PERMISOS Y DENEGACIONES.
Jorge Olivera Castillo.
Ya retumban los primeros portazos en el perímetro de las nuevas regulaciones migratorias.
La selectividad, que precede a la humillación, está a la orden del día. No hay dudas de que el permiso de salida sigue vigente. De Cuba salen las personas que decidan los jerarcas del Ministerio del Interior.
Lo que algunos presumieron sería un paso trascendental en el lento desmontaje del sistema comunista, deben estar convencidos de que el asunto no deja de ser otra maniobra enfilada a garantizar la supervivencia del sistema por medio de la puntual generación de falsas expectativas.
La lista negra en la base de datos de las computadoras que operan y supervisan los oficiales y subalternos del Departamento de Inmigración, debe ocupar unos cuantos gigabytes.
Miles de ciudadanos quizás ni sospechen, que sus nombres figuran en la nómina de los proscritos. Es decir que sus anhelos de viajar más allá de las fronteras nacionales se mantienen en su estado primigenio. Solo a través de un arduo ejercicio mental abordarán un vuelo Habana-Madrid u otros itinerarios que se amontonan en sus neuronas desde hace décadas.
A poco más de un mes de entrar en vigor la referida ley, ya existen tres denegaciones al parecer irrevocables.
Entre los privados del derecho a entrar y salir del país se encuentran Ángel Moya Acosta, José Daniel Ferrer García y Gisela Delgado Sablón.
Los dos primeros por no haber extinguido su larga sanción carcelaria, certificada por un tribunal durante el mes de abril de 2003, como parte del proceso internacionalmente conocido como la Primavera Negra.
En el caso de Gisela que dirige el Proyecto de Bibliotecas Independientes y es la esposa de Héctor Palacios Ruiz, un veterano opositor también sancionado en aquella farsa judicial que afectó a 75 líderes contestatarios, la denegación se produce por pertenecer a una agrupación “contrarrevolucionaria”.
Es oportuno aclarar que aunque ninguno de los 16 condenados en los juicios sumarios de 2003 se encuentra tras las rejas, me refiero a los que optamos por quedarnos en Cuba, la condena no ha expirado. Los precarios límites de la libertad penden de una Licencia Extrapenal que no anula el dictamen de la fiscalía. O sea que el régimen puede ordenar un retorno a la prisión sin tener que recurrir a un nuevo juicio.
No obstante existe la posibilidad de obtener un permiso especial para beneficiarse de un viaje al exterior, tal como ocurrió en el pasado con Héctor Palacios y Gisela Delgado, que pudieron viajar fuera del país con fines médicos, específicamente para el tratamiento de las afectaciones físicas de Palacios, agravadas por las duras condiciones del cautiverio.
Sin embargo en medio de las funestas señales, la bloguera disidente Yoani Sánchez recibió el consentimiento de las autoridades para realizar, según ha manifestado públicamente, un largo periplo, que incluye a Estados Unidos, además de varias naciones latinoamericanas y de Europa.
Asimismo, Eliécer Ávila, otro joven bloguero que rompió con el régimen poco después de concluir sus estudios en la elitista Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), ya se encuentra en Suecia.
Espero que no bajen del avión a Yoani, tal y como le ocurrió al disidente Carlos Menéndez, hace algunos años, mientras se disponía a viajar temporalmente a Estados Unidos.
Una lectura de tales procedimientos inclina a pensar en la potenciación de la rivalidad y la suspicacia entre las filas de los grupos prodemocráticos.
¿Por qué unos sí y otros no?
La pregunta da pie a muchas conjeturas. No es nada fácil descubrir la verdad de lo que acontece en relación al tema.
Precisamente ese es el propósito. Como diríamos en buen cubano: enredar más la pita.