DESASTRE EN MAYABEQUE.
Jorge Olivera Castillo. Sindical Press.
La situación dentro de la Granja Pecuaria Zenea, ubicada en la provincia Mayabeque, al sur de la Ciudad de La Habana, explica la disfuncionalidad de un sistema económico que no logra despojarse de los lastres del centralismo.
Es un milagro que todavía exista la referida entidad estatal al conocer las pésimas condiciones laborales, la falta de insumos, entre otras dificultades
que impiden el acceso a la rentabilidad.
La suma de contratiempos es suficiente para tener idea de lo que sucede en gran parte de las entidades agropecuarias del país. Este ejemplo no es un hecho singular, es el canon establecido en más del 50 % del área productiva y de servicios a nivel nacional.
Ante la cascada de evidencias que reafirman la improbabilidad de un éxito, digamos moderado, de las tímidas reformas aplicadas, se podría adelantar que las esperanzas en un crecimiento económico sostenido no pasarán de ser una utopía.
Para asegurarse de la validez de este criterio, es oportuno enumerar algunas de las dificultades presentes en la Granja Pecuaria Zenea.
Como primer detalle valga mencionar el incumplimiento de los planes de entrega de leche el año precedente. Cerca de 10 000 litros del producto dejaron de producirse.
La falta de sentido de pertenencia, la carencia de agua en algunas vaquerías y de repuestos para los ordeños mecánicos, así como de alambre y cercas eléctricas para la protección de las reses, es una mínima exposición de lo que acontece tras los límites de esta cooperativa.
Según declaraciones de la secretaria del buró sindical, hace dos años que no se entrega ropa de trabajo. Por otro lado una de las técnicos veterinarias alega que apenas hay existencias de papel, lápices, bolígrafos, jeringuillas y gomas para bicicletas, el medio de transporte con que cuentan para desempeñar las actividades relacionadas con sus respectivas ocupaciones.
Por si fuera poco uno de los especialistas en control genético, revela que los pocos medios que poseen para cumplir con sus responsabilidades han sido comprados con sus salarios, además de carecer de calculadoras y teléfonos a través de los cuales garantizar el envío de los informes a la empresa.
Como colofón del desastre, un integrante del departamento de producción citó la edad promedio de los técnicos inseminadores, que supera los 50 años sin que haya un número notable de personas más jóvenes con capacidad para ocupar estas plazas en un futuro mediato.
Discusiones aparte, no es previsible que este pliego de insuficiencias vaya a resolverse en pocos meses.
Según la experiencia frente a problemas similares, las soluciones, si acaso, son temporales. En este sentido las únicas que son perdurables son las que aparecen en los medios de comunicación oficiales. El lugar donde se amplifican las quiméricas expectativas del poder.
El semanario Trabajadores no se anota ningún punto al reflejar los pormenores de la asamblea donde salieron a la luz tantos incidentes.
Este medio de prensa es parte del mecanismo que intenta reciclar los mismos artificios.
Ahora, se trata de vender un espíritu crítico que se queda en los bordes de las esencias. Sin los prometidos y postergados cambios estructurales, todo quedará igual.
La eficiencia y la productividad tienen un largo camino por recorrer. Aunque se diga que la carrera es prometedora. Lo más lógico es pensar en una salida en falso o en un irregular trote por el carril equivocado.
El triunfo de las ideas revolucionarias que anuncian desde 1959, es pura ficción. Las metas a alcanzar han sido como la línea del horizonte, inalcanzable.