lunes, 12 de diciembre de 2011

OTRA VUELTA AL CÍRCULO


                                           OTRA VUELTA AL CÍRCULO.
                                                                        Jorge Olivera Castillo.
El socialismo vuelve a anunciar, con otra ronda de balas de salva, el despegue del estancamiento hacia la eficiencia.
Ahora se anuncia que muy pronto será posible pedir préstamos bancarios para desarrollar labores no estatales.
En el caso de los trabadores del sector agrícola, los créditos deben ser a partir de los 500 pesos (20,8 dólares).
Respecto a los empelados en otras gestiones, como actividades gastronómicas, servicios, etc, la cuantía del dinero a recibir no podrá ser menor a los 3000 pesos (125 dólares).
El asunto se complica al constatar que para el otorgamiento de los empréstitos, el solicitante debe salir airoso del análisis a efectuar por un grupo de especialistas de la entidad crediticia, con el objetivo de probar la capacidad de pago, en los plazos fijados, con los correspondientes intereses.
No es que el procedimiento sea arbitrario, ni mucho menos, pero a partir de estos requisitos, es lógico prever una serie de contratiempos que van desde el aumento de los casos de corrupción, a fallos que descalifiquen al interesado por razones políticas o personales.
Son incontables las amargas experiencias de las instituciones estatales, en cuanto a impericia, desafueros y toda una gama de acciones que terminan imponiéndose por encima de la necesidad de aligerar el peso muerto de una burocracia que no ha perdido, ni perderá fácilmente, sus prerrogativas.
Al conocer la obligación de demostrar la procedencia legal de las amortizaciones a reembolsar a las respectivas entidades bancarias, las dudas expresadas en los párrafos anteriores adquieren mayor relevancia.
Plantear eso en Cuba, es tan absurdo como esperar el retiro voluntario de los principales jerarcas del partido único.
Sin alardes tremendistas, ni habladurías de poca monta, me atrevo a decir que más del 80 por ciento de los cubanos  comen, visten y calzan, gracias a dos motivos muy claros dentro del panorama nacional: las remesas enviadas por amigos y familiares del exterior y el trasiego ilícito de productos robados de ministerios e industrias, en este caso bajo los frágiles candados de la propiedad estatal.
Desmontar este esquema socioeconómico en que la honestidad y la ética laboral y ciudadana se han perdido en un mar de fracasos, requiere de una perspectiva en que la complementariedad y el pragmatismo, en el amplio sentido del término, dejen de ser elementos retóricos.
El mercado mayorista que debería ser parte de las medidas a tomar en el lento y ambiguo proceso de apertura económica, aún no se vislumbra.
Esa ausencia, invita a fruncir el ceño. Es difícil ser optimista, ante tantas medianías.
Los adelantos informativos sobre la implementación de una política crediticia para impulsar las actividades de los pequeños empresarios, es la nueva carta sacada debajo de la manga.
El socialismo es pura magia. Fuera de esos artificios, no es más que un sistema que renquea por los caminos de la historia.
La pretendida ruta hacia el modelo chino, no estará exenta de accidentes. El sistema cubano no está apto para asimilar la compaginación del libre mercado con la intransigencia política.
Si eso es lo que tiene como fin la élite verde olivo, parecen no estar muy convencidos.
Ante este escenario, es válido estimar en el principio de una utopía que quedará atascada en el lodo de la historia. Es casi seguro que será otra ronda alrededor del círculo vicioso de la experimentación.
Un recorrido que en vez de llevarnos a lugares más seguros, termina por conducirnos al borde del abismo.
Nuestro hábitat, desde que sentimos a través del Atlántico, los ecos del derrumbe del Muro de Berlín y la aparatosa desintegración de la Unión Soviética.

       


IRREMEDIABLEMENTE FATAL.

 Jorge Olivera Castillo.
Unas semanas antes de la culminación del 2011, la mayoría de los cubanos siguen enarbolando las mismas preguntas que sirven de soporte a sus agonías.
Las posibilidades para remontar los límites de una vida marcada por el azar y la ausencia de perspectivas halagüeñas, se mantienen congeladas.
Los intentos rectificadores que promueve la élite de poder, no pasan de ser pasillos de acróbata, embelecos para camuflar el limbo; uno de los posibles sitios hacia donde nos lleva una revolución montada sobre los ejes del capricho y la soberbia.
Es obvio que el margen para la esperanza en un futuro mejor, se reduce. Poco importa que los cantos de sirena, desde las bocinas del oficialismo, tengan nuevas melodías y sonido estereofónico. La cotidianidad filtra esos productos que articula la banda de charreteras y trajes verde olivo, que envejece frente a las partituras que confeccionaron para eternizar sus extravagancias y mediocridades.
Es preocupante la noticia que revela la existencia en Cuba de no menos de un cuarto de millón de personas con problemas psiquiátricos. Los informes que avalan este problema no dejan de ilustrar una verdad, quizás por debajo de cifran aún más pavorosas. Oportuno aclarar que la mayoría de los afectados, participan de la vida como ciudadanos aparentemente sanos.     
Permanecer cuerdo en un país donde el trabajo honesto es el camino más corto a la miseria, el robo una necesidad para sobrevivir y la doble moral, una condición casi absoluta, es un privilegio. 
La lógica del socialismo real tiene sus particularidades. Del afán por el control y la planificación, se ha llegado a un estatus que antagoniza con la prosperidad y la eficiencia.
La antaño promocionada igualdad de clase, es hoy una premisa a merced del polvo y el olvido.
A hurtadillas, es el retorno hacia un capitalismo que todavía estigmatizan sin medias tintas en las arengas patrioteras. Es la vuelta a 1959, a paso de tortuga. ¿De qué otra manera podría disimularse el ridículo ante los ojos de la historia?  
Ese es el fatal destino de este viaje a la inversa que pudiera culminar en coordenadas mucho más azarosas.
En el trayecto no puede descartarse el naufragio. Las averías se suceden una tras otra y la época de los parches y los remiendos, con su manifiesta temporalidad, va mostrando los signos de la obsolescencia.
No aparecen las fórmulas para acabar con el interminable ciclo de chapucerías. Los recursos siguen malgastándose y la economía no logra desprenderse de sus lastres.




Por más que se busque, es difícil hallar señales que ameriten un relevo de los vaticinios donde el futuro se muestra con cara de pocos amigos.
Al leer recientemente, el caso de los miles de pesos en pérdidas, a causa de la negligencia, esta vez en una empresa procesadora de esponjas, se confirman las sospechas de los pretendidos logros en la recomposición del tejido económico.
La información publicada en una de las ediciones del semanario Trabajadores, cuenta que en el mes de julio se echaron a perder más de cuatro toneladas  de este invertebrado porque no fueron procesadas en el tiempo requerido.
Aclaro que este ejemplo es solo la punta del iceberg. Frente a estas barbaridades, ¿se puede ser optimista?