jueves, 14 de junio de 2012

                                              NECESIDAD DE DEFINICIONES.
                                                                        Jorge Olivera Castillo.
En el proceso de una transición, que parece limitarse a ciertas parcelas de la economía y la sociedad es iluso esperar, al menos a corto plazo, reconsideraciones en aspectos relacionados con la esencia de una dinámica que muestra su sentido de emergencia y no el de la voluntad de acometer cambios fundamentales e irreversibles.  
Los hechos indican que en el aspecto político no se moverá un ápice. El partido comunista continuará siendo la entelequia que domina todos los espacios de la vida nacional.
Es peligroso confundir los matices “aperturistas” (la existencia de algunas zonas de tolerancia intelectual y artística) con el intríngulis de una maquinaria de poder que ha demostrado su habilidad para superar sus períodos más críticos.
De igual manera habría que pensar respecto a la abreviada descentralización económica y laboral dentro de la cual se permite la realización de negocios particulares. ¿Cómo puede esto funcionar, si el derecho a la propiedad privada permanece bajo los candados de los censores, por solo mencionar una de las trabas más importantes?
Esta es solo una interrogante dentro de un universo de contradicciones que revela los propósitos meramente utilitarios de la clase política que busca ganar tiempo, en vez de fijar los derroteros hacia la superación de una etapa marcada por el artificio y otros desdoblamientos como medios para garantizar la continuidad de una ideología fracasada y no para evitar la fractura de la nación.
El papel de la Iglesia Católica cubana en la evolución de los actuales acontecimientos, no logra definirse, por estar ceñido a un universo de sombras.
Es realmente difícil encontrar respuestas objetivas en un contexto tan enmarañado.
En aras de despejar incógnitas, sería bueno encontrar una respuesta, o mejor una fehaciente demostración, a la pregunta de: ¿es el Cardenal un actor político o un mediador?
Ahora bien, si los opositores pacíficos solamente son tenidos en cuenta por el régimen, para reprimirlos, ¿entonces qué sentido tiene una labor de intermediación?
Valga apuntar que en la discriminación a los líderes contestatarios, no hay excepciones. Ni los más moderados tienen cabida en un escenario que parece estarse estructurando entre el gobierno, la Iglesia y sectores del exilio “respetuoso”, o sea políticamente manejables y necesarios para poner nuevos parches económicos, de caras a mayores dificultades en este rubro a causa de la suspensión de los subsidios venezolanos, de cumplirse los pronósticos sobre la enfermedad terminal que padece Hugo Chávez.
Salvo gestiones de orden humanitario la iglesia ha estado reproduciendo determinados patrones establecidos por el régimen frente a las fuerzas prodemocráticas que pugnan por una remodelación a fondo del sistema, siempre desde una perspectiva gradual y sin violencia.
Cualquier grado de indiferencia ante un ambiente de desamparo, e impunidad sin límites de los victimarios, obliga a interpretaciones desafortunadas, por tratarse de una institución que debería estar junto a las personas que se arriesgan por defender espacios que deberían estar garantizados constitucionalmente.
En aras de salvar su credibilidad, la máximas autoridades del catolicismo en Cuba deberían honrar su hasta ahora más imaginaria que real postura mediadora.
Una fuente cercana a la Iglesia, me confesó la existencia de desacuerdos dentro de la institución con muchas de las posturas asumidas por el Cardenal, desde que comenzó su implicación en un proceso que aun no reúne las suficientes características para identificarlo como una reforma en todo el sentido de la palabra.
Los excesos represivos continúan por el mero hecho de pedir una apertura democrática, una amnistía general o determinarse a ejercer derechos inalienables a contrapelo de las prohibiciones.
Ser equiparada en algunos términos con el opresor, no es una invención cualquiera, es la opinión de miles de cubanos, quizás demasiado radicales en su juicio, pero elementos tienen para elaborar sus críticas, al margen de inexactitudes y desproporciones.
Creo que aún es prematuro juzgar, al menos de forma tan tajante.
La iglesia tiene oportunidades de redimir sus faltas. Solo hace falta que sus principales líderes quieran hacerlo.
oliverajorge75@yahoo.com        

 
     
       


           
      
       
     
