores, no consigue reunir las características indispensables para erigirse en un referente político de peso. 
La inundación de proyectos por el cambio no es sinónimo de que las cosas estén marchando por los carriles apropiados.
En política real, no son suficientes las buenas intenciones. Se necesita de basamentos teóricos sustentables a partir de un análisis del contexto sin que los excesos de subjetivismos coadyuven a un paulatino o súbito desvanecimiento de los fines propuestos.
Es necesario que se imponga una reflexión profunda sobre el papel a desempeñar en un escenario muy poco favorable al empleo de tácticas de presión como por ejemplo la lucha pacífica en las calles.
Si las posibilidades de alcanzar una masa crítica en este tipo de enfrentamientos, es casi nula, debido al control de los agentes de la Contrainteligencia y el miedo generalizado de la población, es menester la búsqueda de alternativas más efectivas en aras de evitar el malgasto de energías, tiempo y recursos.
No es justo menospreciar el capital simbólico de cada sacrificio frente a fuerzas monumentalmente superiores, pero la realidad objetiva marca las pautas por encima de pasiones y empeños quijotescos.
Quizás me lleve una o varias reprimendas de algunos colegas por exponer mis puntos de vista en torno a estos asuntos tan sensibles.
Lo hago porque me preocupa que tantos años de total dedicación, de sufrimientos, de verticalidad moral ante las embestidas del poder totalitario, se pierdan por una lamentable sucesión de desenfoques.
Sin pensarlo dos veces me uno a las preocupaciones de Lech Walesa en relación a la problemática abordada en la entrevista que concedió a la periodista Vannesa Ruiz de Televisión Martí.
Es hora de alinearse y de abandonar  posturas que contribuyen a ampliar las divisiones.
La puerilidad argumental en no pocas disensiones, da pie al desconcierto y a la pesadumbre. Es hora de abandonar esos lastres.
El momento demanda redoblar la responsabilidad, la circunspección y la perspicacia, ante los complejos eventos que se avecinan
oliverajorge75@yahoo.com         
   
 
  
     

           

        

sindical

                                          

                                            AFLOJAR EL TORNIQUETE.
                                                                               Jorge Olivera Castillo.
El relajamiento de las exigencias para formar parte de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), es una muestra más de la crisis generalizada del modelo de socialismo cubano.
Esto evidencia el fracaso de los soportes ideológicos del sistema de partido único que  obliga a pensar en dos alternativas a mediano plazo: el desmontaje gradual o el súbito derrumbe de una de las instituciones de cardinal importancia en la estructura de poder.
Los parches propagandísticos y el exacerbado adoctrinamiento en los núcleos de la entidad, que agrupa según informes oficiales a alrededor de 600 mil jóvenes en toda la Isla y que pretendieron al menos ralentizar las deserciones y el creciente rechazo a enrolarse en las nóminas de la organización política, han mostrado su fracaso.
La artificialidad del dogma comunista, a pesar de haber sido codificado como una opción perdurable y eficaz por sus fundadores, queda hoy como un intento fallido en el proceso de construir una nación modélica.
El tránsito a hurtadillas hacia el capitalismo de estado deja en la estacada  la ortodoxia que marcó el derrotero de una revolución malograda por la voluntad de un caudillo.
El declive biológico de los encumbrados miembros de la nomenclatura junto a la influencia de la globalización, a pesar de las talanqueras y los filtros, permite avizorar un futuro con todos los atributos de una democracia.
Todo el arsenal de ideas apuntaladas con sermones cada vez más desactualizados, quedan solo como material para burlas y menosprecios, incluso dentro de las filas de la UJC.
Que José Machado Ventura, uno de los pilares del conservadurismo oficial, haya anunciado los cambios, confirma una derrota que pretenden diluir con fintas retóricas con tal de hacerla menos visible a los ojos de un pueblo que atiborraron de infelices promesas, medias verdades y triunfalismos de pacotilla.
Ahora, de acuerdo a las nuevas estipulaciones, los militantes pueden viajar al extranjero sin la anuencia de sus superiores y formar parte de la agrupación sin tener vínculos laborales o de estudio, algo impensable hasta el pasado año.
Con tales medidas tan diametralmente opuestas a lo que se predicó desde su fundación en los primeros años de la década del 60 del siglo XX, es razonable esperar una caída notable en la influencia de la entidad, que entre sus herramientas proselitistas siempre figuró el clientelismo y un número significativo de presiones que incluyeron la marginación laboral y social de los apóstatas.




