A
BOLINA LA ÉPICA REVOLUCIONARIA.
Jorge Olivera Castillo.
La
caricatura y el papelazo son los pilares de la épica revolucionaria. ¿Cuántos
recursos se han dilapidado para sostener un sistema que ha dejado a Cuba en
ruinas y a la mayoría de sus habitantes empantanados en la miseria?
Un
simple bosquejo de la realidad es suficiente para calibrar la magnitud de
nuestros problemas materiales y espirituales.
De
aquel futuro luminoso prometido por
“nuestros salvadores”, queda el casco y la mala idea. Todo fue una gran
estafa, un cuento que todavía tienen la desfachatez de repetir en las tribunas.
Entre
las innovaciones que descuellan en el historial de los mandamases salta a la
vista el hecho, dramáticamente rutinario, de poner un emplasto de promesas en
el espacio de las soluciones.
A
casi seis décadas de ¿gobierno?, el resultado no puede ser más funesto. El país
es una suma de calamidades que se empeñan en camuflar con sofismas, ridículos
alardes mesiánicos y patriotería de quincalla.
Duele
enterarse de problemáticas sociales que ponen en entredicho la seriedad que
intentan mostrar los representantes más encumbrados del poder.
¿Cómo
entender la existencia de un salidero de agua potable, por varios años, en la
cuadra de un barrio del capitalino municipio de 10 de octubre, mientras se
exhorta a la población a cumplir con las medidas de ahorro que a diario
difunden los canales de televisión?
El asunto pudiera considerarse baladí, pero es
preciso apuntar que decenas de miles de cubanos carecen de un servicio estable
de este producto.
Hay
zonas que, desde hace más de dos décadas, reciben el agua una o dos veces a la
semana en camiones cisternas, sin contar las interrupciones por diversos
motivos que demoran los suministros, acentuando las graves situaciones de
insalubridad y desesperación.
Los
altos índices de parasitismo y enfermedades digestivas, incluido el cólera y el
dengue, se derivan de este ambiente que supera las fronteras del Tercer Mundo.
La
nota sobre el salidero fue el tema de una carta recientemente publicada en el
diario Granma.
Cada
viernes, en el órgano oficial del partido comunista, se dedican dos páginas a
estos episodios que rayan en el absurdo. Lo significativo es que muy pocas
denuncias culminan en soluciones.
La
burocracia termina imponiendo su agenda que es la antítesis de la eficiencia y
la sensibilidad.
Entre
engorrosos trámites y justificaciones poco creíbles, transcurre una prolongada
espera. Al final el arreglo chapucero y la continuidad del problema.
Quien
suscribe la crítica calcula que el vertimiento de agua es de alrededor de un
galón por segundo. ¿Qué magnitud alcanza el despilfarro cada mes, si el
servicio se recibe en días alternos por espacio de 12 horas?
Cientos
de calles, sobre todo en La Habana, permanecen irrigadas con aguas limpias o
albañales a causa de roturas provocadas por el envejecimiento de los conductos
hidráulicos.
No
creo que haya recursos suficientes para paliar la situación ni conciencia sobre
la necesidad de administrar mejor los recursos.
Esto
es el colmo de la ineptitud y el desparpajo. ¿Hasta cuándo?
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