lunes, 21 de mayo de 2012

                                     REPRESIÓN A DIESTRA Y SINIESTRA.
                                                                            Jorge Olivera Castillo.
La difusión de los artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, constituyen un delito en Cuba. Para corroborarlo una vez más, pues no es el único ejemplo en la historia del castrismo, está el reciente caso del opositor Jorge Castorberi Díaz, Coordinador Nacional del Movimiento Democrático Voz del Pueblo.
Por fundamentar su trabajo en la promoción de los 30 puntos del referido documento, aprobado en 1948 en el seno de la Organización de las Naciones Unidas, le fueron confiscadas una computadora portátil y una impresora multipropósito, el pasado 10 de mayo.
Al demandar explicaciones por la arbitraria incautación, los represores lo condujeron a una estación policial en la que estuvo por espacio de 5 horas.
Finalmente pudo retornar a su hogar, convencido de que no se les serán devueltos ambos equipos, como suele ocurrir en este tipo de acciones dirigidas y ejecutadas por oficiales del Departamento 21 de la policía política, dedicado a reprimir a los integrantes de la oposición pacífica y de las agrupaciones de la sociedad civil alternativa.
En otros tiempos, eso le hubiese costado la cárcel, pero el régimen ha ido evolucionando hacia formas represivas que minimicen los costos políticos. Los arrestos de corta duración, los actos de repudio, el monitoreo de las líneas telefónicas y la vigilancia por parte de miembros del partido, la juventud comunista y los comités de defensa de la revolución, en cumplimento de las órdenes del alto mando, son una práctica recurrente en aras de mantener la eficiencia en la aplicación del terror, sin aumentar el número de presos políticos.
Un día antes el expreso de conciencia del Grupo de los 75, José Daniel Ferrer, fue arrestado en La Habana y deportado a su lugar de residencia ubicado en la localidad de Palmarito de Cauto, a más de 700 kilómetros al este de la capital.
Tras más de 48 horas de detención fue liberado, a la espera de un posible juicio por sus  métodos de lucha basados en la desobediencia civil. El proceso penal fue abierto durante su arresto el 2 de abril que esta vez se prolongó hasta el 29 del propio mes.
Para cerrar el prontuario de hechos que evidencian la falta de derechos ciudadanos y la impunidad con que actúan las fuerzas represivas dedicadas a conservar el sistema de partido único, es oportuno señalar el virulento ataque verbal de las turbas parapoliciales contra las Damas de Blanco el sábado 12 de mayo.
El hostigamiento frente a la sede de la agrupación civilista en el municipio Centro Habana, tuvo el mismo guión. Abucheos, consignas progubernamentales, palabras obscenas y música amplificada hasta niveles perjudiciales para el oído humano.
La presente relación de incidencias es solo un botón de muestra. Un ejemplo de cómo funciona el mecanismo creado y perfeccionado para que prevalezca un dogma con las credenciales del fascismo, aunque sus administradores persistan en camuflarlo con otras vestiduras.
Es hora de que el mundo tome cartas en el asunto de una manera más directa. El hecho de que no haya montones de muertos en la calles como ocurre en algunas zonas del globo terráqueo bajo el dominio de algún dictador, no debe ser óbice para pensar que las cosas en este lado del Caribe Insular son una panacea.
Las malas intenciones del grupo de poder están claras. Es cierto que la mayoría del pueblo calla sus amarguras y desesperanzas. No por eso están conformes con lo que sucede a su alrededor.
Según la historia, no todos los seres humanos tienen la disposición de asumir los riesgos de la responsabilidad en un escenario donde las probabilidades de convertirse en mártir son elevadas.
Lo peor es que para alcanzar esa categoría en Cuba, no hace falta estar muerto. Estos verdugos han aprendido a matar la voluntad de quienes no obedecen sus doctrinas. Afortunadamente su éxito tiene desperfectos. No todos los cubanos se resignan a contar sus penas en el redil, a pesar de las consecuencias.