                                                 CHOFERES EN PELIGRO.
                                                                        Jorge Olivera Castillo.
Prestar servicios a altas horas de la noche, es para los choferes particulares cubanos como jugar a la ruleta rusa.
Por supuesto que La Habana no es tan peligrosa como Ciudad México, pero el riesgo de ser desvalijados por una banda de delincuentes, crece por día.
El asunto no termina en la ocupación de lo recaudado en el día. La muerte puede sobrevenir en un abrir y cerrar de ojos. No transigir de inmediato a la demanda de los atracadores, podría ser fatal.
“A mi si no me van a “madrugar” tan fácil. Si el cliente me resulta sospechoso, no me detengo. Prefiero perder dinero antes que exponerme a un mal rato. Esa gente no tiene escrúpulos. Están dispuestos a matar si es preciso”, me decía recientemente el chofer de un Chevrolet  fabricado en 1956 y todavía en óptimas condiciones gracias a los injertos provenientes de vehículos más modernos o fabricados por hábiles torneros.
A través de esta conversación informal, me enteré del caso de dos choferes desaparecidos en las últimas semanas. “Los asaltos están a la orden del día. Al menos yo conozco tres colegas que han pasado por esas experiencias este año. Tienen que darle gracias a Dios por haber tenido la dicha de hacer el cuento”, agregó mi interlocutor.
Los comentarios sobre casos de este tipo, suelen escucharse a menudo, en diversas zonas de la capital.
Frente al cruce de anécdotas, regularmente macabras, es complicado verificar si verdaderamente ocurrieron tal y como lo cuentan las fuentes.
La abstención de los medios de prensa oficiales en darle cobertura a los hechos comprendidos dentro de la llamada crónica roja, establece la preeminencia del rumor como fuente para acceder a una realidad a expensas de la distorsión.
De la sorpresa inicial, mientras se escuchan los pormenores de algún asalto comentado por el vecino u otra persona dispuesta a satisfacer al improvisado auditorio, se pasa a las dudas y de ahí a la indiferencia. ¿No estará exagerando?, ¿De dónde sacó tanta información, si no estaba en el lugar del incidente?
La falta de un buen reportaje que informe y prevenga sobre estas cuestiones, unido a la inconsistencia de los rumores, dan las claves para que existan ciudadanos convencidos de que jamás estarían delante de un grupo de bandidos capaces de perpetrar las peores fechorías.
“La situación no está para tomarla a la ligera. Hay cada vez más pandilleros en La Habana. Por eso yo no me duermo en los laureles. El que se atreva a quitarme mi dinero, le pego un balazo en la cabeza”, indicaba otro conductor, mientras alargaba su mano para mostrarme el arma de fuego, oculta dentro de un compartimiento cercano al timón.
“Yo no voy a poner el muerto. No tengo los mismos reflejos de cuando era joven, pero todavía me defiendo”, añadió el ex Teniente Coronel de las Fuerzas Armadas, devenido en taxista por las dificultades para vivir del dinero de la jubilación.  
Se sabe que esta modalidad de Trabajo por Cuenta Propia, es una de las más lucrativas de las autorizadas por Raúl Castro como parte de la parcial remodelación económica y laboral, que tiene entre sus objetivos evitar la profundización de la crisis.
Las ganancias diarias oscilan entre 600 y 3000 pesos, entre 40 y 200 dólares aproximadamente.
Los delincuentes trazan sus planes de asalto a sabiendas de que obtendrán una buena cantidad de dinero en cada operación.
Ser chofer particular en Cuba, es una suerte que en fracciones de segundos puede convertirse en una desgracia.
      
     

