lunes, 9 de enero de 2012

Jarabe retórico

                                      JARABE RETÓRICO PARA INCAUTOS.   
                                                                            Jorge Olivera Castillo.
El sindicalismo oficial se alista para reproducir una nueva ronda de reuniones. Entre enero y febrero en todos los centros laborales del país, se analizarán las características de los planes económicos del presente año.
Los partes de prensa vuelven con las andanadas de adjetivos en cumplimiento de un decreto que llega sin ruidos parásitos, ni reverberaciones que impidan una recepción ideal.
Por esas descargas informativas se sabe que las discusiones serán “trascendentales” y el éxito un complemento vital en la papelería donde se detalla el orden del día. Todo como parte de una fórmula, que en síntesis, no pasa de ser otro fallido intento de curar las heridas de una modelo socio económico que languidece sobre el fango de la mediocridad y bajo la espesa niebla de la soberbia de sus máximos dirigentes.
El secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), Salvador Valdés Mesa, no anda con medias tintas. El tono de sus palabras publicadas recientemente en el periódico Granma, en relación a estos eventos, invita a una esperanza incapaz de legitimarse entre tantas muestras de fracasos.
El asunto de la escasa productividad laboral y cómo acabar con ese lastre, la conciliación y la integralidad de los planes productivos, qué se va a producir y cuáles serán las premisas que guiarán la comercialización, conforman parte de los asuntos a tratar en las asambleas.
Estos puntos no difieren de lo expuesto en reuniones anteriores, sin que haya habido avances de consideración al comparar el tiempo invertido en las discusiones y el número de participantes, incluidas personas provenientes de las más altas instancias políticas del gobierno.
¿Es posible poner en marcha una contratación objetiva, seria, responsable y puntual, tal y como afirma Valdés Mesa, sin un enfrentamiento medular contra el burocratismo y sin replantearse la formulación de nuevas estrategias que acaben con los vicios del centralismo, aún enraizado en la mente de un influyente sector de la élite de poder?
Habría que hacer conjeturas también frente a la solución de los altos niveles de inventarios de mercancías y los casos de producciones terminadas  de alta demanda varadas en los almacenes a causa de la lentitud en la toma de decisiones respecto a la fijación de sus precios.
A esto se añade la cadena de impagos entre las entidades, algo que trae consigo el aumento de la corrupción, entre otros delitos asociados a este fenómeno, con perspectivas poco halagüeñas en el sentido de una disminución sustancial, al menos en el transcurso de este año.





En cuanto al mejoramiento de los salarios y de las condiciones laborales, tampoco existen evidencias que apunten a un progreso más o menos estable. Lo más seguro es que se mantenga la situación actual, con muy pocas excepciones, donde los beneficios carecerían de cifras espectaculares.
Lo mismo podría decirse del ahorro. Sin la autogestión de las empresas del estado, ni el establecimiento de la propiedad privada en sectores no estratégicos, es improbable que se logre desarrollar esa mentalidad en una parte significativa de los trabajadores.
Otro elemento válido para rebajar el índice de los pronósticos favorables radica en la baja tasa de inversiones de capital foráneo, realidad que imposibilita la consolidación del despegue de una economía con serias deficiencias estructurales, y abocada a una profundización de la crisis, de persistir la ralentización de las reformas.
Los planteamientos de Salvador Valdés Mesa ya transitan hacia el olvido. Basta observar el entorno para asegurarse de que no hay otro destino posible para esas retóricas.
Es una pena que sigan usando una técnica que hace mucho tiempo cumplió su fecha de caducidad.
A estas alturas, ¿A quién van a engañar?
                
  

                 

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