 



                                                         
                                                             REHENES.
                                                                            Jorge Olivera Castillo.
La ecuación vuelve a fallar. Esta vez tampoco habrá canje ni nada que se le parezca. Los cinco espías cubanos seguirán cumpliendo sus largas condenas en cárceles norteamericanas y el contratista norteamericano Allan Gross, apresado en La Habana el 3 de diciembre de 2009, tendrá que procurar nuevas fuerzas para que no decaiga su esperanza en salir algún día de la celda donde cumple 15 años de privación de libertad.
A más de dos años de ocurrida la detención de Gross, resulta incomprensible que lo hayan encontrado culpable por el mero hecho de hallarle entre sus pertenencias equipamientos de comunicación vía satélite destinados a la pequeña comunidad judía de Cuba.
El encausamiento parece haber sido solo un pretexto legal para justificar lo que a todas luces es un secuestro. En el diseño del régimen comunista, faltaba una ficha con la cual al menos lograr un empate. Ese espacio lo ocupó este señor que ni por asomo imaginaba la falta de escrúpulos de sus captores. Según los sesudos que idearon la operación, en poco tiempo se lograría el intercambio de prisioneros, es decir los cinco oficiales de la contrainteligencia cubana por el ciudadano estadounidense. Tan alta fue la apuesta por este desenlace que incluso Fidel Castro se atrevió a prometer públicamente el retorno antes que expirara el 2011.
Para confirmar la imposibilidad del trueque soñado por los jerarcas de La Habana, la secretaria de Estado Hillary Clinton, ha ratificado recientemente la política del gobierno norteamericano frente  a este problema de aceptar solo la liberación incondicional de un hombre que nunca debió ir a prisión por facilitarles el acceso a internet a los judíos cubanos. Respecto a los cinco, la alta funcionaria piensa que fueron juzgados con todas las garantías procesales, además de señalar que el asunto es competencia del poder judicial en un país donde los mecanismos democráticos son respetados.
La controversia bilateral, casi siempre caracterizada por un alto nivel de crispación, se torna un poco más  escabrosa a partir de la decisión del gobierno cubano de mantener a Gross tras las rejas, pese a los reclamos de este de obtener tan siquiera un permiso temporal para visitar a su madre enferma con un cáncer terminal.
No hay que ser un experto para darse cuenta de los fines del grupo de poder que controla de manera exhaustiva todas las instituciones, incluidos los tribunales.
Sus pretensiones frente a este caso es continuar presionando por un canje, aunque fuera parcial, es decir entregar a Gross por dos o tres de los integrantes de la desarticulada Red Avispa, hallados culpables, en 1998, tras un meticuloso seguimiento del FBI.
Hay que destacar otro error de cálculo en la búsqueda de acciones a través de las cuales lograr la liberación de los cinco espías.
Aunque no existen los medios para confirmarlo, es de sospechar que el arresto y condena de 75 opositores e integrantes de la sociedad civil alternativa, en marzo de 2003, respondió a un plan proyectado para conquistar los mismos propósitos que ahora tampoco parecen tener  un final, tal y como lo previeron sus gestores.
¿Fue una casualidad que escogieran a 15 líderes prodemocráticos para echarlos en la cárcel por cada uno de los cinco hombres sembrados en varios estados de Norteamérica por la Dirección General de Inteligencia (DGI), con sede en La Habana? No lo creo.
En aquella oportunidad los creadores del plan pensaron que podían comprometer a las autoridades de Washington, al presentarlo, como suelen hacerlo regularmente, en calidad de patrocinadores de las agrupaciones contestatarias dentro de la Isla.
Con el tiempo se desvanecieron las expectativas. Los espías continuaron en sus celdas y más del 95% de los 75 no cumplió ni la mitad de sus altas condenas. Aunque condicionalmente, todos fueron liberados a raíz de la repulsa internacional de gobiernos y personalidades, desde los mismos instantes en que se desarrollaba una de las mayores olas represivas en la larga historia del castrismo.
Ni los rehenes nacionales de la primavera de 2003, ni el actual, de ciudadanía norteamericana, serán la vía para traer de vuelta a los cinco hombres que realizaban actividades encubiertas dentro de territorio extranjero.
Es difícil saber cómo terminara este conflicto. Parece que la táctica de aprehender a ciudadanos indefensos y presentarlos como agentes de la subversión no es un medio eficiente. Deberían soltar a Gross y explorar otras tácticas.
Quizás la solución esté en dejar a un lado la política de plaza sitiada y comenzar el deshielo de unas relaciones que a estas alturas de la historia, traerían más beneficios que pérdidas para Cuba.
Tales designios no parecen estar entre las aspiraciones de la nomenclatura. ¡Qué lástima!



