NECESIDAD DE DEFINICIONES.
Jorge Olivera Castillo.
En el proceso de una transición, que parece limitarse a ciertas parcelas de la economía y la sociedad es iluso esperar, al menos a corto plazo, reconsideraciones en aspectos relacionados con la esencia de una dinámica que muestra su sentido de emergencia y no el de la voluntad de acometer cambios fundamentales e irreversibles.
Los hechos indican que en el aspecto político no se moverá un ápice. El partido comunista continuará siendo la entelequia que domina todos los espacios de la vida nacional.
Es peligroso confundir los matices “aperturistas” (la existencia de algunas zonas de tolerancia intelectual y artística) con el intríngulis de una maquinaria de poder que ha demostrado su habilidad para superar sus períodos más críticos.
De igual manera habría que pensar respecto a la abreviada descentralización económica y laboral dentro de la cual se permite la realización de negocios particulares. ¿Cómo puede esto funcionar, si el derecho a la propiedad privada permanece bajo los candados de los censores, por solo mencionar una de las trabas más importantes?
Esta es solo una interrogante dentro de un universo de contradicciones que revela los propósitos meramente utilitarios de la clase política que busca ganar tiempo, en vez de fijar los derroteros hacia la superación de una etapa marcada por el artificio y otros desdoblamientos como medios para garantizar la continuidad de una ideología fracasada y no para evitar la fractura de la nación.
El papel de la Iglesia Católica cubana en la evolución de los actuales acontecimientos, no logra definirse, por estar ceñido a un universo de sombras.
Es realmente difícil encontrar respuestas objetivas en un contexto tan enmarañado.
En aras de despejar incógnitas, sería bueno encontrar una respuesta, o mejor una fehaciente demostración, a la pregunta de: ¿es el Cardenal un actor político o un mediador?
Ahora bien, si los opositores pacíficos solamente son tenidos en cuenta por el régimen, para reprimirlos, ¿entonces qué sentido tiene una labor de intermediación?
Valga apuntar que en la discriminación a los líderes contestatarios, no hay excepciones. Ni los más moderados tienen cabida en un escenario que parece estarse estructurando entre el gobierno, la Iglesia y sectores del exilio “respetuoso”, o sea políticamente manejables y necesarios para poner nuevos parches económicos, de caras a mayores dificultades en este rubro a causa de la suspensión de los subsidios venezolanos, de cumplirse los pronósticos sobre la enfermedad terminal que padece Hugo Chávez.
Salvo gestiones de orden humanitario la iglesia ha estado reproduciendo determinados patrones establecidos por el régimen frente a las fuerzas prodemocráticas que pugnan por una remodelación a fondo del sistema, siempre desde una perspectiva gradual y sin violencia.
Cualquier grado de indiferencia ante un ambiente de desamparo, e impunidad sin límites de los victimarios, obliga a interpretaciones desafortunadas, por tratarse de una institución que debería estar junto a las personas que se arriesgan por defender espacios que deberían estar garantizados constitucionalmente.
En aras de salvar su credibilidad, la máximas autoridades del catolicismo en Cuba deberían honrar su hasta ahora más imaginaria que real postura mediadora.
Una fuente cercana a la Iglesia, me confesó la existencia de desacuerdos dentro de la institución con muchas de las posturas asumidas por el Cardenal, desde que comenzó su implicación en un proceso que aun no reúne las suficientes características para identificarlo como una reforma en todo el sentido de la palabra.
Los excesos represivos continúan por el mero hecho de pedir una apertura democrática, una amnistía general o determinarse a ejercer derechos inalienables a contrapelo de las prohibiciones.
Ser equiparada en algunos términos con el opresor, no es una invención cualquiera, es la opinión de miles de cubanos, quizás demasiado radicales en su juicio, pero elementos tienen para elaborar sus críticas, al margen de inexactitudes y desproporciones.
Creo que aún es prematuro juzgar, al menos de forma tan tajante.
La iglesia tiene oportunidades de redimir sus faltas. Solo hace falta que sus principales líderes quieran hacerlo.