VANIDADES Y ARTIFICIOS.
Jorge Olivera Castillo
El ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca acaba de lanzar otra potente andanada de falsedades. Tiene plena autoridad para masacrar la inteligencia de todos los cubanos con las municiones harto conocidas.
En la apertura de la XXIX Feria Internacional de La Habana, celebrada en los primeros días de noviembre y a la que asistieron unos 1500 empresarios de 57 países, dijo que el Producto Interno Bruto nacional crecerá hasta un 2,9 por ciento este año.
Su discurso, sigue el esquema de la fábula que amplifica mitos y ofrece el ticket para entrar gratis a un futuro sin los lastres de la escasez y la desesperanza.
Enumerar las veces que han anunciado, a través de las estadísticas, el mejoramiento del nivel de vida de los más de once millones de cubanos, es someterse a un ejercicio tan agotador como una carrera de maratón, pero con la desgracia de efectuarse bajo las inclemencias de un verano tropical.
Si se hubiesen cumplimentado la mitad de los pronósticos de sobreabundantes cosechas, aumento del ganado vacuno, entre un fecunda secuencia de superproducciones de todo tipo, estaríamos en el selecto club de los países más desarrollados del mundo.
Es penoso que se continúe perdiendo el tiempo en adornar un fracaso con secuelas de difícil superación. Hay especialistas que estiman en no menos de un decenio, el tiempo mínimo para salir del atraso industrial y científico- técnico.
La realidad cubana nada tiene en común con las expectativas que el alto funcionario expuso en el evento comercial.
El libertino uso de las matemáticas para calzar el desastre, es un acto huérfano de originalidad y decencia.
Una visita al agromercado, a una fábrica o a cualquier centro educativo o de salud, basta para anular la credibilidad de quienes desde las tribunas predican el evangelio de la prosperidad material y la satisfacción espiritual, siempre postergadas por la fuerza de un conjunto de circunstancias que empujan hacia la involución.
Estas no son interpretaciones que buscan la crítica ligera o la difamación, es simplemente el diagnóstico de un ciudadano de a pie atento a la banda sonora de una tragedia que quieren ocultar con acrobacias verbales, inmunes a una efectiva regeneración y al decoro.
El ministro cubano de comercio exterior, hace el ridículo delante un pueblo que cada vez hace mayor resistencia al aplauso condicionado.
Poco a poco, ceden los temores que facilitan los amoldamientos coyunturales, según la situación a enfrentar.
Los pánicos en ponerle palabras o letras al pensamiento, se reducen en la medida que se devela el cinismo de una nomenclatura sin escrúpulos para enarbolar las banderas de un quimérico éxito y presentarse ante el público con una humildad que recuerda a una caricatura.
De este interminable universo de mentiras, salta a la vista otro detalle no menos importante para determinar la catadura moral de la plutocracia que se sirvió del marxismo-leninismo como escalón para alcanzar esa categoría.
Si el señor Rodrigo Malmierca asevera que el intercambio de mercancías del país con el mundo creció un 27 por ciento, al cierre del último trimestre de 2011, entonces, ¿cómo entender que Cuba es un país férreamente bloqueado por los Estados Unidos?
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