                                                           NOCHES DE RONDA.
                                                                      Jorge Olivera Castillo.
Elpidio Menéndez  confiesa que no duerme. No padece ningún  trastorno del sueño. La necesidad lo obliga a permanecer en vela cada noche. Desde el sitio menos pensado, observa los contornos sin que nadie lo detecte. Su objetivo son los cuatreros que continúan  diezmando el ganado, principalmente el vacuno y el equino, para saciar la demanda tanto de los consumidores como quienes revenden la mercancía al mejor postor.
Los campesinos cubanos que cuentan entre sus propiedades a este tipo de animales, corren el riesgo de ser despojados de uno o varios ejemplares, incluso en una misma noche. Basta cualquier fallo en la vigilancia para que se lleve a cabo el hurto y el sacrificio.
Las incidencias de este delito se mantienen altas, no obstante haber disminuido en algunas zonas del país, a partir de las medidas preventivas llevadas a cabo de forma individual o colectiva.
Las altas penas de cárcel para los protagonistas de los robos, no ha sido suficiente para  impedir la escalada de hechos que cada mes afectan a decenas de campesinos, independientemente del lugar donde residan. Algunas operaciones, cobran tintes macabros debido al temor de los bandidos a ser cogidos in fraganti. Cercenarle los perniles al animal aun vivo, es a menudo una realidad estremecedora.
En las prisiones ubicadas en provincias del interior del país, es notable el número de personas sancionadas por esta fechoría. En el tiempo que estuve recluido en la prisión de Guantánamo por ejercer el periodismo independiente como parte del Grupo de los 75, pude conocer el modus operandi de no pocos casos en que los objetivos eran vacas, caballos, cerdos y gallinas.
El uso de bulbos de anestesia, comprados en el mercado negro, para tranquilizar a las víctimas, antes de degollarlas o torcerle el pescuezo, es parte del procedimiento usado en estas faenas.
“Yo le metía una dosis para matarlos en el momento. El infarto era seguro”, aseguraba un preso apodado El mono, especialista en este tipo de infracciones.
Esa vez me relataba como él junto a dos cómplices se habían llevado de un corral un imponente cerdo de más de 300 libras.
A causa de sus reincidencias cumplía una sanción de 30 años.
Salvo excepcionales avances en la eliminación de estas prácticas, el fenómeno sigue latente. Las ganancias a obtener por las ventas aseguran la continuidad de lo que constituye una pesadilla para no pocos campesinos.
En La Habana una libra de carne de res se cotiza a no menos de dos pesos convertibles (aproximadamente 3 dólares). Este precio es el establecido por quienes trasladan el botín hacia la capital después de la ilegal matanza. En las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD), el estado la vende a cerca de 10 pesos convertibles el kilogramo (unos 13 dólares).
 Se comenta que en los referidos centros comerciales, bajo el patrocinio del estado, lo que se oferta como carne de res es en realidad búfalo. Las vacas, aseguran diversas fuentes, solo son para la nomenclatura, sus allegados y los turistas extranjeros.
De a acuerdo cómo funcionan las cosas en Cuba, tal afirmación podría ser cierta. Es obvio que la considerable diferencia en los costos, inclina la balanza a favor del mercado negro. Siempre habrá compradores dispuestos a pagar por la carne proveniente de una vaca robada de algún  potrero.
Comerse un par de bistecs de esa procedencia requiere de cierta osadía. Por el peculiar olor que despide al cocinarla, muchos cubanos han  terminado en la estación policía a causa de la denuncia anónima sobre una adquisición de dudoso origen.  
No sé si Elpidio Menéndez podrá evitar  que algunos de sus animales caigan bajo el cuchillo de los matarifes. Al menos le va ganando la batalla al sueño.
Su finca ubicada en una pequeña localidad de la provincia de Ciego de Ávila, a unos 400 kilómetros al este de La Habana, permanece en la mira de los cuatreros.
Por el momento las vacas, los cerdos, el par de caballos y la cría de pollos están seguros. ¿Cuánto tiempo durará su suerte?
 





