lunes, 27 de enero de 2014

POLÍTICA


                                            “NO LO VAMOS A PERMITIR”
                                                                         Jorge Olivera Castillo.
Alrededor de las 9 de la noche del viernes 23 de enero, dos oficiales del Departamento 21 de la Seguridad del Estado, se presentaron en mi casa para advertirme que no iban a permitir el II Foro Democrático en Relaciones Internacionales y Derechos Humanos a celebrarse en la Habana el próximo 28 de enero.
La actividad opositora tiene previsto efectuarse paralelamente a la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que sesionará en la capital cubana los días 28 y 29, donde asistirán Jefes de estado y de gobierno, así como altos funcionarios de los 33 países miembros.
El encuentro que la policía política impedirá tiene entre sus objetivos poner en perspectiva la incompatibilidad del sistema político de partido único de Cuba con la Declaración Especial de Defensa de la Democracia de la CELAC.
Uno de los acuerdos suscritos en la reunión fundacional de la referida entidad, celebrada en Caracas el 3 de diciembre de 2011,  dice y cito textualmente:
“Acordamos una cláusula de compromiso con la promoción, defensa y protección del Estado de Derecho, del orden democrático, de la soberanía de los pueblos, de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales, incluyendo entre otros el derecho a la vida, la libertad y la seguridad de la persona, el no sometimiento a torturas ni penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes, el no ser arbitrariamente detenido, preso o desterrado, ni objeto de ejecuciones sumarias y arbitrarias, de desapariciones forzadas, y libertad de opinión y expresión”.
Un breve repaso por lo que aquí se plantea es suficiente para cuestionar al régimen que sirve de anfitrión.
La sistematicidad de los arrestos arbitrarios, los actos de repudio y la realización de juicios sin mínimas garantías procesales contra los activistas prodemocráticos expresan un comportamiento que contraviene las normas internacionales que avalan el ejercicio de todos los derechos ciudadanos, independientemente del signo político e ideológico de los gobiernos.
 Al abordar otros puntos de las violaciones flagrantes a los derechos humanos habría que destacar las pésimas condiciones carcelarias y las posibilidades de ser recluido sin infringir la ley. El delito de peligrosidad social predelictiva contempla el encarcelamiento sin pruebas. Decenas de opositores han ido a prisión bajo este precepto ¿legal?
 Por otro lado resulta irónico que el gobierno cubano lleve a cabo múltiples acciones humanitarias en varios países del Tercer Mundo, por medio del envío de profesionales de la salud a zonas de extrema pobreza, y a la vez se dedique a azuzar las turbas para que golpeen a las Damas de Blanco en la vía pública, obligue a trabajar por aproximadamente un dólar al día en las empresas estatales y mantenga repletos los centros penitenciarios, donde por cierto languidecen más de 80 presos políticos.
Lo peor de esta pesadilla es la impunidad. No existen medios legales para la protección del ciudadano. Entre la miseria y la represión transcurre la vida del cubano promedio. Las alternativas para escapar de la asfixiante realidad son irse del país por cualquier medio o jugarse la suerte en el mercado negro. Vivir del trabajo honesto se ha convertido en una utopía.
En los más de 50 años de socialismo real se ha regularizado la ineficiencia, la ilegalidad, el descontrol, la apatía y el terrorismo de Estado.
Pavel y Pedro, el par de agentes que me visitaron, fueron tajantes en sus advertencias.
¿Qué otra cosa esperar de los verdugos que algunas veces se proyectan como maestros de la tolerancia y las buenas costumbres?
Sé que los nombres que me dieron son falsos pero eso es lo de menos. Lo que sí no admite dudas es su determinación a impedir, por todos los medios a su alcance, la reunión del 28 de enero.



   
                               

                               A BOLINA LA ÉPICA REVOLUCIONARIA.
                                                                     Jorge Olivera Castillo.
La caricatura y el papelazo son los pilares de la épica revolucionaria. ¿Cuántos recursos se han dilapidado para sostener un sistema que ha dejado a Cuba en ruinas y a la mayoría de sus habitantes empantanados en la miseria?
Un simple bosquejo de la realidad es suficiente para calibrar la magnitud de nuestros problemas materiales y espirituales.
De aquel futuro luminoso prometido por  “nuestros salvadores”, queda el casco y la mala idea. Todo fue una gran estafa, un cuento que todavía tienen la desfachatez de repetir en las tribunas.
Entre las innovaciones que descuellan en el historial de los mandamases salta a la vista el hecho, dramáticamente rutinario, de poner un emplasto de promesas en el espacio de las soluciones.
A casi seis décadas de ¿gobierno?, el resultado no puede ser más funesto. El país es una suma de calamidades que se empeñan en camuflar con sofismas, ridículos alardes mesiánicos y patriotería de quincalla.
Duele enterarse de problemáticas sociales que ponen en entredicho la seriedad que intentan mostrar los representantes más encumbrados del poder.
¿Cómo entender la existencia de un salidero de agua potable, por varios años, en la cuadra de un barrio del capitalino municipio de 10 de octubre, mientras se exhorta a la población a cumplir con las medidas de ahorro que a diario difunden los canales de televisión?
 El asunto pudiera considerarse baladí, pero es preciso apuntar que decenas de miles de cubanos carecen de un servicio estable de este producto.
Hay zonas que, desde hace más de dos décadas, reciben el agua una o dos veces a la semana en camiones cisternas, sin contar las interrupciones por diversos motivos que demoran los suministros, acentuando las graves situaciones de insalubridad y desesperación.
Los altos índices de parasitismo y enfermedades digestivas, incluido el cólera y el dengue, se derivan de este ambiente que supera las fronteras del Tercer Mundo.
La nota sobre el salidero fue el tema de una carta recientemente publicada en el diario Granma.
Cada viernes, en el órgano oficial del partido comunista, se dedican dos páginas a estos episodios que rayan en el absurdo. Lo significativo es que muy pocas denuncias culminan en soluciones.
 La burocracia termina imponiendo su agenda que es la antítesis de la eficiencia y la sensibilidad.
Entre engorrosos trámites y justificaciones poco creíbles, transcurre una prolongada espera. Al final el arreglo chapucero y la continuidad del problema.
Quien suscribe la crítica calcula que el vertimiento de agua es de alrededor de un galón por segundo. ¿Qué magnitud alcanza el despilfarro cada mes, si el servicio se recibe en días alternos por espacio de 12 horas?
Cientos de calles, sobre todo en La Habana, permanecen irrigadas con aguas limpias o albañales a causa de roturas provocadas por el envejecimiento de los conductos hidráulicos.
No creo que haya recursos suficientes para paliar la situación ni conciencia sobre la necesidad de administrar mejor los recursos.
Esto es el colmo de la ineptitud y el desparpajo. ¿Hasta cuándo?
oliverajorge75@yahoo.com