jueves, 14 de junio de 2012

                                                 CHOFERES EN PELIGRO.
                                                                        Jorge Olivera Castillo.
Prestar servicios a altas horas de la noche, es para los choferes particulares cubanos como jugar a la ruleta rusa.
Por supuesto que La Habana no es tan peligrosa como Ciudad México, pero el riesgo de ser desvalijados por una banda de delincuentes, crece por día.
El asunto no termina en la ocupación de lo recaudado en el día. La muerte puede sobrevenir en un abrir y cerrar de ojos. No transigir de inmediato a la demanda de los atracadores, podría ser fatal.
“A mi si no me van a “madrugar” tan fácil. Si el cliente me resulta sospechoso, no me detengo. Prefiero perder dinero antes que exponerme a un mal rato. Esa gente no tiene escrúpulos. Están dispuestos a matar si es preciso”, me decía recientemente el chofer de un Chevrolet  fabricado en 1956 y todavía en óptimas condiciones gracias a los injertos provenientes de vehículos más modernos o fabricados por hábiles torneros.
A través de esta conversación informal, me enteré del caso de dos choferes desaparecidos en las últimas semanas. “Los asaltos están a la orden del día. Al menos yo conozco tres colegas que han pasado por esas experiencias este año. Tienen que darle gracias a Dios por haber tenido la dicha de hacer el cuento”, agregó mi interlocutor.
Los comentarios sobre casos de este tipo, suelen escucharse a menudo, en diversas zonas de la capital.
Frente al cruce de anécdotas, regularmente macabras, es complicado verificar si verdaderamente ocurrieron tal y como lo cuentan las fuentes.
La abstención de los medios de prensa oficiales en darle cobertura a los hechos comprendidos dentro de la llamada crónica roja, establece la preeminencia del rumor como fuente para acceder a una realidad a expensas de la distorsión.
De la sorpresa inicial, mientras se escuchan los pormenores de algún asalto comentado por el vecino u otra persona dispuesta a satisfacer al improvisado auditorio, se pasa a las dudas y de ahí a la indiferencia. ¿No estará exagerando?, ¿De dónde sacó tanta información, si no estaba en el lugar del incidente?
La falta de un buen reportaje que informe y prevenga sobre estas cuestiones, unido a la inconsistencia de los rumores, dan las claves para que existan ciudadanos convencidos de que jamás estarían delante de un grupo de bandidos capaces de perpetrar las peores fechorías.
“La situación no está para tomarla a la ligera. Hay cada vez más pandilleros en La Habana. Por eso yo no me duermo en los laureles. El que se atreva a quitarme mi dinero, le pego un balazo en la cabeza”, indicaba otro conductor, mientras alargaba su mano para mostrarme el arma de fuego, oculta dentro de un compartimiento cercano al timón.
“Yo no voy a poner el muerto. No tengo los mismos reflejos de cuando era joven, pero todavía me defiendo”, añadió el ex Teniente Coronel de las Fuerzas Armadas, devenido en taxista por las dificultades para vivir del dinero de la jubilación.  
Se sabe que esta modalidad de Trabajo por Cuenta Propia, es una de las más lucrativas de las autorizadas por Raúl Castro como parte de la parcial remodelación económica y laboral, que tiene entre sus objetivos evitar la profundización de la crisis.
Las ganancias diarias oscilan entre 600 y 3000 pesos, entre 40 y 200 dólares aproximadamente.
Los delincuentes trazan sus planes de asalto a sabiendas de que obtendrán una buena cantidad de dinero en cada operación.
Ser chofer particular en Cuba, es una suerte que en fracciones de segundos puede convertirse en una desgracia.
      
     

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