   
                            EL DIFÍCIL CAMINO A LA DEMOCRATIZACIÓN.
                                                                      Jorge Olivera Castillo.
Los amarres del castrismo no parecen estar a punto de desanudarse. Es cierto que el sistema no funciona, pero, los hechos corroboran que la élite verde olivo siempre se las ingenia para vadear con éxito los peores tramos del abismo.
¿Está Cuba peor que en 1993, cuando el cese de los subsidios del campo socialista llevó al país a una situación de emergencia nacional a causa de la hiperinflación, la falta de alimentos y medicinas, además de los continuos y prolongados cortes del servicio eléctrico? Por supuesto que no.
Si en aquella oportunidad las protestas de mayor envergadura se circunscribieron a un sector de la capital, sin que hubiera un contagio por demás lógico, a partir de la grave situación social, hoy es impensable la articulación de un masivo movimiento popular que empuje hacia verdaderos cambios, hasta ahora postergados por una habilidosa combinación de utilitarias aperturas económicas, junto a una eficiente aplicación de la fuerza ante cualquier indicio de rebeldía contra el estatus quo.
El bache dejado por la ex Unión Soviética y sus satélites fue cubierto por los petrodólares de Hugo Chávez, los préstamos de China, sin dejar al margen otros auxilios, menos voluminosos, pero también importantes en un rescate que sin lugar a dudas ha servido para prolongar los años de una dictadura que todavía exhibe, sin disimulo, sus credenciales estalinistas.
Si bien es cierto que existen innumerables condiciones para la estructuración de una serie de eventos contestatarios, en la práctica tales posibilidades terminan diluyéndose, hasta quedarse, por el número de participantes, en actos meramente testimoniales.
La apatía, el miedo y la tendencia a apostar por mecanismos de sobrevivencia individuales dentro de la órbita del mercado negro antes que enfrentar los riesgos de una militancia en alguna de las agrupaciones disidentes, actúan como frenos en el desarrollo de una masa crítica que pudiese presionar al gobierno de manera efectiva.
Como parte de estas realidades que no logran saltar los límites que van desde el estancamiento hasta modestos avances respecto a años anteriores en cuanto a la captación de nuevos colaboradores, habría que citar el interés mayoritario de la población en buscar la manera de abandonar el país. Quedarse a luchar en Cuba es visto como una elección suicida. Un porciento mínimo de los que reciben el mensaje sobre la necesidad de pugnar por una democratización dentro de las fronteras nacionales, mantienen su decisión libre de rectificaciones.
Tal y como ocurría en las naciones gobernadas por el partido comunista antes la caída del Muro de Berlín, en Cuba las personas asumen posturas según las circunstancias y no basadas en lo que verdaderamente sienten.
Es un recurso que puede resultar cínico o amoral, pero que refleja el instinto de conservación ante un régimen que posee infinidad de métodos para destruir  a los disconformes, sin utilizar la tortura física. Del control a nivel de cuadra y centro de trabajo, no escapa nadie.
Cada cubano tiene un voluminoso expediente en los archivos de la policía política. Después de esos interrogatorios en que salen a relucir detalles comprometedores, no son pocos los que terminan como informantes. El chantaje ha sido y es un medio esencial en la construcción de una sociedad basada en el temor a ser delatado por un amigo o el vecino que aparenta ser una persona reacia a cometer una bajeza de este tipo. 
En un país donde se vive a expensas de las ilegalidades, siempre habrá a quien doblegar, sin muchos esfuerzos. El salario promedio fijado en no más de 25 dólares al mes, es el motivo que justifica los robos en los respectivos centros laborales y la manera que tienen las instituciones represivas de ampliar su eficacia con la captación de nuevos colaboradores.
Si a esto unimos la impunidad de los centros de poder que se aprovechan de los órganos de prensa (todos en poder del estado) para dar rienda suelta a sus campañas difamatorias, las permanentes intromisiones en las cuentas de correo electrónico, las escuchas telefónicas y las posibilidades de que estos detalles sean difundidos por los medios escritos y audiovisuales, en primera plana y en horarios de mayor audiencia, es suficiente para comprender el por qué de las reservas a ser parte de la oposición o de un grupo de la sociedad civil alternativa.
Frente a este panorama es factible no decantarse por las falsas expectativas. El pluralismo político y los preceptos constitucionales que garanticen las libertades fundamentales seguirán siendo un anhelo insatisfecho por unos años más. ¿Cuántos?
Nadie lo sabe.
Aunque los escollos son considerables, esto no es motivo para cruzarse de brazos. Hay que seguir la marcha y olvidarse de los tropezones.


