lunes, 21 de noviembre de 2011

Vanidades y artificios

                                                  VANIDADES Y ARTIFICIOS. 
                                                                                Jorge Olivera Castillo
El ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca acaba de lanzar otra potente andanada de falsedades. Tiene plena autoridad para masacrar la inteligencia de todos los cubanos con las municiones harto conocidas.
En la apertura de la XXIX Feria Internacional de La Habana, celebrada en los primeros días de noviembre y a la que asistieron unos 1500 empresarios de 57 países, dijo que el Producto Interno Bruto nacional crecerá hasta un 2,9 por ciento este año.
Su discurso, sigue el esquema de la fábula que amplifica mitos y ofrece el ticket para entrar gratis a un futuro sin los lastres de la escasez y la desesperanza.
Enumerar las veces que han anunciado, a través de las estadísticas, el mejoramiento del nivel de vida de los más de once millones de cubanos, es someterse a un ejercicio tan agotador como una carrera de maratón, pero con la desgracia de efectuarse bajo las inclemencias de un verano tropical.
Si se hubiesen cumplimentado la mitad de los pronósticos de sobreabundantes cosechas, aumento del ganado vacuno, entre un fecunda secuencia de superproducciones de todo tipo, estaríamos en el selecto club de los países más desarrollados del mundo.
Es penoso que se continúe perdiendo el tiempo en adornar un fracaso con secuelas de difícil superación. Hay especialistas que estiman en no menos de un decenio, el tiempo mínimo para salir del atraso industrial y científico- técnico.
La realidad cubana nada tiene en común con las expectativas que el alto funcionario expuso en el evento comercial.
El libertino uso de las matemáticas para calzar el desastre, es un acto huérfano de originalidad y decencia.
Una visita al agromercado, a una fábrica o a cualquier centro educativo o de salud,  basta para anular la credibilidad de quienes desde las tribunas predican el evangelio de la prosperidad material y la satisfacción espiritual, siempre postergadas por la fuerza de un conjunto de circunstancias que empujan hacia la involución.
Estas no son interpretaciones que buscan la crítica ligera o la difamación, es simplemente el diagnóstico de un ciudadano de a pie atento a la banda sonora de una tragedia que quieren ocultar con acrobacias verbales, inmunes a una efectiva regeneración y al decoro.
El ministro cubano de comercio exterior, hace el ridículo delante un pueblo que cada vez hace mayor resistencia al aplauso condicionado.
Poco a poco, ceden los temores que facilitan los amoldamientos coyunturales, según la situación a enfrentar.
Los pánicos en ponerle palabras o letras al pensamiento, se reducen en la medida que se devela el cinismo de una nomenclatura sin escrúpulos para enarbolar las banderas de un quimérico éxito y presentarse ante el público con una  humildad que recuerda a una caricatura.

De este interminable universo de mentiras, salta a la vista otro detalle no menos importante para determinar la catadura moral de la plutocracia que se sirvió del marxismo-leninismo como escalón para alcanzar esa categoría.
Si el señor Rodrigo Malmierca asevera que el intercambio  de mercancías del país con el mundo creció un 27 por ciento, al cierre del último trimestre de 2011, entonces, ¿cómo entender que Cuba es un país férreamente bloqueado por los Estados Unidos?
 



           
                  


miércoles, 9 de noviembre de 2011

prisión de Guantánamo

                                                 LA PRISIÓN INMUTABLE. 
                                                                                Jorge Olivera Castillo.
La cárcel de Guantánamo se mantiene congelada en el tiempo. Lo sé por un breve reporte noticioso publicado en Cubanet, el 7 de Octubre último.
No hay variación alguna. La fiesta del pavor sigue vigente en cada tramo de esa prisión que alberga a cientos de prisioneros.
 Es muy posible que en el instante que se lea este comentario, algún reo esté cortándose las venas del antebrazo, inyectándose excremento debajo de la piel o con el abdomen abierto, después de pasarse la hoja afilada de un cuchillo confeccionado con un pedazo de hierro extraído de una de las literas de tres compartimientos.
Es fácil presumir las ocurrencias de esos actos que bordean los límites del suicidio. El valor para mutilarse crece en la medida que se reproducen los demonios del hambre, el hacinamiento, la falta de la debida atención médica, entre otros factores que desvalorizan la condición humana.
No hay sobredimensionamientos en la nota informativa firmada por la periodista Ana Aguililla. Las especificaciones del reo Walfrido Rodríguez Piloto, pasan por encima de cualquier duda.
Es cierto que el agua que sale de los grifos, hospeda un sinnúmero de parásitos y bacterias. De un río cercano, llega espesa y turbia para impedir un baño mínimamente digno.
La sed hace olvidar la tonalidad que anuncia una sucesión de eventos que van desde el insomnio a causa de los terribles dolores abdominales hasta el ingreso en la enfermería por una avanzada deshidratación.
Unos beben con frenesí, otros cuando vacían el contenido entre sus vísceras, hacen una mueca de asco, sin pensar mucho en la añadidura de otros infortunios a su precaria existencia en ese mundo de rejas y candados.
El hecho de que no se citen otras adversidades en la noticia, no quiere decir que la vida dentro del Combinado Provincial de Guantánamo sea menos traumática que hace un tiempo atrás.
Basta con saber que las características del agua son las mismas y que prosiguen los intentos de suicidios como métodos para poner fin a un ciclo interminable de vicisitudes.
Walfrido Rodríguez Piloto, reside en Ciudad Habana  fue sancionado, en junio de este año, por lanzar panfletos con consignas antigubernamentales en la céntrica Plaza de la Revolución junto a dos personas más, también privadas de libertad.
A él le ha tocado una porción adicional del castigo al ser trasladado a una prisión situada a más de 900 kilómetros de su lugar de residencia.
En su estancia será espectador de otras tragedias que quedarán grabadas, para siempre, en su memoria.


