Jorge Olivera Castillo.
Víctor Casaus es un poeta afortunado. Puede salir de Cuba sin enfrentarse a la burocracia militar del Ministerio de Inmigración y Extranjería que otorga los permisos para salir y entrar al país.
En la última semana del mes de Octubre, tuvo el honor de iniciar en el Dickinson College de la ciudad de Carlisle, en Pennsylvania, la 10ma Semana Poética organizada por este centro de estudios.
El historial de Casaus va más allá de sus notables facultades para encabalgar versos. Aparte del talento para incursionar con cierta fortuna en este género literario, también habría que destacar su cercanía a los círculos de poder.
Ha sido durante muchos años un sumiso y eficiente funcionario al servicio de los jerarcas del Ministerio de Cultura que salvo puntuales aperturas, siguen usando una profusa batería de instrumentos de coerción con tal de mantener el control de todos los escritores, artistas e intelectuales.
Son en realidad, muy pocos los que pueden convencer de una completa o parcial independencia en un medio donde las reglas tienen trazos perfectamente definidos.
De una u otra manera tienen, o han tenido en algún momento, que abjurar de creencias, opiniones e incluso motivaciones para llevar al papel sus respectivas obras, con tal de no caer en la lista negra.
Las metodologías para aplicar la censura se escudan en sutilezas que a menudo conducen a análisis que no logran captar las esencias de una realidad con una profusa suma de complejidades. Esto vale para los estudiosos foráneos del panorama cultural cubano, sobre todo tras la irrupción del período revolucionario, más tarde devenido en una dictadura de corte totalitario.
En estos tiempos casi no se emplea el ostracismo ramplón o la condena pública como castigo a los desobedientes. Bastan “sugerencias” para que se aborden o eliminen determinados temas sociales, políticos o culturales con otros interlocutores o en los medios de comunicación, preferiblemente extranjeros.
Quizás las precisiones de las órdenes a cumplir en este sentido, ofrezcan la posibilidad de tocar asuntos controversiales desde perspectivas que no afecten la credibilidad de la alta jerarquía. Dígase, el legado de Fidel y Raúl Castro o la viabilidad del socialismo como sistema.
Es muy difícil sustraerse a este tipo de transacciones donde la autorización para un viaje al extranjero, el beneplácito para publicar un libro, el hecho de recibir el premio nacional de literatura, un automóvil, premios en metálico, estipendios o una computadora, corren a cargo de una estructura encabezada por políticos de alto rango y generales del Ministerio del Interior.
Si la situación se torna complicada para el poder, existen las publicaciones con tiradas mínimas y sin campañas propagandísticas ni otros mecanismos que faciliten la plena inserción del escritor dentro del ámbito literario nacional.
La “suerte” de Víctor Casaus de participar en el evento poético internacional, tiene un precio muy alto.
En el plano personal no tuve ese privilegio, cuando obtuve una beca del Departamento de Literatura de la Universidad de Harvard que me permitiría participar en el curso académico (2010-2011).
La carta de invitación del alto centro de estudios nunca llegó a mis manos. Quedó varada en el Consulado de Cuba en Washington, en la Consultoría Jurídica Internacional en La Habana o en algunas de las oficinas del Ministerio del Interior.
Sin ese documento me fue imposible realizar los pertinentes trámites migratorios.
Esa “suerte” del poeta-funcionario será apenas una minúscula evidencia de sus cuestionables lealtades, cuando aparezcan en los futuros libros de historias, los puntos oscuros de una intelectualidad que, con muy pocas excepciones, optó por el silencio, la doble moral o el pacto con los regentes de este engendro que todavía llaman revolución cubana.
3 comentarios:
Dios te bendiga
Dios te bendiga también, mi hermano.
Dios te bendiga amor está formidable tu blog tendrás muchos seguidores y bendiciones con la ayuda de Dios.
Te amo bendiciones.
Tu media mitad.
nancy alfaya.
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