 

     
                            EL DIFÍCIL CAMINO A LA DEMOCRATIZACIÓN.
                                                                      Jorge Olivera Castillo.
Los amarres del castrismo no parecen estar a punto de desanudarse. Es cierto que el sistema no funciona, pero, los hechos corroboran que la élite verde olivo siempre se las ingenia para vadear con éxito los peores tramos del abismo.
¿Está Cuba peor que en 1993, cuando el cese de los subsidios del campo socialista llevó al país a una situación de emergencia nacional a causa de la hiperinflación, la falta de alimentos y medicinas, además de los continuos y prolongados cortes del servicio eléctrico? Por supuesto que no.
Si en aquella oportunidad las protestas de mayor envergadura se circunscribieron a un sector de la capital, sin que hubiera un contagio por demás lógico, a partir de la grave situación social, hoy es impensable la articulación de un masivo movimiento popular que empuje hacia verdaderos cambios, hasta ahora postergados por una habilidosa combinación de utilitarias aperturas económicas, junto a una eficiente aplicación de la fuerza ante cualquier indicio de rebeldía contra el estatus quo.
El bache dejado por la ex Unión Soviética y sus satélites fue cubierto por los petrodólares de Hugo Chávez, los préstamos de China, sin dejar al margen otros auxilios, menos voluminosos, pero también importantes en un rescate que sin lugar a dudas ha servido para prolongar los años de una dictadura que todavía exhibe, sin disimulo, sus credenciales estalinistas.
Si bien es cierto que existen innumerables condiciones para la estructuración de una serie de eventos contestatarios, en la práctica tales posibilidades terminan diluyéndose, hasta quedarse, por el número de participantes, en actos meramente testimoniales.
La apatía, el miedo y la tendencia a apostar por mecanismos de sobrevivencia individuales dentro de la órbita del mercado negro antes que enfrentar los riesgos de una militancia en alguna de las agrupaciones disidentes, actúan como frenos en el desarrollo de una masa crítica que pudiese presionar al gobierno de manera efectiva.
Como parte de estas realidades que no logran saltar los límites que van desde el estancamiento hasta modestos avances respecto a años anteriores en cuanto a la captación de nuevos colaboradores, habría que citar el interés mayoritario de la población en buscar la manera de abandonar el país. Quedarse a luchar en Cuba es visto como una elección suicida. Un porciento mínimo de los que reciben el mensaje sobre la necesidad de pugnar por una democratización dentro de las fronteras nacionales, mantienen su decisión libre de rectificaciones.
Tal y como ocurría en las naciones gobernadas por el partido comunista antes la caída del Muro de Berlín, en Cuba las personas asumen posturas según las circunstancias y no basadas en lo que verdaderamente sienten.
Es un recurso que puede resultar cínico o amoral, pero que refleja el instinto de conservación ante un régimen que posee infinidad de métodos para destruir  a los disconformes, sin utilizar la tortura física. Del control a nivel de cuadra y centro de trabajo, no escapa nadie.
Cada cubano tiene un voluminoso expediente en los archivos de la policía política. Después de esos interrogatorios en que salen a relucir detalles comprometedores, no son pocos los que terminan como informantes. El chantaje ha sido y es un medio esencial en la construcción de una sociedad basada en el temor a ser delatado por un amigo o el vecino que aparenta ser una persona reacia a cometer una bajeza de este tipo. 
En un país donde se vive a expensas de las ilegalidades, siempre habrá a quien doblegar, sin muchos esfuerzos. El salario promedio fijado en no más de 25 dólares al mes, es el motivo que justifica los robos en los respectivos centros laborales y la manera que tienen las instituciones represivas de ampliar su eficacia con la captación de nuevos colaboradores.
Si a esto unimos la impunidad de los centros de poder que se aprovechan de los órganos de prensa (todos en poder del estado) para dar rienda suelta a sus campañas difamatorias, las permanentes intromisiones en las cuentas de correo electrónico, las escuchas telefónicas y las posibilidades de que estos detalles sean difundidos por los medios escritos y audiovisuales, en primera plana y en horarios de mayor audiencia, es suficiente para comprender el por qué de las reservas a ser parte de la oposición o de un grupo de la sociedad civil alternativa.
Frente a este panorama es factible no decantarse por las falsas expectativas. El pluralismo político y los preceptos constitucionales que garanticen las libertades fundamentales seguirán siendo un anhelo insatisfecho por unos años más. ¿Cuántos?
Nadie lo sabe.
Aunque los escollos son considerables, esto no es motivo para cruzarse de brazos. Hay que seguir la marcha y olvidarse de los tropezones.