Lo acordado en el I primer Pleno del Comité Nacional de la UJC, define las pautas de una estrategia impuesta por condicionamientos históricos y políticos y no por el deseo de quienes han gobernado el país como si fuera su hacienda particular, durante casi 11 lustros.
No hay dudas de que las transformaciones que se llevan a cabo son irreversibles. Obviamente que tratarán de aminorar su impacto, pero a la postre cualquier esfuerzo resultará inútil.
Los efectos de las parciales liberalizaciones son el principio del fin. A tono con esta problemática, me atrevería a asegurar que los actuales jóvenes comunistas figurarán entre los más aguerridos detractores de un socialismo que nos vendieron como una parcela del paraíso.
Paso a paso nos enrumbamos  hacia el pluripartidismo y la economía de mercado. Muy poco de lo que predijo Fidel Castro al declarar la vía socialista del proceso revolucionario en 1961, se ha cumplido.
Cuba es hoy un paradigma del caos, una destartalada  pieza a adaptar en los complejos mecanismos mundiales, con las desventajas que esto entraña a causa de la dilatada resistencia a abandonar los carriles de la utopía.
El legado de Fidel Castro carecerá de aplausos. Los denuestos puede que derriben violentamente los diques de la cordura.
A pesar del miedo, no son pocas las impugnaciones contra el hombre que languidece golpeado por la senectud y observando el descalabro de su proyecto político.
oliverajorge75@yahoo.com            
    
   

   
   

violencia


                         EL PELIGROSO  RECICLAJE DE LA VIOLENCIA.
                                                                       Jorge Olivera Castillo. Sindical Press.
Los escarmientos físicos ordenados o ejecutados por la policía política contra los actos de desobediencia civil se multiplican. 
Es raro no enterarse de alguna incidencia relacionada con este proceder en el transcurso de cada semana.
El arsenal de los verdugos, a tiempo completo o alquilados para la ocasión, se amplía pavorosamente.
Aparte de puñetazos, empellones y patadas,  las tundas a aplicar con brutalidad cavernaria, incluyen maderos, cabillas entre otros objetos contundentes.
Ni hablar de las ráfagas de insultos, groserías y amenazas de muerte que conforman la banda sonora de estos aquelarres.
Lo más trágico de todo este espectáculo es que las víctimas preferidas suelen ser mujeres indefensas, en este caso integrantes del grupo de las Damas de Blanco que insisten en manifestarse en las calles, en reclamo del respeto a los derechos humanos y la libertad de los presos políticos.
Entre los últimos sucesos vinculados a esta infausta aplicación de la fuerza bruta, se podría citar una reciente denuncia de la opositora Sara Marta Fonseca en su cuenta de Twitter: “Recibí golpes en la cabeza, espalda, brazos, estoy mareada”.
Valga aclarar que no fue la única mujer, integrante de esta agrupación contestataria que recibió este último miércoles 13 de febrero su cuota de golpes y denuestos por empeñarse en recordar el nacimiento de Laura Pollán, una de las fundadoras de la entidad prodemocrática,  que murió el 14 de octubre de 2011 a los 62 años de edad tras ser ingresada de urgencia en un hospital habanero a causa de complicaciones diabéticas, fiebre y otros trastornos provocados por el  constante asedio de la policía política.
El crecimiento en espiral de las golpizas se enmarca dentro de una tendencia que comenzó desde los inicios de un socialismo que hace tiempo huele a podrido.
Aún se recuerda el uso masivo de estas aproximaciones al linchamiento durante el éxodo masivo por el puerto del Mariel, ocurrido en el verano de 1980.
En aquella oportunidad se llegaron a ejecutar varios crímenes contra personas que solo anhelaban marcharse del país.
Tanto la premeditación como la alevosía adquirieron dimensiones incalificables. Todas las atrocidades perpetradas contaron con el respaldo total de quienes todavía gobiernan en Cuba.
Apaleamientos y lapidaciones se ejecutaron con saña sin detenerse en la edad o el sexo de los “culpables”.
Ese continuo reciclaje de la violencia verbal y física como política de estado, se ha esparcido por buena parte del tejido social.
El aumento de los altercados, algunas veces mortales, entre vecinos o familiares y el uso de formas cada vez más brutales por los delincuentes que optan por el robo con violencia como medio para saciar sus perversiones, tiene sus vínculos con una filosofía  que a través de los años ha alimentado el odio en sus diversas gradaciones, la envidia y todas las abyecciones posibles de la raza humana.
Por estos días, muy cerca de donde resido, anda un ladrón presto a apolismar a cualquiera con un trozo de cabilla.
Ya ha consumado varios hechos vandálicos con sus correspondientes secuelas. En una de sus últimas correrías, al ser sorprendido en la madrugada por el morador de la vivienda en que se encontraba, le endilgó un batacazo en el cráneo que lo mantiene semiconsciente en una sala de terapia intensiva. No se sabe si ya fue capturado.
Armas blancas, bates de béisbol, pedruscos y cuanto sea útil para causar el mayor daño son utilizados con pasmosa regularidad por jóvenes y adultos con el propósito de ponerle punto final a las desavenencias o como método que garantice el éxito del despojo en el caso de los atracadores, un grupo social que adquiere notoriedad en las calles cubanas.
La violencia sobrepasa con creces los límites de su connotación semántica para inscribirse como estandarte de una cultura incapaz de  reproducir valores cívicos, éticos y morales de cardinal importancia en la consolidación de cualquier proyecto político serio.
Así está Cuba tras recorrer el largo camino del socialismo real.