viernes, 16 de enero de 2015

SOCIEDAD.

                             ¿Enfermedad o hobby?
                                                        Jorge Olivera Castillo.
No sabría si calificar el triunfalismo de la prensa oficial cubana como una enfermedad incurable o un pasatiempo de la cúpula que ordena y manda.
Lo cierto es que las líneas editoriales continúan sin cambios de consideración. 
El país que el Granma describe en sus páginas no tiene similitud alguna con el otro, el real, ese del cual la mayoría busca escapar en lo que sea y como sea.
La misma opinión es válida para el Juventud Rebelde, el semanario Trabajadores, las radioemisoras y los cuatro canales de televisión.
Los llamados a romper con viejos tabúes y ponerle coto a la censura, por parte de funcionarios del gremio y hasta del primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, han quedado sin respuestas concretas.
Ante esa realidad se llega fácilmente a la conclusión que una prensa libre bajo la égida del partido único es tan improbable como una nevada en La Habana.
Desde los medios se siguen legitimando los falsos sobrecumplimientos en casi todos los renglones de la economía y las expectativas en cuanto a la viabilidad del modelo que viene actualizándose, sin prisa pero sin pausa, según afirma periódicamente Raúl Castro para contrarrestar las burlas e incredulidades ante una gestión que parecía más pragmática y eficiente.
El reciente periplo del segundo secretario del Comité Central del Partido, José Ramón Machado Ventura por varias provincias orientales con el fin de alentar al incremento de la producción de azúcar, no añade nada novedoso al arte del engaño.
Se trata de la repetición de un método que quizás sirva para satisfacer el ego de los miembros del liderazgo histórico, encubrir la mediocridad de los burócratas locales, reforzar los temores de los líderes sindicales y obreros en expresar sus descontentos, pero sin ninguna importancia para revertir la mala racha de la principal industria del país.
Entre éxitos virtuales, medias verdades y omisiones que ofenden el sentido común se asienta la trayectoria de un gremio que antes de llenar una cuartilla debe fijarse bien en las instrucciones del Departamento de Orientación Revolucionaria.
A modo de ejemplo, los escasos lectores que existen a lo largo y ancho del país tienen que imaginarse los motivos de la larga ausencia de Fidel.
¿Está vivo?, ¿congelado en una morgue?, ¿postrado y con la mente en blanco?
El Granma y el resto de los órganos de tirada nacional, tienen otros compromisos que atender. Por supuesto que ninguno vinculado al interés del pueblo que lo paga para garantizar la envoltura de los desperdicios y las  acciones que se llevan a cabo después de cualquier necesidad fisiológica.
He oído decir que las lecturas más amenas se concretan sobre el redondel de un inodoro.
Lo afirma Miguel, mi vecino que entre pujo y pujo lee, de punta a cabo, la cartelera de la televisión y la página deportiva.
    



  

POLÍTICA

                          DEMOCRACIA UNIPARTIDISTA.
                                                              Jorge Olivera Castillo.
Con la toma de posesión de los 17 integrantes de la Comisión Nacional Electoral echó a andar la maquinaria “democrática” del castrismo.
De más está decir que se trata de un nuevo capítulo donde la legitimidad del sistema llega a través del fraude y el miedo.
Se sabe que en el proceso electivo no habrá problemas con el abstencionismo.
El ambiente asegura una participación masiva. Los ciudadanos con edad para ejercer el voto lo hacen aunque sea con una disimulada mueca de desprecio. Ausentarse no es rentable. Nadie quiere caer en desgracia por actitudes que indiquen un menoscabo de la conciencia revolucionaria.
Con esos truenos, una apertura política en Cuba bajo la batuta del general-presidente sigue siendo algo tan fantasioso como un cuento de los hermanos Grimm.
Como bien explica el Granma, para el venidero abril serán elegidos los delegados de las asambleas municipales del Poder Popular, de donde saldrán sus presidentes y vicepresidentes, los miembros de sus comisiones permanentes y de los Consejos Populares que por un período  de dos años y medio ejercerán el gobierno.
Este planteamiento habría que finalizarlo con una pregunta impostergable: ¿Cuáles son los resultados en beneficio de la población de los funcionarios elegidos en cada una de las circunscripciones?
De veras que muy pocos más allá de las promesas incumplidas y de los aplazamientos de las soluciones por las más burdas razones.
Año tras año, la mediocridad y el clientelismo de la burocracia que se alterna en los puestos políticos a nivel municipal y provincial acentúan o pasan por alto los dramas existenciales de miles de familias en todo el país.
El desempeño de los funcionarios del Poder Popular, tanto los que están o los que alzarán con el triunfo en los comicios de la próxima primavera, raramente tienen algo en común con la transparencia y la honestidad.
Al dejar el cargo, casi todos han resuelto gran parte de sus necesidades a costa del desvío de recursos y otras triquiñuelas que alimentan los molinos de la anarquía.
La verdadera contrarrevolución se agazapa en esas trincheras donde no falta la patriotería y los simulados compromisos con la ideología vigente.  Esos rejuegos que intentan presentar como un ejercicio de democracia participativa apenas sirven para disimular el fracaso del modelo.
Quien salga electo en esas votaciones es lo de menos.
El quid de la cuestión radica en que las cosas seguirán igual o peor para los electores y mejor para los que consigan ser electos para “sacrificarse” por el socialismo. Son las reglas del juego. Y es obvio que no van a cambiar por el momento.
Está claro que la nomenclatura no tiene intenciones de ir desmontando el muro del unipartidismo. Su propósito es sellar las grietas y adornarlo con los materiales disponibles.