jueves, 5 de abril de 2012

                                           ACCESO PROHIBIDO.
                                                           Jorge Olivera Castillo.
Los opositores y líderes de la sociedad civil que asisten cada semana a las salas de internet ubicadas dentro de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, tendrán que imitar a los perros a la hora de realizar sus necesidades fisiológicas.
Si las urgencias apremian durante la espera en las inmediaciones del parque de Calzada y K, será necesario acudir a los árboles aledaños o las escaleras de algunos de los edificios que rodean el lugar.
Ahora, además de las tradicionales acusaciones de propaganda enemiga y desacato contra las personas que disienten del dogma oficial, podrían esgrimirse otras tales como exhibicionismo o actos contra el ornato público si son atrapados en el momento en que vacían la vejiga o los intestinos.
Toda esta tragedia se origina a partir de la decisión del encargado del único baño público existente en el área. Este señor prohíbe la entrada a los servicios sanitarios, a todo el que le resulte sospechoso de pintar consignas antigubernamentales en las paredes del local.
El viernes 9 de marzo, al filo de las 10 a.m, hubo una reyerta a causa de la medida discriminatoria. Por fortuna fue breve y sin lamentar secuelas físicas de las partes en conflicto.
“Aquí no van entras más. Ya está bueno de cartelitos contrarrevolucionarios”, dijo el responsable del baño como preámbulo a un encendido intercambio de insultos y golpes.
Después del incidente, entre el grupo de personas que aguardaban por entrar a los turnos gratuitos de internet que, desde varios años se ofrecen en la sede diplomática a todos los cubanos interesados, llovían las especulaciones en torno a si ya estaban determinadas las personas impedidas de entrar al baño o si la decisión correspondía a la perspicacia del custodio en descubrir las intenciones de cada usuario.
Una alternativa que pudiera adoptarse para evitar otros episodios de violencia, estaría en la aplicación de una pesquisa en el interior del local después del tiempo consumido por alguna persona que le resultase sospechosa.

La agresiva postura del cuidador del baño induce a pensar en amenazas de privarlo de su puesto de trabajo de continuar las pintadas y los carteles contrarios a la ideología del gobierno.
También podría ser el temor a ser catalogado como cómplice de un hecho que tal vez lo considere plausible en otro baño, pero no del que se vale para sobrevivir. Aunque parezca increíble este tipo de empleo en Cuba aporta más ingresos que el recibido por muchos profesionales.
Diariamente, junto a las personas que van a navegar por la red de redes, acuden cientos de cubanos con la finalidad de gestionar visas de reunificación familiar o visitas. Por cada entrada al baño, sin que se lo pida nadie, todos los usuarios entregan una pequeña cantidad de dinero. Es un acto de agradecimiento a quien le brinda un servicio tan inestimable.
Quien no comulgue con la filosofía del régimen y se haya convertido en un disidente público, corre el riesgo de ser vetado por el hombre de mirada huraña y capaz de defender su puesto de trabajo a piñazo limpio.
Al igual que las universidades y las calles, los baños públicos también son de los revolucionarios.
Por si acaso, ante una inesperada negativa, hay que ir localizando los lugares menos accesibles dentro del perímetro. Por esos lares no abundan mucho.
A estos inconvenientes se añaden otras desafortunadas realidades: son demasiadas las cámaras con circuito cerrado y los policías.








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