                                   ¿A LA CAZA DE TODOS LOS CORRUPTOS?
                                                                      Jorge Olivera Castillo.
Por estos días circulan rumores de un destronamiento masivo de dirigentes en la empresa constructora Puerto Carenas. ¿Las causas?, apoderarse de enormes utilidades por medio de operaciones fraudulentas.
Hasta el momento ninguna información oficial. Nada que indique un mejoramiento sustancial de las normas que regulan la prensa controlada por el Estado, donde los lectores puedan acceder a reportajes y artículos sobre esos hechos.
Los detalles vuelven a ser difundidos por la voz popular, que de tanto viajar de boca en boca terminan degradándose.
No es extraño que debido a la inexistencia de regulaciones éticas, uno o varios integrantes de la espontánea cadena informativa, agreguen datos sobre los hechos con el fin de causar un mayor impacto en los oyentes de su vecindario o de su centro de trabajo. Alrededor del núcleo principal de la noticia proliferan la inexactitud y el tremendismo, pero de esta forma, no obstante sus deficiencias, se cubre un vacío que los comunicadores oficiales no se atreven a llenar.
Impulsados por la curiosidad, hay quienes sin titulación universitaria ni conocimientos empíricos en el área de las comunicaciones, logran resultados satisfactorios en cuanto a delimitar la frontera entre la verdad y las ficciones.
No importa que el asunto, sea cual sea, permanezca en la sombra. El cubano promedio, a fuerza de las circunstancias, se ha convertido en un periodista emergente.
Respecto a esta nueva incidencia, que no es la única ni será la última en el primer semestre del año en curso, de ser completamente ciertos los rumores que cobran fuerza por estos días en la capital, es preciso señalar que el margen de probabilidades para la articulación de esas acciones delictivas es tan alto que las dudas no serían una opción realista.
Sin que hayan aparecido en las planas de algunos de los periódicos de alcance nacional, en el noticiario de la televisión o en la radio, el pueblo conoce de decenas de arrestos y condenas, sobre todo de funcionarios de nivel medio, vinculados a entidades comerciales y de servicios.
Una fuente del Combinado del Este, el centro penitenciario insignia del sistema carcelario cubano, ubicado en la periferia de La Habana, dio a conocer recientemente que el gerente del fastuoso hotel Parque Central, estaba en la nómina de los miles de reclusos que ocupan el recinto.
También, gracias al discreto y azaroso usufructo de los adelantos tecnológicos, circulan a través de memorias- flash, parte de las pruebas del delito, utilizadas contra el directivo de una fábrica de compotas.
Las instantáneas hablan por sí solas. Muebles de lujo, automóviles, lotes de avituallamientos, planta eléctrica de última generación, aire acondicionado central y una incontable suma de productos que no se correspondían con el salario del ahora atribulado funcionario.
Al repasar lo que ocurre en Cuba desde que el General Raúl Castro decretó la lucha frontal contra las corruptelas poco después de asumir oficialmente la presidencia del país en el 2006, se llega a la conclusión de la insolubilidad del problema a partir de la progresiva degeneración ética y moral, fenómeno que también está presente en las filas del partido comunista.
No hay maneras de enmendar lo que se ha establecido como un modo de vida para todos, independientemente del sitio a ocupar en la escala socio-laboral. Una ofensiva a fondo, haría peligrar las frágiles bases de un sistema donde la ilegalidad ha sido parte de una perversa fórmula de gobierno.
Si no hubiesen existido esos márgenes para interactuar en el mercado negro, a estas alturas una explosión social de amplias proporciones sería parte de la historia y no una posibilidad a diluirse en desacertadas teorías. ¿Quién en Cuba puede vivir decentemente con un salario promedio que no llega a 20 dólares mensuales?
Presumiblemente, los perjuicios económicos como consecuencia de los incesantes desvíos de recursos y otras artimañas desarrolladas y perfeccionadas a lo largo de más de 50 años de socialismo real, son cada vez más elevados.
Sin avanzar en una reforma estructural, es imposible cortar las vías que alimentan los robos en todas sus facetas, incluidos los de cuello blanco.
Aunque estas últimas transgresiones parecían ser patrimonio del capitalismo, en las llamadas dictaduras del proletariado, llegaron para quedarse.
La revolución cubana se vacía de contenido en la medida que se acerca su ocaso. Por cada corrupto atrapado, decenas continuarán haciendo de las suyas.
Parece un juego del azar, pero más bien se trata de un proceso selectivo con la finalidad de desincentivar las apetencias de seguir lucrando sin recato.
Se sabe que hay ladrones eximidos de culpas. Gentes que llegaron sin un centavo en los bolsillos y hoy amasan cuantiosas fortunas sin el menor esfuerzo y sin que mediara ninguna herencia.
Son esos los dueños de Cuba. La clase dirigente que se guía por la máxima de: haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago. Esa es la mentalidad que prevalece. Los motivos para confirmar el camino hacia el desastre.