miércoles, 27 de noviembre de 2013

SOCIEDAD.

                                                             
                                               SÁLVESE  EL QUE PUEDA.
                                                                       Jorge Olivera Castillo.
Los pormenores de las corruptelas detectadas en el Complejo de tiendas de Carlos III y en una entidad municipal de la empresa de servicios comunales, refuerzan las opiniones sobre la incapacidad del gobierno para detener un fenómeno que ha hecho metástasis en la sociedad.
Como en anteriores ocasiones, miles de cubanos cuentan con las pruebas documentales de los hechos grabadas en memorias flash y en DVDs.
Nunca se sabe quién es el proveedor inicial, pero es de suponer que se trata de un acto premeditado en la jefatura del Ministerio del Interior.
La falta de información oficial se compensa con el trasiego de copias, alquiladas o vendidas, a una clientela ávida por enterarse de la identidad de los culpables y sus artimañas para enriquecerse.
Ambos casos ocurridos en La Habana, vuelven a demostrar de manera fehaciente la inviabilidad de la centralización económica.
En la mayoría de las empresas estatales sigue imperando el descontrol administrativo lo que facilita el auge de la corrupción en todas sus variantes.
De nada valen los esfuerzos de la Controlaría General de la República para ponerle freno a algo que por la cantidad de implicados habría que despenalizar.
Unos pocos son los que finalmente terminan en la prisión. El resto se las ingenia para continuar en sus rejuegos sucios que incluyen el desfalco, la extorsión y el soborno. 
“Los precios en todas las tiendas están multados. Aparte de que ya viene inflados por orden de la empresa que provee la mercancía, se le agrega un extra que después se reparte entre la gerencia, el responsable económico y los empleados”, me explicó el dependiente de una tienda a condición del anonimato.
“El salario que recibimos es una miseria. Si no hacemos esto, sería como venir a trabajar de gratis. Es verdad que le robamos al cliente, pero imagínate son las reglas del juego. Esto es sálvese quien pueda”, agregó.
Por medio de esta conversación, pude enterarme que los gerentes se van con la mayor parte de las recaudaciones ilegales. En algunos casos sus ganancias sobrepasan los 300 pesos convertibles por día, aproximadamente 280 dólares.
Tales dividendos representan una fortuna en un país donde el sueldo promedio es menos de un dólar diario
Entre los beneficiarios de estas  ilegalidades, también habría que mencionar a centenares de ex oficiales de la contrainteligencia.
No pocos de estos últimos figuran en las nóminas de los cuerpos de seguridad de cada centro comercial, otros se desempeñan como inspectores a los que hay que entregar una parte del botín. Negarse a hacerlo es el camino más corto a la cárcel.
Al final todo funciona sin contratiempos. Solo hay que cumplir con los códigos establecidos.
De vez en cuando, la contralora general, Gladys Bejerano, en aras de no perder su credibilidad, decide ponerle fin a alguna de las corruptelas.
 Es como introducir la mano en un biombo con los ojos cerrados. Sin duda alguna, siempre extraerá una carta de triunfo.
De hechos de corrupción está saturada la república que forjaron bajo la bandera del socialismo, hace más de medio siglo.
oliverajorge75@yahoo.com            


    

REPRESIÓN

                                          
                                               REPRESIÓN CUESTA ARRIBA.
                                                                         Jorge Olivera Castillo.
Quizás para el primer trimestre del 2014, la cifra de presos políticos sobrepase el centenar.
Al conocer que actualmente existen 87 personas tras las rejas a causa de sus actividades contestatarias, no resulta descabellado pensar en otro salto cuantitativo.
Quienes vaticinaron una disminución de las arremetidas gubernamentales contra los activistas prodemocráticos, a partir de que Raúl Castro asumió la presidencia del país, fallaron en sus cálculos.
Los encarcelamientos, las detenciones arbitrarias y los actos de repudio, ocurren con la frecuencia e impunidad de siempre.
El general de ejército ha demostrado sus credenciales represivas sin que se vislumbre un cambio en este sentido
Aquellas excarcelaciones de presos políticos, realizadas a mediados de 2010, respondieron a una limpieza de imagen ante la opinión pública internacional. Nunca hubo nada más allá. En el fondo prevaleció el atrincheramiento ideológico. Basta recordar que la condición  para salir de la cárcel fue acogerse al destierro.
Igual interpretación vale para el indulto, de los casi 3000 presos, que tuvo lugar a finales de 2011.
En un período, relativamente corto, retornaron los juicios sin las debidas garantías procesales y la reclusión por hechos que no justifican el nivel de las represalias.  
Por otro lado, según los datos aportados por la opositora Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN),  las condiciones crueles y degradantes dentro de los centros penitenciarios se mantienen inalterables.
Además, el informe asegura que el número real de prisioneros por razones políticas probablemente supere las 87 personas. Tal afirmación se basa en el hermetismo del régimen. El tema, en las raras veces que es abordado por los medios oficiales, se caracteriza por el subjetivismo y el escamoteo de la realidad.
En cuanto al veto a la entrada de organizaciones como Amnistía Internacional y la Cruz Roja, hay que subrayar la impertérrita decisión del gobierno en evitar esos escrutinios. Si no hay delito, ¿por qué persiste la negativa?
La única salvedad del asunto tratado en este artículo, es la moratoria en la aplicación de la pena de muerte. Orden que podría expirar en los tiempos que se avecinan.
Un aceleramiento de las transformaciones económicas en los próximos años pudiera acentuar los perfiles de la represión. No son descartables los escenarios proclives a generar mayores corruptelas dentro del partido, un ambiente social más anárquico y posiblemente el desarrollo de turbulencias políticas.
Ante el surgimiento de esas anomalías, capaces de provocar importantes fracturas institucionales, no sería raro que aparecieran los castigos ejemplarizantes.
A Raúl Castro no le preocupan las críticas. Lo más importante para él y sus más cercanos colaboradores, es garantizar el poder a toda costa. ¿Se sobrepasará la cifra de 100 presos políticos? ,¿se decidirá aumentar las turbas parapoliciales que golpean, de forma indiscriminada, a cualquier ciudadano que se oponga a los dictados de la cúpula gubernamental? , ¿se activarán los pelotones de fusilamiento?
Esperemos por un futuro, no muy lejano, que se proyecta gris como los días de tormenta.