Ojalá no sean más catastróficas de las que a menudo transitan por mis recuerdos. Más de un año estuve en cubículos y calabozos de esa parcela del infierno.
No lancé volantes en la vía pública, simplemente me decidí a ejercer el periodismo sin hacer concesiones al poder. Por despojarme de las máscaras y decir mi verdad, me trataron como un criminal de la peor ralea.
En esa prisión se extinguió parte de mi vida, pero sobreviví para contar los pormenores de un destino marcado por el espanto.
Espero que Walfrido tenga la misma suerte.
   




         
 
 

                                                     

Corruptos.

                                                                  CORRUPTOS.
                                                                               Jorge Olivera Castillo.
No sé si fueron ahorcados o abatidos con un tiro de fusil, lo cierto es que tres ex vicealcaldes chinos son hoy cadáveres en descomposición.
Aceptar sobornos fue el delito por el cual la fiscalía pidió la pena de muerte. El pasado 19 de julio se llevó a cabo la sentencia. No obstante el rigor de los tribunales al juzgar a altos funcionarios del partido comunista descubiertos en actividades de corrupción, nada detiene el afán por enriquecerse con métodos deshonestos.
Los ajusticiamientos lejos de disminuir, crecen en la medida que se acelera la marcha de las reformas capitalistas. La integridad moral y ética de la burocracia partidista cede, cada vez con mayor facilidad, ante las tentaciones de elevar el nivel de vida a través del cohecho y otras variantes de enriquecimiento ilícito.
 En Cuba siempre se tendió a minimizar la incidencia de este flagelo en todos los estratos sociales,  fundamentalmente en las altas esferas del poder. La situación actual pudiera catalogarse de grave a partir de la cantidad de implicados, así como el tiempo que llevan ejercitándose un rosario de infracciones económicas, casi imposible de cuantificar.
Desde que Raúl Castro asumió el poder, en el 2006, ha emprendido una cruzada contra este fenómeno, agudizado a partir de la década del 90 del siglo precedente, cuando se entreabrió la puerta al capital extranjero y se legalizó la circulación del dólar.
Al cotejar la medidas anticorrupción y sus logros, hay que subrayar la escasa efectividad. Por ejemplo, es difícil que algún personaje de la vieja militancia partidista,   vaya a la cárcel por su abierta participación o complicidad con alguna corruptela. Si acaso, es removido de su puesto, sin que por ello pierda todos sus privilegios.
El general Rogelio Acevedo, que dirigía las actividades relacionadas con la aviación civil, es un buen ejemplo para subrayar que la justicia no opera igual para todos. Amasar una inmensa fortuna, a cuenta de los desvíos de recursos del estado, inversiones fraudulentas, entre otras maniobras ilícitas, nada significó para que su destino cambiara. Al menos su nombre, ni el de ninguno de sus familiares, aparecieron entre los sancionados en un sonado caso de corrupción, que incluyó a un antiguo escolta del desaparecido presidente chileno Salvador Allende, residente en Cuba y otrora protegido del ex gobernante Fidel Castro.
La anunciada y mil veces repetida pureza moral y ética de los respectivos militantes de los partidos comunistas, chino y cubano, hay que ponerla entre comillas.
No sé en China, pero en Cuba la corrupción es una enfermedad que poco a poco ha ido consumiendo las energías del socialismo.
Todos los cubanos estamos a merced de las fuerzas centrípetas de ese fenómeno con su estela de ilegalidades.
Nadie escapa a eso, bien por razones de supervivencia o para vivir La Dolce Vita, sin el menor esfuerzo, en el caso de la élite política que suele disfrutar, a tiempo completo, las maravillas del primer mundo.
Las reticencias para ampliar la apertura a los inversores foráneos, podría vincularse al temor de que se genere el “despelote”, un vocablo popular que significa un excesivo aumento del desorden, que a escala de un país es el caos.
No creo que en Cuba impongan la pena de muerte como castigo contra la corrupción. Aunque nadie sabe.
Por el momento solo, duras penas de cárcel para algunos, sanciones administrativas o discretos perdones para otros y llamados a tomar conciencia sobre la nocividad de esas prácticas.
Mientras tanto los robos en fábricas y empresas continúan.
La enormidad del mercado negro y la licenciosa vida de la nomenclatura y sus más cercanos compinches, atestiguan que tanto el presente como el futuro de Cuba es gris, como el color de las nubes que hoy anuncian una tormenta bajo el cielo de La Habana.