 

     

lunes, 7 de mayo de 2012



                                          MILLONARIOS A LA FUERZA. 
                                                                    Jorge Olivera Castillo.
Señalar asiduamente las cajas de caudales ajenas, es una maniobra para cubrir el origen de fortunas propias que solo se explican a  partir de procedimientos inescrupulosos.
Si el 1% de los norteamericanos más adinerados, sigue aumentando sus capitales en detrimento de los sectores más pobres, según artículos de periodistas locales y extranjeros, a menudo publicados en la prensa nacional, que decir de las riquezas de una élite de poder que en el caso cubano no representa ni el 0,1% de la población.
Al denunciar lo que ocurre allende las fronteras en cuanto a la desproporcionalidad en el reparto del producto interno bruto generado, sin dedicarle ni una coma a la grave situación en intramuros, respecto a la vida de magnates que se gastan varias decenas de personajes de la nomenclatura, además de cínico, revela los puntos débiles de una prensa que lejos de ser objetiva y equilibrada, continúa atada a los intereses de un grupúsculo que actúa como si Cuba fuera su hacienda particular.
¿Cómo explicar que varios generales, políticos de alto rango y ministros, amasen fortunas que excedan el millón de dólares, sin invertir un centavo y sin mostrar competencia alguna en los cargos que desempeñan?
Aunque esa vida de lujos se mantenga en el anonimato, para nadie es un secreto el disfrute de las últimas novedades de la ciencia y la tecnología, los viajes en sus yates particulares, las cenas pantagruélicas, las ropas y joyas compradas en boutiques de renombre, las mansiones con piscinas climatizadas y las cacerías en zonas paradisíacas del territorio nacional reservadas para uso exclusivo. Todo eso y más es parte de una cotidianidad que nada tiene en común con los discursos que transparentan una humildad a encerrar entre signos de interrogación.
La fórmula de poner en perspectiva la retórica del socialismo, como fundamento de las políticas internas, ha sido una coartada para restarle visibilidad a la codificación del robo y la extorsión, protagonizados por una claque de hombres mediocres y oportunistas.
Por ejemplo, ser militante del partido de comunista en Cuba no es a estas alturas, ¿o nunca ha sido? sinónimo de probidad moral y ética. La experiencia arroja conclusiones totalmente divorciadas de esas categorías.
La militancia, en la única entidad política autorizada, es asumida como una especie de escalera con acceso a diversos de niveles de prosperidad, no por el volumen de esfuerzo personal o brillantes capacidades profesionales sino por el potencial para la adulación a los jefes inmediatos como vía de ascenso y la astucia para asimilar y mejorar los mecanismos utilizados en el desvío de los recursos del estado.
La tónica austera y humanitaria del discurso que desde tribunas y periódicos se predica, es parte de la cortina de humo.
Detrás del telón, siguen las francachelas y el buen vivir sufragados con dineros de dudosa procedencia.
Los dueños de la nación y su séquito de colaboradores más cercanos, viven en un país especial que forjaron a golpe de mentiras y terror.
La revolución socialista fue el señuelo para alcanzar sus propósitos. En 53 años de gobierno, y tras la bandera del marxismo-leninismo, ha surgido una variopinta camada de militares y funcionarios que profesan fidelidad a ese dogma. ¿De qué otra forma podrían haber logrado un nivel de acceso tan generoso a las zonas más exuberantes del capitalismo?
Sin premios que lo justifiquen, ni cualidades que lo legitimen, esas fortunas se han hecho a partir de la habilidad para poner en práctica estrategias nunca compatibles con el honor y la decencia.

