¿Enfermedad o hobby?
Jorge Olivera Castillo.
No
sabría si calificar el triunfalismo de la prensa oficial cubana como una
enfermedad incurable o un pasatiempo de la cúpula que ordena y manda.
Lo
cierto es que las líneas editoriales continúan sin cambios de
consideración.
El
país que el Granma describe en sus páginas no tiene similitud alguna con el
otro, el real, ese del cual la mayoría busca escapar en lo que sea y como sea.
La
misma opinión es válida para el Juventud Rebelde, el semanario Trabajadores,
las radioemisoras y los cuatro canales de televisión.
Los
llamados a romper con viejos tabúes y ponerle coto a la censura, por parte de
funcionarios del gremio y hasta del primer vicepresidente de los Consejos de
Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, han quedado sin respuestas concretas.
Ante
esa realidad se llega fácilmente a la conclusión que una prensa libre bajo la
égida del partido único es tan improbable como una nevada en La Habana.
Desde
los medios se siguen legitimando los falsos sobrecumplimientos en casi todos
los renglones de la economía y las expectativas en cuanto a la viabilidad del
modelo que viene actualizándose, sin prisa pero sin pausa, según afirma periódicamente
Raúl Castro para contrarrestar las burlas e incredulidades ante una gestión que
parecía más pragmática y eficiente.
El
reciente periplo del segundo secretario del Comité Central del Partido, José
Ramón Machado Ventura por varias provincias orientales con el fin de alentar al
incremento de la producción de azúcar, no añade nada novedoso al arte del
engaño.
Se
trata de la repetición de un método que quizás sirva para satisfacer el ego de
los miembros del liderazgo histórico, encubrir la mediocridad de los burócratas
locales, reforzar los temores de los líderes sindicales y obreros en expresar
sus descontentos, pero sin ninguna importancia para revertir la mala racha de
la principal industria del país.
Entre
éxitos virtuales, medias verdades y omisiones que ofenden el sentido común se
asienta la trayectoria de un gremio que antes de llenar una cuartilla debe
fijarse bien en las instrucciones del Departamento de Orientación
Revolucionaria.
A
modo de ejemplo, los escasos lectores que existen a lo largo y ancho del país
tienen que imaginarse los motivos de la larga ausencia de Fidel.
¿Está
vivo?, ¿congelado en una morgue?, ¿postrado y con la mente en blanco?
El
Granma y el resto de los órganos de tirada nacional, tienen otros compromisos
que atender. Por supuesto que ninguno vinculado al interés del pueblo que lo
paga para garantizar la envoltura de los desperdicios y las acciones que se llevan a cabo después de
cualquier necesidad fisiológica.
He
oído decir que las lecturas más amenas se concretan sobre el redondel de un
inodoro.
Lo
afirma Miguel, mi vecino que entre pujo y pujo lee, de punta a cabo, la
cartelera de la televisión y la página deportiva.