martes, 8 de noviembre de 2011

LA SUERTE QUE NO QUIERO. Por Jorge Olivera Castillo.

                                                                                                                 Jorge Olivera Castillo.
Víctor Casaus es un poeta afortunado. Puede salir de Cuba sin enfrentarse a la burocracia militar del Ministerio de Inmigración y Extranjería que otorga los permisos para salir y entrar al país.
En la última semana del mes de Octubre, tuvo el honor de iniciar  en el Dickinson College de la ciudad de Carlisle, en Pennsylvania, la 10ma Semana Poética organizada por este centro de estudios.
El historial de Casaus va más allá de sus notables facultades  para encabalgar versos. Aparte del talento para incursionar con cierta fortuna en este género literario, también habría que destacar su cercanía a los círculos de poder.
Ha sido durante muchos años un sumiso y eficiente funcionario al servicio de los jerarcas del Ministerio de Cultura que salvo puntuales aperturas, siguen usando una profusa batería de instrumentos de coerción con tal de mantener el control de todos los escritores, artistas e intelectuales.
Son en realidad, muy pocos los que pueden convencer de una completa o parcial independencia en un medio donde las reglas tienen trazos perfectamente definidos.
De una u otra manera tienen, o han tenido en algún momento, que abjurar de creencias, opiniones e incluso motivaciones para llevar al papel sus respectivas obras, con tal de no caer en la lista negra.
Las metodologías para aplicar la censura se escudan en sutilezas que a menudo conducen a análisis que no logran captar las esencias de una realidad con una profusa suma de complejidades. Esto vale para los estudiosos foráneos  del panorama cultural cubano,  sobre todo tras la irrupción del período revolucionario, más tarde devenido en una dictadura de corte totalitario.
En estos tiempos casi no se emplea el ostracismo ramplón o la condena pública como castigo a los desobedientes. Bastan “sugerencias” para que se aborden o eliminen determinados temas sociales, políticos o culturales con otros interlocutores o en los medios de comunicación, preferiblemente extranjeros.
Quizás las precisiones de las órdenes a cumplir en este sentido, ofrezcan la posibilidad de tocar asuntos controversiales desde perspectivas que no afecten la credibilidad de la alta jerarquía. Dígase, el legado de Fidel y Raúl Castro o la viabilidad del socialismo como sistema.
Es muy difícil sustraerse a este tipo de transacciones donde la autorización para un viaje al extranjero, el beneplácito para publicar un libro, el hecho de recibir el premio nacional de literatura, un automóvil, premios en metálico, estipendios o una computadora, corren a cargo de una estructura encabezada por políticos de alto rango y generales del Ministerio del Interior. 
Si la situación se torna complicada para el poder, existen las publicaciones con tiradas mínimas y sin campañas propagandísticas ni otros mecanismos que faciliten la plena inserción del escritor dentro del ámbito literario nacional.
La “suerte” de Víctor Casaus de participar en el evento poético internacional, tiene un precio muy alto.
En el plano personal no tuve ese privilegio, cuando obtuve una beca del Departamento de Literatura de la Universidad de Harvard que me permitiría participar en el curso académico (2010-2011).
La carta de invitación del alto centro de estudios nunca llegó a mis manos. Quedó varada en el Consulado de Cuba en Washington, en la Consultoría Jurídica Internacional en La Habana o en algunas de las oficinas del Ministerio del Interior.
Sin ese documento me fue imposible realizar los pertinentes trámites migratorios.
Esa “suerte” del poeta-funcionario será apenas una minúscula evidencia de sus cuestionables lealtades, cuando aparezcan en los futuros libros de historias, los puntos oscuros de una intelectualidad que, con muy pocas excepciones, optó por el silencio, la doble moral o el pacto con los regentes de este engendro que todavía llaman revolución cubana.