jueves, 14 de junio de 2012

                                   ¿A LA CAZA DE TODOS LOS CORRUPTOS?
                                                                      Jorge Olivera Castillo.
Por estos días circulan rumores de un destronamiento masivo de dirigentes en la empresa constructora Puerto Carenas. ¿Las causas?, apoderarse de enormes utilidades por medio de operaciones fraudulentas.
Hasta el momento ninguna información oficial. Nada que indique un mejoramiento sustancial de las normas que regulan la prensa controlada por el Estado, donde los lectores puedan acceder a reportajes y artículos sobre esos hechos.
Los detalles vuelven a ser difundidos por la voz popular, que de tanto viajar de boca en boca terminan degradándose.
No es extraño que debido a la inexistencia de regulaciones éticas, uno o varios integrantes de la espontánea cadena informativa, agreguen datos sobre los hechos con el fin de causar un mayor impacto en los oyentes de su vecindario o de su centro de trabajo. Alrededor del núcleo principal de la noticia proliferan la inexactitud y el tremendismo, pero de esta forma, no obstante sus deficiencias, se cubre un vacío que los comunicadores oficiales no se atreven a llenar.
Impulsados por la curiosidad, hay quienes sin titulación universitaria ni conocimientos empíricos en el área de las comunicaciones, logran resultados satisfactorios en cuanto a delimitar la frontera entre la verdad y las ficciones.
No importa que el asunto, sea cual sea, permanezca en la sombra. El cubano promedio, a fuerza de las circunstancias, se ha convertido en un periodista emergente.
Respecto a esta nueva incidencia, que no es la única ni será la última en el primer semestre del año en curso, de ser completamente ciertos los rumores que cobran fuerza por estos días en la capital, es preciso señalar que el margen de probabilidades para la articulación de esas acciones delictivas es tan alto que las dudas no serían una opción realista.
Sin que hayan aparecido en las planas de algunos de los periódicos de alcance nacional, en el noticiario de la televisión o en la radio, el pueblo conoce de decenas de arrestos y condenas, sobre todo de funcionarios de nivel medio, vinculados a entidades comerciales y de servicios.
Una fuente del Combinado del Este, el centro penitenciario insignia del sistema carcelario cubano, ubicado en la periferia de La Habana, dio a conocer recientemente que el gerente del fastuoso hotel Parque Central, estaba en la nómina de los miles de reclusos que ocupan el recinto.
También, gracias al discreto y azaroso usufructo de los adelantos tecnológicos, circulan a través de memorias- flash, parte de las pruebas del delito, utilizadas contra el directivo de una fábrica de compotas.
Las instantáneas hablan por sí solas. Muebles de lujo, automóviles, lotes de avituallamientos, planta eléctrica de última generación, aire acondicionado central y una incontable suma de productos que no se correspondían con el salario del ahora atribulado funcionario.
Al repasar lo que ocurre en Cuba desde que el General Raúl Castro decretó la lucha frontal contra las corruptelas poco después de asumir oficialmente la presidencia del país en el 2006, se llega a la conclusión de la insolubilidad del problema a partir de la progresiva degeneración ética y moral, fenómeno que también está presente en las filas del partido comunista.
No hay maneras de enmendar lo que se ha establecido como un modo de vida para todos, independientemente del sitio a ocupar en la escala socio-laboral. Una ofensiva a fondo, haría peligrar las frágiles bases de un sistema donde la ilegalidad ha sido parte de una perversa fórmula de gobierno.
Si no hubiesen existido esos márgenes para interactuar en el mercado negro, a estas alturas una explosión social de amplias proporciones sería parte de la historia y no una posibilidad a diluirse en desacertadas teorías. ¿Quién en Cuba puede vivir decentemente con un salario promedio que no llega a 20 dólares mensuales?
Presumiblemente, los perjuicios económicos como consecuencia de los incesantes desvíos de recursos y otras artimañas desarrolladas y perfeccionadas a lo largo de más de 50 años de socialismo real, son cada vez más elevados.
Sin avanzar en una reforma estructural, es imposible cortar las vías que alimentan los robos en todas sus facetas, incluidos los de cuello blanco.
Aunque estas últimas transgresiones parecían ser patrimonio del capitalismo, en las llamadas dictaduras del proletariado, llegaron para quedarse.
La revolución cubana se vacía de contenido en la medida que se acerca su ocaso. Por cada corrupto atrapado, decenas continuarán haciendo de las suyas.
Parece un juego del azar, pero más bien se trata de un proceso selectivo con la finalidad de desincentivar las apetencias de seguir lucrando sin recato.
Se sabe que hay ladrones eximidos de culpas. Gentes que llegaron sin un centavo en los bolsillos y hoy amasan cuantiosas fortunas sin el menor esfuerzo y sin que mediara ninguna herencia.
Son esos los dueños de Cuba. La clase dirigente que se guía por la máxima de: haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago. Esa es la mentalidad que prevalece. Los motivos para confirmar el camino hacia el desastre.
 
     

  
  
     
      
   
 

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