  
          
                                    MANO DE HIERRO Y SIN GUANTES.
                                                                       Jorge Olivera Castillo.
El abogado René López, residente en La Habana, ha sido una de las últimas víctimas de la ola represiva que comenzó a gestarse días antes de la visita del Papa Benedicto XVI a Cuba, ocurrida entre el 26 y 28 de marzo, y que amenaza con mantener la misma intensidad.
“Me detuvieron el viernes 13 (de Abril) en la mañana. Estuve en las estaciones policiales del municipio la Lisa y Marianao”, dijo el jurista poco antes de pormenorizar la agresividad de los interrogatorios y las amenazas de procesarlo por los servicios de asesoría jurídica que presta a grupos y personas, vinculados al movimiento opositor y a la sociedad civil alternativa.
“No tuvieron en cuenta mis padecimientos cardíacos. Creo que el móvil principal del arresto, radicó en mi trabajo de asesor en el centro de información Hablemos Press que dirige Roberto de Jesús Guerra”, apuntó López.
La situación apunta a un mayor deterioro, a instancias del temor de régimen ante el aumento de la beligerancia de las agrupaciones cívicas y oposicionistas.
Aunque no es factible pensar en represalias masivas al estilo de la ocurrida en marzo de 2003, sí hay que prepararse para operaciones de menor perfil, flanqueadas por la selectividad y el ataque de fuerzas parapoliciales que presentan como reacciones espontáneas del pueblo frente a la “contrarrevolución”. Es decir que los llamados actos de repudio, las detenciones de corta duración, los arrestos domiciliarios, los registros y confiscaciones en las casas, además de los enjuiciamientos, si no representan demasiados costos políticos, seguirán a la orden del día.
No hay señales de distensión, en lo que se supone sean los últimos años de una de las dictaduras más largas en la historia contemporánea.




Al resumir el número de incidencias que ponen al descubierto la apuesta por no permitir la mínima apertura en materia política y social, se llega a la conclusión de que el gobierno castrense insiste en explorar transformaciones minimalistas circunscritas a la esfera económica.
Una mirada objetiva del escenario arroja conclusiones claras en relación a los fines de una élite que quiere ganar tiempo.
Indudablemente, la duración del sistema implantado en Cuba desde 1959, está interconectado al reloj biológico de sus creadores.
Los verdaderos cambios, vendrán después de la desaparición física de los padres de un socialismo, que en este caso tampoco pudo zafarse de la compulsión y el terror para perdurar como sistema.
Esto no debe ser una realidad que obligue a la resignación, pero es saludable no forjarse expectativas que dejen fuera hechos y circunstancias de gran significación para disminuir el margen de error en el momento de realizar los pronósticos de un futuro del cual es imposible separar la carga de incertidumbre.
Nadie podría predecir que sucederá en Cuba de aquí a un año o más. Sin embargo, se hace difícil pensar que en este lapso, seamos ciudadanos libres en el sentido de viajar al exterior sin tener que pedir un permiso, votar en elecciones multipartidistas, poder expresarnos sin cortapisas y ser testigos de que la Declaración Universal de los Derechos Humanos dejó de ser un documento subversivo, entre otros prerrogativas ciudadanas borradas del acontecer nacional.
La real apertura de Cuba al mundo y el mundo a Cuba, como pidió el Sumo Pontífice Juan Pablo II en su visita a la Isla en 1998, ocurrirá en su momento. Ni antes ni después de la fecha fijada por el destino.
A aquella memorable frase habría que agregar la apertura hacia dentro, la ideal para quienes padecen el rigor de la represión en todas sus variantes.





Esos caminos que llevan a los puertos de la democracia seguirán llenos de espinas. De los pinchazos pueden hablar con conocimiento de causa muchísimos cubanos. Ángel Moya, Jorge Luis García Pérez (Antúnez), Guillermo Fariñas, Iván Hernández Carrillo, José Daniel Ferrer, Félix Navarro, Sara Marta Fonseca, Berta Soler y las Damas de Blanco, son algunos de los que pueden disertar de esas amargas experiencias.
La ira del gobierno y sus huestes cae sobre ellos como un ritual cada semana.
Si estos abusos suceden en la vía pública y a plena luz del día, ¿Qué pensar del más de medio centenar de presos políticos que penan tras las rejas una condena sin las debidas garantías procesales y a merced de unos carceleros dispuestos a molerlos a toletazos por cualquier motivo?